Feminismo, una idea sencilla
Por Julieta Kirkwood
Martes 08 de marzo de 2022
"Julieta Kirkwood lee críticamente el modelo patriarcal de conocimiento, la distancia con la acción, la anulación de la subjetividad y del cuerpo (...) Busca una forma de pensar y escribir sobre la actualidad que entreteja el análisis del pasado, la experiencia del presente y la anticipación del futuro", explica en el prólogo Cynthia Rimsky. La editorial chilena Banda propia recupera su obra
¿Mezclamos el saber con el hacer? Sí, es cierto. ¿Mezclamos el afecto con la razón y lo personal con lo político? También es cierto. Y, más aún, querríamos que lo dicho por Karl Manheim fuese también cierto para nosotras: «La sociedad actual está signada porque las masas hacen presentes en “lo público” lo que antes se desenvolvió en el ámbito de lo privado». Porque debido a complejos mecanismos culturales y sociales, nosotras, las mujeres, empezamos a interesarnos en las situaciones sociales generales cuando comprendemos sus relaciones con el contexto de la propia experiencia.
El mundo de la política, la economía, la organización y la participación es un mundo mediatizado por el padre, por el marido, por los hijos. La recuperación del mundo, todavía en gran parte ajeno a la mujer, vendrá por la recuperación de lo vivido cotidianamente. Ello dará la totalidad de dimensiones a su pensamiento, a su organización, a su acción. Y con ello las futuras «dificultades» estarán más auténticamente planteadas.
¿Es todo esto feminismo?, seguramente sí. Dice Simone de Beauvoir en Final de cuentas: «Hoy entiendo por feminismo el hecho de luchar por reivindicaciones propiamente femeninas, paralelas a la lucha de clases, y me declaro feminista. La revolución social no bastará para resolver nuestros problemas. Es verdad que la rebelión de las mujeres no cambiará el régimen de producción; pero, por otra parte, tampoco el socialismo —como se ha realizado hasta hoy— ha liberado a las mujeres. ¿Lo lograría un socialismo verdaderamente igualitario? Por el momento es una utopía. Mientras, la condición que sufren las mujeres es una realidad».
Y por esta realidad es que pretendemos recuperar uno de los más plenos y significativos de los derechos humanos perdidos: la posibilidad de comprender y transformar el mundo en que nos ha correspondido vivir.
Y por este hecho seguiremos generando «dificultades» si, después de satisfechos los logros de pan, techo, abrigo, cultura y libertad, una sola mujer se viese obligada a confesar:
«Dijo mi marido, golpeando el suelo: ¡Aquí, debajo de estos pies, ha de estar siempre tu lugar!».
