Poesía

El arrullo de los helicópteros en medio del mar

Mayra Santos-Febres

En la tercera entrega de poesía curada por Timo Berger, poderosos versos alrededor de las migraciones a cargo de la poeta nacida en Puerto Rico.

Selección y notas de Timo Berger.


Los poemas de Mayra Santos-Febres me llegaron en una antología editada en México y presentada en la segunda edición del festival de poesía Salida al Mar en Buenos en el año 2005. El decir y el vértigo reunía por iniciativa de Rocío Cerón, Julián Herbert y León Placencia Ñol poesía hispanoamerica de autores nacidos entre 1965 y 1965, o sea en el orden de aparición desde Fabián Casas a Miguel Ángel Petrecca con una addenda que incluía los poetas argentinos, por entonces bastante jóvenes, Ezequiel Zaidenwerg y Laura Lobov. Desde la perspectiva actual resulta sorprendente una antología hecha en México y estructurada por las entradas argentinas.


Es verdad que poca gente lee antologías como sí se leen libros; las antologías se leen por partes, primero el índice, después el prólogo y las páginas de comentarios y biografías, la sección de los poemas se suele hojear. En una de esas revisiones al azar del corpus de la antología, me topé con los versos de Mayra Santos-Febres, que me quedaron repiqueteando en la cabeza.


Años más tarde vino a Latinale y pude complementar mi lectura silenciosa con la impresión de su recital. Mayra leía parada con todas las fibras, el cuerpo se volvía caja de resonancia, nos tumbaba en un trance mirando cómo ella casi bailaba en el escenario al son de sus versos. Presentaba una serie de poemas entrelazados, una especie de cartografía contemporánea del Caribe. Jugaba con imágenes de procesos de metamorfosis, con huevos, gérmenes, brotes linguísticos, en fin, hibridaciones culturales como si esa región compuesta de islas, islotes y mar fuera un esfervecente escenario de un permanente morir y nacer.


Los poemas que publicamos a continuación tienen un tono más lúgubre, casi fatalista. La preocupación de la autora por los destinos de inmigrantes que emprenden viajes con peligro de muerte atraviesa los versos. Son poemas que hoy en día, también desde Europa, con la llegada de tanta gente buscando refugio de guerras en el Medio Oriente y en África, recobran una actualidad aterradora.


Mayra Santos-Febres, nacida 1966 en Carolina, Puerto Rico, vive en San Juan. Es alma mater del Festival de la Palabra. Publicó varios libros de poemas y también narrativa. Su última novela es La amante de Gardel (Planeta, Mexico-Ciudad, 2015). 


 


ah mi morenita cae


            cae hasta el fondo de los pelos del mar


busca tu sueño                 cae


busca tu molusco hambriento a siete manos


ah mi morenita en tiento


y de cristal flaquita


por las acuosas noches sin harina


sin más sal quel salitre


que es el vaho de la sal cuando salmuera


cuando sal-moneda que se exilia   y


                                                provoca podrirse a la carne de tan poca


                                                                                                                        cae


caspa de carne cae


ras en la cresta de las olas


 marea en marea morenita


cae, cae, cae


a darle de comer a todo pez.


 


*


 


ah si morenita, véndeme tu carne por un beso,


por un papel que diga que naciste,


véndeme tus profundidades de molusco


tus cositas saladas, véndemelas


para la grasa de los griles que te esperan,


para los mapos que van secando el mar de las casas como tumbas,


(el mármol morenita)


y los pelos recortados y pintados de firefighter red


y el arrullo de los helicopteros en medio del mar,


 véndemelo todo en esta carne, tan tuya, tan sebo de tiburones, tan tigra


tu carne desvelada en el fondo de las costas


 de las embarcaciones que te traen hasta el parking


donde te compro.


 


*


 


Indocumentado 4


con un cuadro de prócer en la balsa


se tira al mar.


En la balsa lleva agua


lamparita de pilas


un hambre que va para cien años y


cuerpo que la resista


 un haz de tiburones a la saga        una carne percudida en sal


nunca se pondrá viejo


Indocumentado 4 teme jamás arrugarse


mete la cabeza en el mar.


lleva el presentimiento de una costa


y el susto a los coast guards


que lo viren tan cerquita


que lo obliguen otra vez a su punto de partida que lo apunta


y lo acribilla.


!allá!


lleva los ojos llenos de onda


un radio de transistores


cara con barnículos de cal


alveolos de arrecife entre los pechos


y unas ganas lleva de largarse a ver afuera


probar suerte


hacerse de pie para la senda


de morir en el camino si lo viran.


 


*


 


cambiar de  nombre


de células de identidad


cédulas de igualita celda


dos por dos


son cable de tape en la manos


célula de grito y edad


procedencia


rito


y otra vez al mar


a cambiarse el nombre


células de inmensidad


celdas que identico se generan


helios y sol en griego con aspas


de libélula


rémora y un corral


más fuerte quel papel


aprisionando


una foto dos por dos que atrapa  mueca


de manos con cable de tape a la espalda


a panza de perrera con pestillo


a punto de partida, otro corral


y de nuevo al mar


crédula de identidad


selva de agua


con sus ciudad enorme de muertos


hinchados en sal.


 


*


 


¿Cómo es la ciudad de tu muerte mulata


dime         por dónde pisas


a la hora del barlovento de  metal-


cómo barres a las olas de la calle


para que no te vengan a dejar frente a tu casa basura de mar?


! la latas que recogerás allí en tu muerte


y las que venderás por libra pal centavo!


¿qué guagua coges


qué carrito chevy del 78 y con problemas de ignición


cuántas sopas de alga con pelícanos habrás hecho pa llevarle a la vecina


y cuantas bachatas y danzones oirás por la radio en burbujitas


esperando que pase el submarino o el atún


que van hacia el Canal de Panamá?


¿cómo limpias casas de indocumentados que se han hecho ricos ahuyentando pescadores?


dime mulata


de la falda roja


¿cómo es la ciudad de balsas por donde transitas


con tus ojos desnudos al fin


de tanta costa?


 

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