Poesía

Dos poemas de Julián López

Tomados de Meteoro

El nuevo libro del autor de Una muchacha muy bella se llama Meteoro (Random House) y es de poesía: compartimos tres de sus piezas.

Por Julián López. Foto de Katya Adaui.

 

Julián López (Buenos Aires, 1965), publicó el libro de poemas Bienamado (2004) y las novelas Una muchacha muy bella (Eterna Cadencia Editora, 2013) y La ilusión de los mamíferos (Random House, 2018). Desde 2006 codirige el ciclo de lecturas Carne Argentina.

Meteoro es su nuevo libro (Random House), del que tomamos los poemas que siguen:

 

Qué era, entonces, la belleza

un hilo que me ataba la mirada

a lo que habías visto

a lo que habías querido.

Qué era, entonces,un hilo

que anudaba la fidelidad

el plan para atarnos con certeza

no volarnos en el viento del espacio

porque la especie es frágil

porque las tribus están amenazadas

el fuego arrecia.

La belleza era estar una a otro

todos anudados, el hilo de entrenos

en cada sitio, un lazo tremendo

de una en otra, qué era, todos, la belleza.

Ahora estoy acá, lejano del origen

el borde en las plantas de los pies

(todo raspa en este lugar, qué hermosura)

parado en esta sombra que es la experiencia

después de tanta lealtad, un poco cansado

animado, un poco,

al planeta

aterrado porque al fin soy de la Tierra.

Qué será, entonces, para mí,

la belleza.

 

 

 

 

En esta casa no hay nada

no hay alces olisqueando el rastro

ni los fusiles humeantes de la cristiandad.

En este cuarto no hay nada

ni la cama horizontal de los ancestros

ni la puerta al bosque áureo

al que estamos obligados.

En esta casa no hay pájaros

enjaulados ni una mesa

donde estudiar la materia

el machacar de los maestros

que creen que en la casa de los niños

hay gigantes que velan por el sueño

y compran cartucheras.

Pero hay en las paredes de esta casa

dos ventanas como herencia para toda suerte

y que el viento sople sus tifones

al oscuro pensamiento del que cree.

Que el alce vuelva a olisquear su rastro

que el fusil humee a su propio dios

que el tac, de la pezuña en el mármol del umbral

despierte a todos los panteones:

¡fuera de esta casa!

Bienvenidos.

 

 

 

 

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