Poesía

Un poema de John Ashbery

Adiós al poeta estadounidense

"Muchas veces me preguntan por qué escribo poemas y no sé responder. Simplemente quiero hacerlo". Hace días dejó el mundo el Premio Pulitzer y autor de Como un proyecto del que nadie habla, entre otros, nacido en 1927 en Rochester, Estados Unidos. Compartimos uno de sus poemas, en traducción de Roberto Echavarren. 

Hijo de una profesora de biología y de un agricultor, John Ashbery nació en 1927 en Rochester, Estados Unidos y falleció hace unos días, a poco de haber cumplido noventa años.

"No creo que me haya decidido alguna vez por una carrera como poeta. Empecé escribiendo unos pocos versos, pero nunca creí que ninguno de ellos iba a ser publicado o que iba a continuar escribiendo hasta publicar libros. Estaba en el secundario por entonces, y no había leído nada de poesía moderna. Después, en un concurso, gané, y el premio consistía en un libro a elección; el único que me pareció atractivo fue una antología de Louis Untermeyer, que costaba cinco dólares, un montón de plata. Así es como empecé a leer poesía moderna, que no era enseñada en la escuela en esa época, menos que menos en escuelas rurales como a la que iba yo. No entendía mucho al principio", dijo en entrevista a The Paris Review.

Tomado de Como un proyecto del que nadie habla (Mansalva), con traducción de Roberto Echavarren, aquí va uno de sus poemas para despedirlo.

 

 

Eco tardío

 

Solos con nuestra locura y nuestra flor favorita

Vemos que no hay de veras nada acerca de qué escribir.

O mas bien, es necesario escribir acerca de las mismas cosas

De la misma manera, repitiendo las mismas cosas una y otra vez

Para que el amor continúe y sea gradualmente diferente.

 

Las colmenas y las hormigas tienen que ser reexaminadas eternamente

Y el color del día registrado

Cientos de veces y variado de verano a invierno

Para que se enlentezca el ritmo hasta una auténtica

Sarabanda y se entrevere allí, vivo y reposado.

 

Sólo entonces la falta de atención endémica

De nuestras vidas puede enroscarse alrededor de nosotras, amistosa,

Y con un ojo puesto en esas largas sombras teñidas y afelpadas

Que hablan tan hondo a nuestra falta de preparación y

Conocimiento acerca de nosotros mismos, los motores parlantes de nuestro día.

 

 

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