Poesía

Tres poemas de Susana Villalba

Poesía argentina contemporánea

"Puedo nombrarme sin ayuda de dioses": tomados de Sin pelaje, sin sombra (Editorial Llantén), estos versos de la autora nacida en Buenos Aires en 1956.

"No es el lenguaje lo que habla sino su descarrilamiento. ¿O su nacimiento? No soy yo en mi forma cotidiana de estar en el mundo la que escribe, esa personalidad (personaje) que protege ante el mundo. Pero sí es Mi voz, la que se fue gestando en el estado alerta ante todo lo que el afuera trae u oculta. Es mi silencio abierto a escuchar el lenguaje antes de su big bang y mucho antes de su gramática. Pero también dispuesta a ser su big bang para proponer otras maneras de decir el mundo", escribe Susana Villalba en la contratapa de Sin pelaje, sin sombra (Editorial Llantén), antología poética de la poeta, dramaturga y periodista nacida en Buenos Aires en 1956, también autora de libros como Oficiante de sombras, Clínica de muñecas, Plegarias La bestia ser.


Del tomo de Llantén tomamos los poemas que siguen:


 


 


Rikyu


Le lleva al mundo tiempo


una mano,


una pluma.


Es imposible


atravesar un corazón


si no hay deseo


de matarlo.


Toda la tarde caminó


bajo la lluvia


como una forma de sentir


humanidad.


El tiempo -se dijo-


será esta ceremonia


del té.


Es cosa de los astros


si pueden partir


el mundo en dos


en un segundo.


Es cosa de los otros


sus manos.


No es una huella


que dejará


según mueve la pluma.


Es que esas huellas


de sus dedos


son irrepetibles.


Pero llevan su tiempo


las palabras.


No es el camino


el que dice la distancia,


los ojos


no encuentran su paisaje.


Hubiese preferido tocar


con sus palabras,


él habla


maravillosamente


y es un placer físico


escuchar.


Pero no importa


si las uvas están


a demasiada o poca altura.


Si se moja es que llueve


y es la hora


de preparar el té.


El cuerpo es un pacto


con la forma.


Pero el deseo es la forma


que tiene el corazón


de deshacerse


de su cuerpo.


Como un relámpago


espera


en la línea de la mano.


-¿El amor?


-dijo la bruja-


¿Ir al Tíbet?


Una escritora.


Los sueños son la vida


también.


Tuviste un gran amor.


-Tuve, como quien dice


una enfermedad,


escribí


poemas.


-Palabras


-dijo la bruja-


de un corazón


en círculo de fuego.


Se viste de venado


y se devora.


Una pluma en el barro.


-Cuando los amantes duermen,


amanece.


Las palabras no dan cuenta


de ese espacio


que separa a los cuerpos


en el sueño.


-Los amantes


-dijo la brujan-


o se dan cuenta.


Pero el que sueña


es un camino


como cualquier otro.


Los poemas también


son naturaleza.


Si no tocaste


esa mano no existió


más que en el sueño.


-Pero las uvas


a la altura de mi mano,


acaso


simplemente las describa


-Es una forma


como cualquier otra.


-Pero la espada y el tiempo


que le lleva al mundo


el cuerpo


que la cabeza lleva atado


como un perro.


Y el guerrero


si amanece


y en su corazón


noche cerrada.


Cantan los pájaros


y habitan la luz


como una flecha


de su propio sentido.


Dar testimonio


de una manera humana


de levantarse,


preparar el té


y escribir.


-Y acaso haber tocado


¿daría cuenta?


-Un puma


ni un venado.


Deseo de beber


un animal completo


o palpitante


en la espesura


del deseo


fugar de un cuerpo


agazapado.


Se pregunta


qué tarea tiene


entre las manos.


Palabras como espada


de dos filos.


El deseo real


como la mano


al tocar


fue tan distinta.


Cada cuerpo


irrepetible.


-El arquero


ni el caballo,


la flecha


no pregunta:


Señor


¿no tuviste suficiente


fe


en mí?


 


 


 


 


Marea


 


Esa conspiración en el susurro


cuando nada dicen,


persiste el mar


y la piedra en deshacerse


resistiendo.


Quizá belleza


es esa colisión


eternamente fugaz.


Como el mar el deseo


es movimiento


que comienza donde parece


acabar.


Inútil seducción y sin embargo


la piedra se transforma.


En el amor


se sabe por el cuerpo


el límite del cuerpo.


Es su plenitud.


Esa revelación


que acaba cuando comienza


a hablar.


Como arena arrebatada


por el agua


que toma y abandona


al mismo tiempo.


Querer ir más allá del mar


es el mar.


Ese murmullo que parece responder


es movimiento,


un rugido


como el fracaso siempre de un deseo


es el deseo.


Inútil preguntar la razón


que desconoce un corazón


de agua.


El mar como el sueño


rumorea en la orilla


restos


de la profundidad.


Porque nada dice


dice el mar:


que la verdad es agua


entre las manos


se sabe por tocar.


 


 


 


 


El caso Ruth


 


La piedra es,


una mujer mata,


por instinto


busca el reverso de la piedra


donde se esconde un animal.


Sólo quería que dé la cara,


dice sin resistir.


No había remedio,


me dolía él.


Cuando al fin lo encontró


sacó de su cartera la Smith and Wesson


y vació el cargador.


Se gana, se pierde


pero negocios son negocios.


¿El dinero? está o no,


como las piedras, en el camino.


Ahora soy yo


la que mata.


Ahora moriré de un acto


real,


es la ley del amor querer perder


la cabeza,


que él abandone el cuerpo


entre mis brazos.


¿El arma? qué sé yo,


las cosas aparecen.


Me enceguecí,


ya no quería verme.


Nos amamos,


después yo disparaba,


es algo contundente.


Antes que nada


108


leíste las noticias policiales,


tomaste café.


Sí, estás despierta,


ese dolor que sos ahora


es el mundo,


la orilla del sueño aún golpea,


agua aceitosa contra un casco.


Algo que deje de moverse,


por favor.


Pero un disparo


en la piedra podría revelar


que nada es tan sencillo,


todo tiene un momento


que nunca cristaliza.


Un corazón.


Estás despierta, todo gira,


no sabés si es el día


siguiente


y faltaste al trabajo


o es domingo.


Sí, fuiste a esa casa,


tomaron un taxi


que se perdió en la niebla,


hubo choques en cadena, dice el diario,


así es que la niebla fue real.


De bar en bar


alguien dijo hay una fiesta


en algún sitio.


Y nunca es ésta.


Llegaron a esa casa o pretensión


de teatro under,


fiesta de primavera.


Un travesti


o lo que un hombre dice


que es una mujer


te hizo sentir ambigua


en tus vaqueros.


Hizo un sketch,


ya se sabe, un sketch.


Princesa, sultán, odalisca,


nadie bailaba, hacía frío,


rodaron latas de cerveza.


Los travesti eran encantadores


de serpientes


sin serpientes,


vos también.


Mariposas deslumbradas por la fiesta


que iluminaban.


Encontraste a tus amigos en el baño,


habían capturado una botella


pero mejor era volver


al bar.


Un lugar donde caer


sin caer.


Ahora entendés el viejo chiste


de decir al taxista: a casa


por favor.


Ahora el sentido


toma su sentido:


el deseo brilla


por su ausencia.


La noche fue un largo, repetido


nunca más.


Encontraste un murciélago


como si todo lo perdido


por perdido en esa casa


hubiera rezumado su animal.


Se movía si topaba


con el límite.


La propia imagen


de todos los errores,


el terror al fin


tenía una cara


mítica.


Encendiste la luz


y chocó con la pared;


no la piedad, la ley


de semejanza,


la culpa del demonio


se mata con culpa


verdadera.


Golpeaste


una y otra vez,


sonaba a cuerpo contra piedra,


se quebraba, arrastraba el aleteo,


al fin era un insecto


grande


o una muñeca rota.


Entonces cortaste la cabeza,


las membranas,


clavaste una estaca en el corazón


y abriste para ver


que se movía.


Las manos pegajosas,


el piso de un humor


que no era sangre


lo cubriste con diarios,


esa noticia de la mujer


que guardó a su amante


en el freezer.


No podías tirarlo a la basura,


quemaste el cuerpo


y la cabeza juntos


para mirar como algo termina alguna vez


sin dejar restos.


Después dormiste todo el día.


Y ahora alguien dice, en el contestador,


¿venís al club de cine?


por lo tanto es el domingo


lo que perdiste


o la idea del día


y de la noche


o no sabés qué querías


perder.


Aunque el cuerpo no olvida


no encontrás el argumento.


Si entrara ese forense capaz


de encontrar babas y uñas


y huesos calcinados,


demonios, que me cuelguen


pero no me pregunten


por qué.


 


 



 

Artículos relacionados

Un gato, tres poemas de Leonard Michaels
¿Qué no se ha escrito sobre estos animales sagrados? Estas pequeñas epifanías del escritor estadounidense revelarán aún más posibilidades.
Tres poemas de E.E. Cummings

En Hace tanto que mi corazón no está con el tuyo (Llantén), Tom Maver traduce al poeta estadounidense nacido en 1894.

Un náufrago jamás se seca

Llega la edición aumentada de la poesía reunida de Fabio Morábito por Gog & Magog, de la que compartimos tres poemas. 

Cuatro poemas de Gonzalo Millán

Editorial LOM publica una antología que recoge lo mejor de la obra de uno de los poetas más relevantes de la poesía chilena y latinoamericana contemporánea.

Tres poemas de Ryūnosuke Akutagawa

Presentados por Alejandra Kamiya, Editorial Duino publica poemas del escritor japonés en Detrás del bambú, una antología poética bilingüe. Este viernes, a las 19, la autora lo presentará en la librería en el ciclo "El material existente", con entrada libre y grat…

Tres poemas del Premio Nobel Jon Fosse

Editorial Sexto Piso reúne en dos volumenes la poesía completa del noruego, ganador del Nobel en Literatura de 2023. 

Tres poemas de Charles Simic

Uno de los mayores poetas contemporáneos en lengua inglesa y autor de luminosos ensayos. Tomados de Acércate y escucha (Vaso roto).


  

×
Aceptar
×
Seguir comprando
Ver carrito
0 item(s) agregado tu carrito
×
MUTMA
Seguir comprando
Checkout
×
Se va a agregar 1 ítem a tu carrito
¿Es para un colectivo?
No
Aceptar