Inventario de lugares propicios al amor
Martes 26 de marzo de 2013
La curaduría de poemas del mes de marzo estará a cargo de una figura fundamental en la edición de poesía en castellano, Jesús García Sánchez, más conocido como “Chus”, de la insoslayable editorial Visor de España.

Seleccionado por Jesús García Sánchez:
En el año 1967 la tristeza y la miseria eran los denominadores comunes de la sociedad española; cualquier indicio de alegría, de salir de las normas más estrictas y lúgubres impuestas estaban vigiladas: “Por todas partes ojos bizcos, / córneas torturadas, / implacables pupilas, / retinas reticentes, / vigilan, desconfían, amenazan”. Es este año el de la publicación del libro Tratado de urbanismo, de Ángel González, uno de los libros fundamentales de la poesía española de los últimos años. González incorpora la ciudad a su imaginario poético porque “es el espacio histórico social en el que discurre la existencia cotidiana”, y da muestras de que es un verdadero maestro en el arte de la ironía; usa la ironía porque no puede haber una herramienta más eficaz contra la realidad, ese día a día que está minando a la sociedad de manera implacable y brutal. El poema es una alegoría de aquella España inhabitable en la que el amor, la alegría, el bienestar no tienen cabida, solo represión, desconfianza y temor en un territorio hostil que sólo ofrece odio. González tenía claro que sólo aquel que tenga interés por contar lo verdadero puede ser poeta porque la poesía es verdad, debe exponer la realidad, y si, como en este caso, no es posible, para eso está la sátira, el sarcasmo o el cinismo. El poema comienza con todo el pesimismo y la frustración, cerca de la derrota interior que presiente, y con precisión y amargura va detallando lugares propicios, peligrosos o imposibles: la felicidad no es posible, el amor es imposible porque esos ojos bizcos acechan para que la alegría o la ternura no puedan aparecer, que hasta las sonrisas huyan de nuestras caras. Únicamente se permite la soledad, el aburrimiento, la postración: sólo quedan autorizados los caminos que puedan conducir a la indolencia y al odio. Extraordinario retrato de una sociedad en un país de dictadores. Y acabo con unas palabras del propio Ángel González, que bien parecen escritas para esta ocasión: “inevitablemente, el poema ha de ser necesario para quien lo escribe, si se quiere que después sea legítimo para quien lo lea”.
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Inventario de lugares propicios al amor
Por Angel González
Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
—sin interés alguno—
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.