Poesía

Tres poemas de Ursula K. Le Guin

En busca de mi elegía (Nórdica) reúne la poesía de la escritora estadounidense, escrita entre 1960 y 2010.



Por Ursula K. Le Guin. Traducción de Andrés Catalán.




Ursula K. Le Guin nació en Berkeley, California, en 1929 y falleció en Portland, Oregón, en 2018. Hija de un antropólogo, "su obra puede ser vista como un amplio fresco antropológico-fantástico”.  

Aunque es internacionalmente conocida por su ficción, Ursula K. Le Guin comenzó a escribir poesía en 1959 y nunca dejó de hacerlo. En busca de mi elegía, publicado por Nórdica, reúne su poesía y ofrece una selección de lo mejor de sus seis volúmenes. 


 
 

OFRENDA  

 

Se me ocurrió un poema al quedarme  

dormida anoche, me desperté  

con el sol, no me acordaba de nada.  

 

Si era bueno, dioses  

de las grandes tinieblas  

donde acaba el sueño y acaba 

también la muerte, los sin nombre,  

como una sincera ofrenda  

Aceptadlo. 


  
 
 
 
 

ARS LUNGA  

 

No dejo nunca de inventarme nueva gente 

como si no fuera suficiente la explosión demográfica 

ni tuviéramos sabe Dios cuántos terrores  

y problemas, pero yo también lo sé,  

de eso se trata. Nunca hay suficiente miedo  

que iguale el placer, ni abismos suficientemente hondos,  

ni tiempo suficiente, y siempre hay algunas 

estrellas que faltan.  


No es que quiera un nuevo cielo y una nueva tierra,  

solo los viejos.  

Viejo cielo, vieja tierra, nueva hierba.  

Ni una vida después de la tumba,  

que Dios me ayude, o me ayudaré yo sola  

viviendo todas estas vidas 

de nueve en nueve o de noventa  

en noventa para que la muerte me encuentre siempre  

desprotegida por los cuatro costados,  

desguarnecida, indefensa,  

inviolable, vulnerable, viva. 




 



  
 
 

LA MÉDULA  

 

Había una palabra dentro de una piedra.  

Traté de extraerla de ella,  

mazo y cincel, pico y punzón,  

hasta que la piedra goteó sangre,  

pero aún no podía oír la palabra  

que la piedra había pronunciado.   

La arrojé a un lado del camino 

 entre un millar de piedras  

y según me alejaba me gritó  

bien alto la palabra al oído  

y la médula de mis huesos  

la escuchó, y respondió. 

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