Poesía

La desesperación del traductor

Denise Levertov

Denise Levertov

Apuntes críticos sobre la práctica de la traducción poética a cargo de Matías Moscardi, autor de libros como Las cosas y Bruma. En esta entrega de su curaduría, Denise Levertov le hace exclamar: "Traducir es desesperante".  

Notas, selección y traducción de Matías Moscardi.

Segundo desplazamiento: del gesto contenido, casi tímido, de emoción estética objetiva, a la desesperación. ¿Cómo actuar, como traducir, la desesperación? ¿Cómo suena, cuál es su sintaxis? Denise Levertov elige una situación particular: en el cementerio, ante la tumba de un amigo. Pero el dolor no ingresa en el poema como expresión sino bajo la perspectiva de una escena: es el dolor del otro el que la poesía es capaz de captar. La poesía no dice el dolor: lo traduce.

En este sentido, traducir es desesperante: porque el traductor está ahí como testigo de algo que no puede enunciar más que a partir de una epidermis de lo real. El dolor del duelo sólo es transferible en la proyección íntima que pueda hacer cada lector. Traducir a Levertov, actuar como ella, implica el intento por reproducir, en castellano, el sonido de una observación delicada, donde el lenguaje no puede ser nunca demasiado profundo ni grandilocuente –esto expropiaría el dolor ajeno–, aunque tampoco llano o superficial –porque banalizaría la herida–. Ese silencio final que nos devuelve toda tumba puede ser, también, el signo invisible, mudo, que separa una lengua de otra. 

 

Desesperación

 

Mientras visitábamos la tumba de David

vi a corta distancia  

 

una mujer precipitándose hacia otra tumba

las manos extendidas, tropezando

 

del apuro; luego

cayó ante la piedra que concibió para eso

 

y se lanzó en sollozos sobre ella, desparramada,

llorando y suspirando ante la tumba.

 

Estaba cuidadosamente vestida con un tapado claro

y no parecía ni vieja ni joven.

 

No pude ver su cara, y mis amigos

parecían no advertir su presencia.

 

No dije nada, para no angustiarlos.

Pero ella no era un fantasma.

 

Y cuando caminamos callados

de regreso al auto 

 

miré discretamente hacia atrás y la vi levantarse

y pedirse silencio y comenzar con lentitud

 

a alejarse de la tumba.

A diferencia de David, que vive

 

en nuestras vidas, parecía que 

sea quien fuere el difunto moraba

 

ahí, en el prado, bajo la piedra.

Como si la mujer

 

creyera que el ser amado la escuchaba,

escuchaba su lamento, observaba

 

la desnudez de su angustia,

y no tuviera nada que decir. 

 

 

 

Despair

 

While we were visiting David's grave

I saw at a little distance

 

a woman hurrying towards another grave

hands outstretched, stumbling

 

in her haste; who then

fell at the stone she made for

 

and lay sprawled upon it, sobbing,

sobbing and crying out to it.

 

She was neatly dressed in a pale coat

and seemed neither old nor young.

 

I couldn't see her face, and my friends

seemed not to know she was there.

 

Not to distress them, I said nothing.

But she was not an apparition.

 

And when we walked

back to the car in silence

 

I looked stealthily back and saw she rose

and quieted herself and began slowly

 

to back away from the grave.

Unlike David, who lives 

 

in our lives, it seemed

whoever she mourned dwelt

 

there, in the field, under stone.

It seemed the woman

 

believed whom she loved heard her,

heard her wailing, observed

 

the nakedness of her anguish,

and would not speak.

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