Poesía

Tres poemas de Hilda Hilst

Literatura brasileña

En traducciones de José Ioskyn, editorial Paradiso entrega Cantares de pérdida y predilección.

Poemas de Hilda Hilst. Texto y traducciones de José Ioskyn.


 


 


 


Lúcida, anárquica, impredecible, Hilda Hilst forjó una obra cuya recepción, hasta el día de hoy –años después de su muerte en 2004– está condicionada por su imagen pública. Dedicó su vida a la poesía y ansiaba un destino de largo alcance para su escritura. En ese anhelo tuvo traspiés, vuelcos radicales, modificaciones impensadas –que terminaron tallando una obra que destaca por su originalidad–. Protestó contra su suerte de ser valorada como autora erudita, secreta, apta solo para el paladar de unos pocos. Desde hace unos pocos años, la crítica de su país está orientada al rescate de Hilda Hilst como autora a la altura de Guimarães Rosa o Clarice Lispector, separando el aire escandaloso de su vida del de sus textos. 


Su producción más original, la que lleva la marca hilstiana particular, pertenece al período de su vida que dedicó con exclusividad a la escritura, alejada del mundo social paulistano, desde el año 1966 hasta comienzos de 2004, cuando falleció. Fueron años de una intensidad literaria máxima, en los que experimentó una transformación libre de los géneros tradicionales, una transición fluida que la llevó a encontrar una dicción propia. 


En estos Cantares, el horizonte que el lector percibe desde un inicio es el modo en que Hilda Hilst recurre a formatos antiguos, imprimiendo en ellos matices propios, como la tonalidad distintiva de la violencia –a veces cruel– de la pasión. En un mismo verso yuxtapone visiones religiosas con la carnalidad más basta. En sus frases resuena el brillo de una sintaxis lejana, en líneas sembradas de palabras olvidadas en el portugués contemporáneo, lo que le da al texto un aire enigmático, al mismo tiempo extraño y renovado. Pero no hay hermetismo, hay una musicalidad que se interrumpe en silencios de piedra, una melodía en la que suenan rimas parciales, versos que se encadenan en un aliento que puede cubrir varias estrofas, modulaciones que parecen provenir de alguna danza oscura y amorosa. La aparición de imágenes y metáforas originales a cada momento, el uso personal de las palabras, la alteración de la sintaxis, y recursos como la utilización de mayúsculas y estribillos, contribuyen a que el lector se encuentre frente a un lenguaje difícil de identificar.


 


 


 


 


I


 


 


Vida de mi alma:


Recaminé casas y paisajes


Buscándome a mí, mía tu cara.


Recaminé los escombros de la tarde


Hojas ennegrecidas, brotes, cáscaras


Papeles de tierra y de tinta bajo los árboles


Nichos donde nos confesamos, plazas.


 


Reví los canes. No los mismos. Otros 


De igual destino, locos, tristes,


Nosotros dos, mi odio-amor, atravesando


Cenizas y paredones, el recorrido de la vida.


 


Busqué la luz y el amor. Humana, atenta


Como quien busca la boca en los confines de la sed.


Recaminé nuestras construcciones, ladrillos


Palas, la arena de los días.


 


Y todo lo que encontré te lo digo ahora:


Un otro alguien sin cara. Tosco. Ciego.


El arquitecto de esas trampas.


 


 


II


 


 


Qué dolor esos calendarios


Huidizos, hechos, fechas


El tiempo envuelto en viscosidad


Mi cara buscando


Tu rostro reversible.


 


Qué dolor en el blanco y negro


De esos negativos


Lisura congelada del papel


Hechos roídos


Y tus dedos buscando


La carnación de la vida


 


Qué dolor de abrazos


Qué dolor de transparencia


Y gestos nulos


Derretidos retratos


Fotos cintas 


 


Qué rollo siniestro


En los cajones


 


Qué


gusto ese del Tiempo


De estancar el chorro de unas vidas.


 


 


 


 


III


 


 


Si tu vida se extiende


Más que la mía


Acuérdate, mi odio-amor,


De los colores que vivíamos


Cuando el tiempo del amor nos envolvía.


De oro. Del rojo de las caricias.


De las tintas de un celo antiguo


Derramado


Sobre mi cuerpo sospechoso de conquistas.


Del castaño de luz de tu mirada


Sobre el dorso de las aves. De aquellos árboles:


Estrías de un verde-ceniza que tocábamos.


 


Y hojas de un color de tempestades


Contorneando el espacio


De dolor y lejanía.


 


Tiempo turquesa y plata


Mi odio-amor, señor de mi vida.


Acuérdate de nosotros. En azul. En la luz de la caridad.


 


 


 

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