Columnas

Cuando el aire se convierta en fuego

El misterio de Ettore Majorana

"Como todo lenguaje, el de la matemática tiene sus límites y hay silencios a los que se llega con otros idiomas". Otra epifanía del autor de Una ofrenda musical, alrededor del misterioso físico italiano Ettore Majorana (1906-1938) y el libro de Leonardo Sciacia, La desaparición de Majorana (Tusquets).

 

Por Luis Sagasti.

Como los grandes maestros del ajedrez, el físico italiano Ettore Majorana (1906-1938) sabe del jaque mate unas cuantas jugadas antes. El rey, en su caída, sabe, hará estallar todo el tablero con blanco enceguecedor. Como los grandes maestros, el físico sabe que al destino solo se lo puede demorar, como intentará hacer su amigo Heisenberg; retirarse de la partida con cierta hidalguía es la otra opción. Ettore Majorana se da cuenta, al decir de Leonardo Sciacia en La desaparición de Majorana (Tusquets), que de continuarse con las investigaciones sobre la física de los átomos no faltará mucho para alcanzar la fisión nuclear. La fisión no es mala en sí: puede controlarse y utilizar su calor para generar electricidad, por ejemplo. Pero también se la puede dejar libre, por así decir.

Algo ya había sucedido con la dinamita. Alfred Nobel no la inventa, como muchas veces se cree; lo que sus trabajos permiten es el control de la explosión. Su norte era altruista: practicar túneles en las montañas para hacer caminos que unieran ciudades de Noruega y de Suecia. No pudo intuir Nobel otros usos más corrientes y devastadores. Pues Majorana sí: ve un viento de mil kilómetros por hora que prende fuego al aire (y que se sepa al aire prendido fuego ni los santos en estado de gracia pueden respirarlo). O sea: nada sobrevive. El infierno, contra toda mitología, llegará desde arriba. Es por eso que decide retirase del juego. Y sin decir palabra, como si le diera vergüenza ajena darse cuenta de que el resto, con Enrico Fermi a la cabeza (Fermi situaba a su discípulo en la misma constelación que Galileo y Copérnico) participe de lo inevitable. Que la bomba la construyan otros, ningún enemigo merece eso.

Majorana desarrollaba sus ideas en cualquier superficie que pudiera escribirse, así fuera el papel de un paquete de cigarrillos. Sus cálculos, elucubraciones y bocetos dejaban a otros en estado de estupefacción. Sin embargo no fue mucho lo que llegó a publicar. Parecía estar imbuido de una lentitud frenética. Solo nueve trabajos entre 1928 y 1937. Desde 1933, año en que Hitler llega al poder, estuvo cuatro años encerrado, sin frecuentar amigos, sin escribir nada. Lo que se dice un ermitaño.

Se sabe que aprendió alemán para poder dialogar con Werner Heisenberg. Se sabe que el físico de Leipzig fue quien más habló en las largas caminatas que compartieron, se sabe que Majorana respondía con monosílabos, como un monje zen. Por qué aprender un idioma tan arduo para un latino si las ecuaciones matemáticas que comparten los unen más que cualquier otra cosa. Pues, como todo lenguaje, el de la matemática tiene sus límites y hay silencios a los que se llega con otros idiomas. Heinseberg marchará más tarde a Copenhague. Su entrevista con Niels Bohr es célebre. Hay que impedir que se construya la bomba, no avanzar con las investigaciones hasta que la guerra no termine, los nazis no deben llegar a ella.

El 25 de marzo de 1938, Majorana desaparece. Aparentemente había abordado un barco en Nápoles. La primera hipótesis fue la de suicidio. Deja escrito en una carta: “No vistáis de negro. Si es por seguir la costumbre, poneos alguna señal de luto, pero no más de tres días. Luego recordadme con vuestro corazón y, si podéis, perdonadme”. Sin embargo, y más allá de que nunca se encontró su cuerpo, no parecía un hombre que sufriera ninguna clase de depresión.

Cuando vivía en Argentina, el físico chileno Carlos Rivera Cruchaga escuchó dos veces hablar de él, y con nombre y apellido. Una por cuenta de una vieja dueña de la casa donde se alojaba, otra, diez años después, en 1960, un mozo le reveló que tenía un cliente llamado así y asá que solía garabatear cálculos matemáticos en las servilletas.

Sciaia imagina otro lugar donde el científico italiano se detuvo para siempre. Y no es inverosímil, sobre todo si no ignoramos lo que se cuenta y se ha contado sobre aquellos que estuvieron involucrados en una bomba que generó una revelación sin mácula a millones de personas al mismo tiempo: la muerte había dejado de ser algo individual. De allí en más el hombre comenzó a saber que puede desaparecer como especie en un lapso muy breve de tiempo. Majorana, como buen ajedrecista, lo había visto mucho antes.

 

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