Poesía

En llamas mi jardín natal

Un poema de Marosa Di Giorgio

"Y yo, allí, de pie, inmóvil, en el umbral, esperando no sé qué, que algo cayese del cielo": la florecida uruguaya en la entrega final de la curaduría de Natalia Romero, un jardín en el que nos encontramos con Negroni, Bellessi, Glük y Marosa.

Selección y notas de Natalia Romero.


A Marosa Di Giorgio la leo con una gratitud enorme. Ella me invita a seguirla, me detiene en medio del día y ocurre. La poesía de Marosa es puro acontecimiento.


Todo en ella y en lo que leo es un jardín y es un mundo que consigue sacarme de cualquier lugar y convertirse en el lugar adonde quiero quedarme para siempre. 


Con la luz y la oscuridad. Lo que se acepta y lo que se transforma. Una pasión de infancia y de madurez que se entrelazan como hiedra.


El jardín natal viene dado, pero podemos prenderlo fuego con el poder de la poesía.


 


 


Está en llamas el jardín natal


Marosa de Giorgio


 


Me acuerdo de la casa, -no se por qué, de los días de tormenta-, cuando volvía de la escuela, y mamá, de pie, llamando a la pollada, las gallinas que cruzaban el jardín con las alas abiertas, seguidas por sus pollos de colores, rosados, celestes, amarillos, aquel alucinante pío-pío, y las nubes insólitas y grises, que, por un instante, barrían la huerta- los duraznos de mantón florido, los ciruelos de frío azúcar-y la devolvían enseguida, transparente bajo la lluvia, el arco iris, casi al alcance de la mano, todo de menta, de pimpollos.


Y las noches de los días de borrasca, con el aire diáfano, cuando se hacían visibles los animales del bosque, la zorra que ladraba y se reía, la comadreja y su canasto de hijos, que llegaban adentro mismo de la casa y nos robaban un bicho, un pedazo de cuero.


Y las horas deslizándose, mudas, después.


Y yo, allí, de pie, inmóvil, en el umbral, esperando no sé qué, que algo cayese del cielo, está en llamas mi jardín natal.


 

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