Tres poemas de Juana Bignozzi
Miércoles 03 de junio de 2026
Adriana Hidalgo publica el segundo volumen de la obra completa de la poeta argentina.
En una edición al cuidado de Mercedes Halfon, Adriana Hidalgo publica el segundo volumen de la obra completa de Juana Bignozzi: La vida en serio, que abarca su producción entre 1958 y 1997.
Bignozzi (Buenos Aires,1937) residió en España entre 1974 y 2004. Con Juan Gelman integró el grupo El pan duro. Publicó su primer libro, Los límites, en 1960, y desde entonces le siguieron Tierra de nadie, Mujer de cierto orden, Regreso a la patria, Interior con poeta, Partida de las grandes líneas, 1996, estos cuatro últimos incluidos con el inédito «La ley tu ley» en la obra reunida publicada con ese título por Adriana Hidalgo. Más tarde, salieron Quién hubiera sido pintada, Antología personal en la colección Bicentenario de la Biblioteca Nacional y Si alguien tiene que ser después. Recibió el Segundo Premio Municipal de Poesía en el 2000, el Premio Konex, Diploma al mérito por el quinquenio 1999-2003 y la Rosa de cobre de la Biblioteca Nacional, 2013.
“Este segundo volumen de La vida en serio cierra la obra completa de Juana Bignozzi a la vez que devela un misterio que llevaba décadas: el de sus poemas de juventud”, explica Halfon en las palabras preliminares, donde argumenta por qué “terminar por el principio”: “El origen de una poética es un asunto crucial en el conocimiento de toda obra”.
Soy una mujer sin problemas
Todos lo saben
y entonces buscan mi compañía para charlar por las noches.
Sin embargo yo conozco a alguien que quiere morir
en paz consigo mismo
y me produce estremecimientos, insomnio, soledad,
porque la paz conmigo misma sería una guerra sin fin,
dos o tres asesinatos inevitables y alguna entrega
desmedida
que no entra en mis planes.
Sin embargo yo sueño por las noches
con un jardín inmenso donde los muertos se levantan
para saludarme;
yo sueño con un hombre que me inquieta y como lo ignora
me habla amigablemente del resto del mundo
y de mis múltiples amores, tan simpáticos,
tan apropiados como tema de conversación.
La vida en serio
Ahora he descubierto el sol, los perros y las mentiras.
La vida es más lógica, no he dicho mejor, sino más lógica.
Cierro los ojos y tomo sol, juego con un perro tan vulgar
que es imposible sentirse separada de él y miento.
Eso me obliga por las noches a sacarme los zapatos
como quien se desnuda,
a caminar descalza por mi casa,
a llorar a solas cada tanto.
Ahora miro a una mujer ni linda ni fea,
pienso que la pequeña vida continúa
y que todo dolor importante tiene testigos,
aunque sean un perro, el sol o las mentiras.
La literatura en serio
Como sufro y me aburro resulto bastante divertida,
a veces represento situaciones,
la mujer comprensiva, el hombre triste;
como no tengo sentido de la oportunidad,
puedo interrumpir la mejor escena de amor,
y para que nadie dude de mi inteligencia,
me ocupo de problemas casi ridículos.
Rodeada de gente que espera cosas de la vida
o practica la tragedia,
mis explosiones de júbilo son bastante frecuentes,
y como me regalo horizontes, cucharas que vacían
mi corazón,
casi siempre estoy triste,
por eso mi alegría es digna de verse.
Digo tantas veces lo que no pienso
que no me interesan los sonidos que lanzo de manera
constante
únicamente me apasiono por lo que hablo a solas
y así he descubierto minuto a minuto
el paso de mi futuro hacia el pasado
he logrado
no convertirme en criada de una decadencia
no caer en la tierna sonrisa comprensiva
que aparece cuando la intensidad desaparece
dejé de hablarle todo a alguien
e intento decirles algo a todos
Dueña de un sonido
que benevolente me educa
íntimo de mis íntimos
que benevolentes me esperan
sonrío por este mundo
y gozo de la elasticidad de esta muerte
y si alguien habla por mí
finalmente
al cabo de ortodoxias que no lograron ampararme
de liberaciones que salvan mis restos en dispersión
hemos llegado al padre el hermano el juez de esta vida
que buscó las imágenes masculinas los protectores
en ideólogos sin teoría
en débiles a los que llevó a la angustia
en mesiánicos que no podían enfrentar sus llagas
si por fin soy propiedad de alguien
–sonido sombra luz de tumba o mi propia vida–
ya puedo preguntarle
¿quién es tu criatura?