Poesía

Tres poemas recientes de Ron Padgett

Versiones de José Holguera

Publicados originalmente en Revista Abril, de Luxemburgo, compartimos estas versiones de los más recientes poemas del autor de Cómo ser perfecto (en idioma original en Collected Poems de Coffee House Press).

Poemas de Ron Padgett. Traducción de José Holguera. Foto de Anne Waldman.

 

"Aquí estoy, todavía escribiendo", nos contestaba el poeta Ron Padgett cuando lo entrevistábamos en 2018 en este mismo medio a propósito de la publicación de Cómo ser perfecto en Zindo & Gafuri y su participación en la película Paterson de Jim Jarmusch. 

En efecto aquí está, todavía escribiendo, y nos autoriza por correo electrónico desde su casa en Vermont: publicados originalmente en Revista Abril, de Luxemburgo, les traemos estas versiones de José Holguera de los más recientes poemas del estadounidense nacido en 1942 Tulsa, tierra (y juventud) que compartió con Joe Brainard. En idioma original se encuentran en Collected Poems de Coffee House Press.

 

 

 

 

Saltamontes

 

Qué curioso es que la mente reflexione sobre la psique,

como si un saltamontes pudiera imaginar un helicóptero.

 

Es una mala idea dormirse

mientras se pilota un helicóptero:

 

cuando te despiertas, el helicóptero ha desaparecido

y tú también, abandonado en un sueño,

 

y no hay modo de recuperar el tiempo perdido,

porque recuperar el tiempo perdido no entra

 

en el orden de las cosas. Eres

quien eres, ahora mismo,

 

y la mente tiene tanto miedo que cierra los ojos

y luego olvida que tiene ojos

 

y el saltamontes, el que piensa


que eres un helicóptero, se te sube de un salto a las espaldas.

 

Es un pequeño valiente saltamontes

y no duerme nunca

 

porque el poema que escribe es el acto

de estar siempte despierto, mejor que nada

 

de lo que podrías escribir o hacer tú.

Luego de un salto desaparece.

 

 

 

 

 

Vals de aniversario

 

Me despierto en el cuarenta y cinco aniversario de mi boda solo,

el cielo cubierto, el ventilador de pie con un zumbido apagado,

y me siento muy bien, dento de lo que cabe.


Cuarenta y cinco es difícil de situar, no tiene

la fuerza sólida de cuarenta o cincuenta

aunque sí da la impresión de ser

un número redondo que no es redondo,

técnicamente hablando. ¿Pero quién puede ser técnico

en un día como hoy? Mi mujer

en New York nunca es algo técnico.

La quiero. ¿Qué significa eso?

Significa algo que tú, si eres joven,

podrías tener la suerte de sentir algún día

aunque tú, como yo, no sabrás

lo que es. Te despertarás y pensarás

Ahora sé lo que él quería decir

con lo de no saber, y te sentirás bien.

 

 

 

 

El jardín japonés

 

En 1958 o 59 cuando tenía dieciséis años

se me ocurrió la idea

de sustituir el jardín de mis padres

por un jardín japonés:

estamos en un barrio de la clase media

en Tulsa, Oklahoma.

Hasta le enseñé un croquis a mi madre,

que intentaba imaginarse su verde y liso césped

sustituido por rocas, gravilla,

y, de un modo u otro, un arroyo.

Aún antes de que dijera diplomáticamente

se lo enseñaré a tu papá

me di cuenta de que la idea misma era poco realista,

y alargué la mano hacia el croquis,

aliviado por la negativa.

 

Pero ¿y si mi padre hubiera aceptado

no solo construir el jardín

sino también demoler nuestra casa

y levantar en su lugar una japonesa,

ponerse kimonos y aprender japonés,

mi padre pavoneándose entre los pinos como un samurái,

mi madre con las rodillas dobladas, la cabeza inclinada?

 

La casa no cambió, la hierba creció

y se cortó, yo me fui a la universidad,

mis padres se divorciaron.

 

Ahora otra persona vive allí,

feliz entre las flores de cerezo que nunca caen.

 

 

 

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