¿Qué leen los que hacen música?
Viernes 24 de enero de 2014
Martín Buscaglia, Loli Molina, Luciana Tagliapietra yJulieta Rada comparten con nosotros sus bibliotecas.
Por Valeria Tentoni.
“Siéntate con seguridad allí donde se canta, que la gente mala no tiene canciones”, cita como refrán Kurt Pahlen en su Historia universal de la música. Para Cioran, la música es un “sistema de adioses” que “evoca una física cuyo punto de partida no serían los átomos sino las lágrimas”. Cuatro compositores nos hablan de los libros que los acompañan mientras construyen canciones para nosotros.
Hacedor de discos geniales como Temporada de conejos o El evangelio según mi jardinero, Martín Buscaglia dice que a los libros lo que les pide es que lo lleven de la mano: “Y que se queden conmigo después de haberse ido. De hecho, jamás vuelvo a poner un buen libro en la biblioteca luego de haberlo terminado. Debe quedar por un tiempo en la mesa de luz o en el escritorio, en un equivalente a la lenta descompresión que deben hacer los buceadores y los astronautas al volver a la tierra. Parafraseando a David Markson, la película que más me ha gustado no compite con el libro número 100 de los mejores que he leído”.
Este músico, nacido en Montevideo, cuenta entre sus libros favoritos a El peor viaje del mundo, de Apsley Cherry-Garrard: “Es el diario de viaje de la expedición inglesa comandada por Scott que se proponía ser la primera en alcanzar el Polo Sur. Cherry-Garrard es uno de los integrantes que sobrevivió a esos tres años en el polo. Casi mil páginas de nieve, hielo y huevos de pingüino. Llegué a él investigando en el género, luego de haber sido conmovido por otros clásicos de la literatura de viajeros de fines del siglo XIX y principios del XX. Hipnótico”. También menciona la Poética musical de Ígor Stravinski: “Charla sobre el arte y la responsabilidad que conlleva. Me lo recomendó un amigo, el músico Patrick Petruccelli, en una época en que estaba leyendo diversos libros de compositores de música clásica o contemporánea (los textos de Satie, Schumann, Feldman o Cage son bellísimos). Desde entonces, lo releo una vez al año”. De sus lecturas recientes, rescata como predilecto a Intemperie de Jesús Carrasco, editado por Seix Barral. Lo define como “una especie de western minimal que conjuga lo experimental con una narrativa clásica, de lenguaje casi arcaico. Resuenan ecos de Georges Perec, Coetzee y McCarthy. Duro y apasionante”. En poesía, se queda con “toda la obra del danés Henrik Nordbrandt. Hace añares entré en una librería de Montevideo a husmear en la parte de poesía y me topé con su primera antología traducida, Nuestro amor es como Bizancio. Abrí al azar el libro, leí un poema y supe que éramos tal para cual”.
Fue su papá quien le regaló La geometría del amor y lo contagió, para siempre, con el amor por la obra de John Cheever: “Es el dueño de la prosa más hermosa y fluída, con una capacidad de introspección sublime y la epifanía siempre agazapada”. Y es que Horacio Buscaglia, era (entre ¡muchas! otras cosas) poeta. De hecho, Martín editó una antología de su obra el año pasado, junto a Gustavo Wojciechowski, bajo el nombre Mojos.
Para elegir qué leer, Buscaglia confía en algunos amigos a quienes llama específicamente para pedirles recomendaciones. Y en su intuición: “Al descubrir un autor (o un género) nuevo se cumple la premisa de que toda obra que valga la pena genera enlaces con su entorno, sus influencias previas y paralelas”. Del último libro que leyó, Del caminar sobre hielo de Werner Herzog, cuenta: “Lo conseguí en una librería de usados en Madrid, hacía tiempo que lo estaba rastreando. Es magnífico e inspirador, como toda su obra”.
Loli Molina editó Los senderos amarillos (2008) y Sí o no (2011) con su dulcísima voz y sus poderosas ejecuciones de guitarra. Dice: “Yo creo que cualquier artista está influenciando por absolutamente todo lo que ingresa en su sistema a través de los sentidos. Por su historia, sus conversaciones con amigos; todo es inspiración o referencia de alguna otra cosa. Así que, por supuesto, un libro que me conmueve me afecta positivamente y genera algún efecto dominó que no puedo precisar bien cómo es, pero estoy segura que sucede y termina apareciendo en alguna canción”.
“No hay nada más que el camino”, canta en una de sus canciones, y cuenta que, entre sus libros favoritos está Siddhartha de Hermann Hesse: “Porque lo leí en mi adolescencia y fue como el puntapié de una investigación personal acerca de muchos temas que están ahí. Otro de mis preferidos es Ishmael, de Daniel Quinn; un libro difícil de conseguir aquí y que un día presté y no volvió mas. Es muy hermoso, un libro sobre ecología, conciencia planetaria y también un poco de magia”. Además, menciona el inquietante diario de Frida Kahlo que le regalaron, “lo considero un tesoro, por la mezcla de poesía e imágenes y la intensidad e intimidad del contenido”.
Para cargar su biblioteca, escucha a sus personas queridas: “Me encanta que mis amigos me recomienden libros. Me parece muy especial que alguien te mire a los ojos y te alcance un libro mientras dice ‘tomá, a vos te va a gustar mucho’. También disfruto de ir a una librería linda y perderme un rato largo, hojear e ir encontrando sola”, cuenta.
Entre sus últimas lecturas, aparece una antología de la poesía de Paulo Leminski, “un poeta brasilero que yo desconocía. Me voló la cabeza y me atravesó el alma por completo. Lo sentí muy cercano, muy accesible, muy hermano. ¡Estoy feliz de haber llegado a él!”.
La tucumana Luciana Tagliapietra –quien acaba de lanzar su disco La luna, el tercero después de Diagrama de Ben (2011) y Los domingos (2009)– no tiene libros favoritos: dice que prefiere hacer una lista larga de libros o escritores que le gustan mucho. Pero, para darnos el gusto, nombra cinco imprescindibles: El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa; Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes; Teorema de Pier Paolo Pasolini; Catedral de Raymond Carver y El barón rampante, de Italo Calvino. De hecho, su canción “Ciudad Anastasia” está inspirada en un cuento homónimo de este último autor: “Fue más bien un ejercicio en el que sin querer dejé plasmados sentimientos míos, pero la idea era narrar esa ciudad”.
“Elegí estos cinco libros por el cariño grande que les tengo. Han sido regalados, uno de ellos por mi mejor amiga (no, mentira, tuve el honor de tenerlo prestado y vivió algún tiempo en mi mesa de luz) y los otros cuatro por tipos románticos de los que estuve enamorada. Y me dijeron ¡este libro es para vos!”. Cuando lee, busca encontrarse con el autor: “Que hablemos… Intención mía que a veces no funciona. No lo entiendo, no lo quiero, me duermo mientras escribe. Me gusta detenerme en el estilo, en cómo está contando. Pienso ahora en Clarice Lispector y Antonio Di Benedetto, autores para deleitarse leyendo. También me gusta meterme en una historia, entro por un tubo”.
“Tus palabras no dicen nada / cuando estás conmigo / y yo pienso de vos que sos como una tela de algodón”, canta en “Si las cosas”. Además de hacer canciones, Tagliapietra escribe poemas: “Sueño con ser escritora algún día”, advierte. “Ahora estoy leyendo un libro de Houellebecq que disfruto por momentos, a veces quedo pensando (flotando, porque no pienso nada concreto) y páginas y páginas de puro aburrimiento. Soy yo, no entiendo mucho de lo que dice, o entiendo por acumulación de páginas, un poco”.
Julieta Rada publicó su primer disco en 2012, Afrozen –una mezcla de candombe, funk, soul y pop. Cuando lo grabó, se inspiró en un libro sobre el Tao: “Uno tiene que tener el ejercicio de concentrarse y poder plasmar esos sentimientos en algo musical”. Habla de sus inicios como lectora: “Tengo que decir que mis favoritos son los de Harry Potter, no puedo mentir. Mi madre me compró el primero y a partir de ahí me enfermé con ellos, me leí todos los libros en muy poco tiempo. Tenía 11. Me adentraron en el mundo de la lectura”.
“Me gusta que un libro me atrape, que no pueda parar de leerlo ni pensar en otra cosa. Por lo general siempre que elijo un libro es por recomendaciones de familia o amigos”, cuenta Julieta, quien se pasó la infancia de gira por latinoamérica con su papá, el Negro Rada, y actualmente reside en Uruguay.
Entre sus últimas lecturas, está el libro de entrevistas Cantan, de Pablo Routin y Valentina Dufort: “Son conversaciones con distintos cantantes uruguayos, muy enfocadas en la voz y en lo que siente uno al cantar. Me encantó poder leer cómo se sienten otras personas con respecto a eso, ver sus fragilidades y cómo cada uno trabaja su identidad vocal”.
“Así como la canción es uno de los mejores medios de transporte que inventó la raza humana, el libro es uno de sus más nobles combustibles”, cierra Buscaglia.