Poesía

Tres poemas novísimos de Juana Bignozzi

Los versos inéditos que dejó la poeta argentina

Anotados en papelitos, en sobres de facturas e impuestos o en anotadores, estos últimos poemas de la autora de Mujer de cierto orden, fallecida en 2015, fueron publicados por Adriana Hidalgo al cuidado de Mercedes Halfon.

 

Foto de Valeria Tentoni.

 

Un año antes de que falleciera, en 2015, entrevistamos a Juana Bignozzi en su departamento, rodeada de sus cuadros y objects d'art, y nos contaba que estaba preparando su poesía reunida y un último libro de poemas, que ahora es Novísimos y ha salido de modo póstumo. "No soy industriosa. Bueno, trabajé como un perro toda la vida, pero trabajé para vivir. Ahora, en la poesía soy muy haragana. Muy tranquila, voy acumulando cosas. Lo que pasa es que escribí tantos años que por eso tengo tanta obra", decía la poeta y traductora nacida en 1937. 

“La muerte la encontró a Juana Bignozzi con las previsiones del caso: un apunte con el modo en que quería ser enterrada, el color de las flores que sus amigos debíamos llevar, la indicación principal de una tumba sin cruz y el cementerio público donde debía hacerse. Sobre estos detalles reposa también una contraseña del lugar que ocupó su escritura: que la muerte no tenga la última palabra. Los poemas que componen ‘Novísimos’ nos aguardaron", escribe Martín Rodríguez en la contratapa de la edición de Adriana Hidalgo, al cuidado de Mercedes Halfon.

 

 

 

de joven escribí

sueño con un jardín el jardín

se ha convertido en floreros con nardos

perros inmensos que no conocía y

me acompañan

puertos y trenes a los que llego tarde

la juventud fue verdad

la vejez representación

aeropuertos y andenes escenarios de mi historia

negada rescatada leída de nuevo a través de mis jóvenes amigos

sueño con amigos

hartos algunos de los ideólogos con los que me crie

ideologías que aún permiten la ira

preguntándome

y ya no puedo contestar

un día también se irán los perros del sueño

y yo quedaré con ellos en una ciudad que no reconocerían

y que me esfuerzo por sentir mía

eternamente sentada

en una lectura de poemas en 1963

 

 

 

 

como toda persona que habla mucho

tengo secretos insondables abismales

míos sobre todo y algunos de otros

nadie puede no tener miserias después de más de setenta años de vida y más de cuarenta de matrimonio

los míos están sellados a cal y canto y los pocos de los otros están sellados por mi sentido incorruptible de la amistad

hablo siempre todo el tiempo cuento anécdotas

aun de mi matrimonio que hacen ilusionar a algunas

con que estoy contando la parte íntima la trastienda

cuento anécdotas prestigiosas parecen muy íntimas

pero no se olviden hablo siempre hablo con vino sin vino

respondo a expectativas transgresoras

el aborto la lucha por casarnos

si hubo amantes si hay restos un poco escabrosos de décadas

no se olviden

hablo pero lo mío y lo de los otros que han confiado en mí

está en silencio

no me iré a la tumba con secretos

me iré a la tumba

con mi dignidad la de mis amigos y la mía

no hicieron mal en confiar en mí

no hice mal en confiar en mí misma

palabra y silencio

mucho silencio

estamos a salvo

 

 

 

necesito un albacea

la lucidez nos ha llevado a no tener hijos

la lucidez de mis padres me llevó

a no tener hermanos

o sea a no tener sobrinos

la ideología de mi marido lo llevó

a no tener familia

y ahora todos los cuadros los objets d’art

los maravillosos libros de nuestros viajes a las mejores exposiciones de Europa

mi Capodimonte comprado en 1975 al pie del Vesubio no sé si queda alguno en Buenos Aires

deben tener un destino

¿la lucidez es el desamparo?

¿la lucidez termina en un testamento para extraños?

pienso todo el día en mi albacea

 

 

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