Poesía

Dos poemas de Carmen Ollé

Dos poemas de Noches de adrenalina, de Carmen Ollé, publicado por Nebliplateada.

"La literatura de Carmen Ollé es una bomba para la sociedad peruana. Si hay algo que podemos esperar de un libro es que su fuerza disruptiva golpee con inteligencia en las bases de su sociedad y la haga cambiar o por lo menos la deje groggie”, escribió Washington Cucurto.

Nacida en Lima en 1947), Carmen Ollé es poeta, narradora y crítica literaria. El libro del que tomamos los dos poemas que siguen fue publicado originalmente en 1981, pero luego vinieron Aproximación a la Generación del 50 (1983), Todo orgullo humea la noche (1988), ¿Por qué hacen tanto ruido? (1992), Las dos caras del deseo (1994), entre otros. En 2025, ganó el Premio José Donoso.

Editorial Nebliplateada publicó Noches de adrenalina, de cuya versión tomamos los que siguen:



Frágil ante lo inmundo

lo inmundo considerado como una débil respuesta

del ser cotidiano ante sus mezquindades

me sorprendo en una ciudad cuyo nombre

ni la humedad pegada a los muros ancianos

ni sus palomas tísicas

me importan

como estar en su imagen de plástico

hundiéndome en La Defense

o

perdida en el ardor de su pasado

ah pureza frescor de lo marchito

toneladas de plumas nos cubren

nos desnudan en tu presencia

y tú ciudad donde hoy habito

¿naufragas o emerges de mi

calidoscopio?

A pocos metros de la estación moderna me habita

en pequeñas áreas mal ventiladas

campiñas fantasmales donde uno (de pocos

ingresos)

atraviesa la tarde de un verano desolado

desde sólo un ángulo

-lo maravilloso de la tarde su caricia en el sexo es la de un espectro

y amo esa tarde como en un film.

El ardor del pasado descansa en la infancia

pero no puedo ocuparme largo rato de esta

transparencia

y no deseo edificar una infancia

lo maravilloso es la rama torcida

que se eterniza en un material innoble (chatarra)

esta falta de flores lo es sobre la tarde gris.

Apoyada en tus brazos:

de las viejas Bastillas

nace tu sonrisa más fresca

y mis partes están irritadas con fluidos verduscos

como tonos impresionistas

caminando para aprehender el rígido otoño en

el Louvre

el sentimiento de piedra de la Venus egipcia

o el gesto de bronce de una pierna de gladiador

-sótanos y galerías de tesoros robados

camino, palpo el tubérculo de los recuerdos

mi cuerpo de niña

el silencio rígido

de la pureza

nada de entonces puede penetrarme en el miedo

como esta ciudad en la usura.



Las palabras transmiten el temblor de los labios

me desvisten en el bosque entre nieve chamuscada

con la risa que desconcierta accedo al miedo en la

tonalidad crispada de sus ojos cuando él representa

mi deseo con sus gestos y me contiene.

Soy feliz por este privilegio el minuto de dicha

de aislar

la palabra felicidad y haberla contenido en un acto

sencillo.

Ante el espejo ella se pregunta por el sentido

de sus días

su monotonía

no ha deslindado aún aquello que no lo es.

Feliz mientras me deslizaba del mercado

el viento me empujaba donde los pescadores tejían

sus redes

tan feliz como una hoja cuando es verde

sin asco al zumbido de las moscas

al arrastrarse de las lagartijas por el lavadero67

o a las arañas abandonando sus telares

geométricos

y pensaba claramente ¿es esto una conquista?

Obtener el placer después de un prolongado

ritmo por tus templos abiertos.

No he resuelto sin embargo mi problema del todo

no he vencido el fastidio en el per anus

y no me resuelvo a hacerlo con su miembro

obstruyendo

el intestino a pesar de que considere al trozo

de excremento

perfectamente adecuado por su amoldamiento

con el falo.

Podía o no pensar en esto mientras interpretaba

mal a Chopin

y mi padre leía su enciclopedia Pirenne sin alzar

la vista a mi pensamiento

invadido de agridulce violencia por mi torpeza

en los compases

mi indisciplina y el soñoliento verano.68

El esfínter violentado derramaría sobre los tejados

su inagotable

diarrea y fascinada por los peluqueros de la ciudad

no apartaría mis ojos de sus nalgas.

Si Genet no se hubiera atrevido a bajarle

los calzones a un

golfo de Barcelona yo no estaría convencida de

su bondad

ni que esta manera de proclamar la colitis es un

vil rumor

para acompañar la hora de los pasteles.

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