El arte de perder: tres poemas de Mirta Rosenberg
Miércoles 28 de enero de 2026
Tomados de la edición de Editorial Pre-Textos, compartimos tres piezas de la poeta, traductora y editora argentina fallecida en 2019.
Mirta Rosenberg nació en Rosario, Santa Fe, Argentina, el 7 de octubre de 1951 y falleció en Buenos Aires en 2019. Poeta, traductora y editora, fue autora de los libros de poemas Pasajes (1984), Madam (1988), Teoría sentimental (1994), El arte de perder (1998) y El paisaje interior (2012). En El árbol de palabras. Obra reunida 1984/2006 (2006) recogió su obra poética entre esas fechas. A ella se deben traducciones de Emily Dickinson, Katherine Mansfield, Marianne Moore, D. H. Lawrence, Joseph Brodsky, Anne Sexton o Ted Hughes, así como el Enrique IV de Shakespeare dentro de la colección “Shakespeare por escritores” publicada por el Grupo Editorial Norma). Creó el sello “Bajo la luna” –precedente del actual sello del mismo nombre–, donde aparecieron libros de Arturo Carrera, Liliana García, Katherine Mansfield, Mercedes Roffé o Diana Bellessi; y perteneció al consejo de dirección del ya mítico Diario de Poesía. En 2003 recibió la beca Guggenheim en poesía, en 2004 el diploma al mérito Konex por su labor en traducción literaria y en 2013 el premio José Pedroni, de la provincia de Santa Fe, por su libro El pasaje interior.
Los poemas que compartimos fueron tomados de El arte de perder y otros poemas, edición de Olvido García Valdés para Editorial Pre-Textos.
La consecuencia
Esto es un árbol. La raíz dice raíz,
rama cada rama, y en la copa
está la sala de recibo
de un mirlo que habla.
La mesa donde escribo
—una fiesta de solteras—
está hecha de madera de ese árbol
convertida por el uso y por el tiempo
en la palabra mesa.
Es porque da frutos que caen
y por el gremio perenne de sus hojas
que se renueva el árbol
y que existe la palabra árbol:
aunque a veces el bosque
lo oculte a la vista, lo contiene
el árbol en la palabra árbol.
Y no es que éste sea un poema abstracto.
Es que las palabras se repiten entre sí
por el sentido: son solteras y sociables
y de sus raíces crece un árbol.
El arte de lo infinito
Barro los pisos
de dolores y alegrías
hechos polvo. Yo ensayo:
cansancio es lo que no
descansa. Soy posible
mientras barro alerta
a la puerta donde
saldré cuando me vaya, aunque
sea ida siguiendo otro deseo
por delante. Semejante
a mi propia imagen, excedida
en el polvo disperso, vuelta
a juntarse. O bien,
sentada aquí, creo desde ya
que aquí es mi casa y yo
he vuelto, no pregunto
por después, cuido la llama
del aliento, el gesto disuelto,
hecho polvo, barro
en silencio.
El origen de la acción
La pasión más fuerte
de mi vida
ha sido el miedo.
Creo en la palabra
(dilo)
y tiemblo.