Poesía

Tres poemas de Jane Kenyon

Selecciones breves

"Para mí la poesía es siempre un lugar seguro, un refugio, y lo ha sido desde que estudié en la escuela primaria, así pues era natural para mí escribir sobre estas cosas que ocurrían en mi propia alma", respondió la poeta en 1993. Aquí, una breve selección de poemas tomados de De otra manera (pre-Textos), con traducción de Hilario Barrero.

"Escribir estos poemas fue mi esfuerzo para comprender y controlar lo que me estaba ocurriendo. Para mí la poesía es siempre un lugar seguro, un refugio, y lo ha sido desde que estudié en la escuela primaria, así pues era natural para mí escribir sobre estas cosas que ocurrían en mi propia alma", respondió la poeta en 1993. Aquí, una breve selección de poemas tomados de De otra manera (antología publicada por Pre-Textos), con traducción de Hilario Barrero.


Jane Kenyon nació en Ann Arbor, Michigan, Estados Unidos, en 1947, y falleció en 1995. Hija de un músico de jazz y de una cantante, se crió en una casa repleta de libros. Su vida fue breve, y en ella completó cuatro libros de poesía. Fue además traductora y colaboró en medios periodísticos culturales.


 


 


El pretendiente


 


Nos acostamos dándonos la espalda. Las cortinas


suben y bajan


como el pecho de alguien que duerme.


El viento mueve las hojas del viejo boj,


mostrando sus claros reversos


al dar la vuelta todas a la vez


como un banco de peces.


De pronto, comprendo que soy feliz.


Durante meses este sentimiento


se ha estado acercando, ha permanecido


en breves visitas como un tímido pretendiente.


 


 


 


 


La pera


 


Hay un momento en la madurez


en que te aburres, encolerizado


por tu mente mediocre,


aterrorizado.


 


Ese día el sol


deslumbrante te quema


y te hace sentir más desolado.


 


Pasa sutilmente como cuando una pera


se pudre de dentro afuera


y tú tal vez no lo adviertes


hasta que es demasiado tarde.


 


 


 


 


Galleta


 


El perro ha limpiado su cuenco


y su recompensa es una galleta


que yo pongo en su boca


como un sacerdote ofrece la hostia.


 


¡No puedo soportar esa cara confiada!


Él pide pan, espera


pan y yo con mi poder


podría haberle dado una piedra.


 


 


 


 


 


 


 

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