Marina Tsvietáieva y su obra maestra escrita en “la más horrible lengua”
Miércoles 21 de enero de 2026
Damián Tabarovsky presenta y traduce El muchacho (Mansalva), escrito “en un francés extraño, por momentos anómalo, como si Tsvietáieva hubiera inventado una lengua dentro de la lengua”.
Traducción y presentación de Damián Tabarovsky.
Marina Tsvietáieva vivió exilada en París entre 1925 y 1939. Allí nunca fue feliz, e incluso llegó a llamar al francés “la más horrible lengua para la poesía”. Sin embargo, escribió en francés una de sus obras maestras, hasta ahora inédita en castellano: El muchacho.
Después de haber leído El vampiro, cuento de A.N. Afanásiev, incluido en su famoso Cuentos populares rusos, en 1922 Tsvietáieva escribe un poema en ruso sobre el mismo tema, una suerte de traducción de la prosa en poesía. Siete años después, comienza la traducción de su poema ruso al francés. Ese es el origen de El muchacho. Ocho meses más tarde, lo que ha escrito es un libro entero y autónomo, completamente diferente al plan original, muy alejado de El vampiro. Dicho de otro modo: uno de los cuentos más aterradores de la literatura rusa se convierte en un largo y teatral poema de amor. Mientras que El vampiro es un relato sobre lo impuro, que es encarnado por el Diablo, en
El muchacho apenas si quedan restos del folklore ruso, inmerso en un francés extraño, por momentos anómalo, como si Tsvietáieva hubiera inventado una lengua dentro de la lengua.
Proyecto que ocupa el centro de sus preocupaciones durante ese tiempo, como consta en su correspondencia con Boris Pasternak –a quien promete dedicarle el libro, cosa que finalmente no hace– El muchacho viene a completar la obra de una de las más grandes poetas del siglo XX.
III. La esposa
Ríos fluyen, corren.
Cosas vienen, cambian.
Jóvenes se maman.
Un buen día “sientan cabeza”.
Oh, la mujer que tengo ahí,
Más sabia que un ángel.
Ni lluvia, ni bruma,
Noche de lo mismo
Él fuma, ella humea.
Él la ama, ella lo ama.
Oh, la mujer que tengo ahí
Más suave que algodón
Amigo, ¿dormiste bien?
Amigo, ¿bien atendido?
Amigo, ¿todo en orden?
Medianoche, ¡buenas noches!
Sin dormir ni soñar
Nunca pasa nada.
(Antes, como una esponja
Bebía, ¿eh, invitados?)
Curiosa vida, mi fe
¡Que vive sin alma!
Eh, mis camisas de antaño
¡Más rojas que una llamarada!
Oh, el rubor de mis dieciocho años
¡Arruinados por mi alma!
Ah, mi mujer toda de blanco
¡Mi santa–mujer!
Nunca sabré porqué
–¡Espina que hiere!
Nunca el gesto de la cruz
Nunca una misa.–
Porqué vivimos, ella y yo
Como fauno y fauna.
Uno, dos, tres años–nada
Cinco años llaman– bebé llega.
Oh, los padres jóvenes
De hijos que nadie implora
Que aún se esperan
Que aún se adoran.
Ya –padres jóvenes
Tan serios, tan graciosos
De hijos que nadie espera.
Ya, hijos en germen
Y padres en hierba,
Sin barba... tan queridos por mí
Esos padres imberbes.
Son... esas largas lunas
Alimentadas de miedo
Por esta comunidad
Cosa, esa santa
Cosa... Padres rosas,
Después pálidos de espanto.
Ustedes, los únicos que se animan
Decirle al viento: ¡no ventiles!
Al Otro: Retira
¡Tu! ¡Vive y respira!
¡Ah, los tristes Señores!
¡Ah, los bravos Señores!
¡Ollas sin tapas!
¡Puertas abiertas! Abiertas–
¡Cofres! ¡Cerraduras abiertas!
¡Armarios con dos puertas!
–¡Espera!
–¡Respira!
Misterio
Martirio.
¡Calma!
¡Alivia!
¡Emerge!
¡Nada!
¡La caída! ¡La capa!
¡La estepa de sangre!
–¡Ay! El alma se escapa
–No, mujer–el niño.
¡Mi hijo Diosdado!
¡Mi hijo bien llamado!
¡Amigos, zapateen!
¡Un hijo nuevo ha nacido!
Ni tregua–de–guerra,
Ni aumento–de–sueldo,
Una madre joven
Con su maravilla.
Lo palpa, lo huele,
Lo imita, lo nombra–
Una madre joven
Con su gran hombre.
¡Llegada la lluvia!
¡Salvada la raza!
Con una mano lo mece,
Con la otra lo molesta.
Oh, risas, oh riveras
¡Olivas del Arco!
Lazaros que viven
Montañas que se mueven.
Ni ágila, ni aire,
Ni ala, te digo:
Un gran–padre
Con su prodigio.
Lo come, lo tritura
–¡Hola, los tres magos!
¡Demasiado grande, mi alegría!
Hace falta que la comparta.
Beber solo, beber mal.
Fiesta borracha, mi fiesta.
Demasiado pesada, la gloria
¡Para mi cabeza sola!
Brindar solo
Brindar loco.
Titubeo
Como borracho.
Felices los tartamudos–tienen tiempo
De T–T, de tomarse tiempo
Felices sobre todo los mudos:
No les vienen las palabras.
Lo sabrás demasiado tarde
¡Fanfarrón! ¡Tonto de los tontos!