Vida de Borges
Viernes 09 de octubre de 2026
Hernán Ronsino lee Jorge Luis Borges, un destino literario, de Lucas Adur, una biografía sobre “la vida simple de un escritor extraordinario”.
Por Hernán Ronsino.
Antes de que se vuelva a hablar de la vida de Borges por dos acontecimientos que generaran reacciones diversas (el documental de Mariano Llinás que se acaba de presentar en Venecia y la reedición del Borges de Bioy en varios tomos), es necesario detenerse en un inmenso libro que salió publicado a fines del año pasado en España, y que ya se consigue en librerías argentinas. Se trata de Borges, un destino literario escrito por Lucas Adur.
Contar la vida de cualquier persona es un desafío, pero hacerlo con Borges suma la dificultad de contar la vida de alguien que ya está cristalizado en el imaginario popular y de quien se conoce casi todo. Hay algo que plantea Marcel Schwob que tal vez Adur haya tomado en cuenta. En Vidas imaginarias, el francés admirado por Borges, tan admirado que toma como modelo ese libro para escribir su Historia universal de la infamia (aunque, como plantea Adur, no lo reconoce a la hora de la publicación, reconoce más bien las influencias de “Chesterton, Stevenson y tal vez cierta biografía de Carriego”), dice que la vida de un pobre actor vale tanto como la vida de Shakespeare. Lo importante es encontrar la singularidad de esa vida, lo que hace que esa vida sea única, especial. Adur expone, ya desde el título de esta biografía, la singularidad de Borges: su destino literario.
Esa pregunta por cómo se narra una vida, se manifiesta también en la obra misma de Borges. Porque Borges narra vidas reales e imaginarias para construir héroes y poetas (hasta ensaya diálogos imaginarios en las noches de desvelos amorosos). Carriego es un buen ejemplo de eso. “El salteado trabajo del narrador era encontrar recursos para lidiar con el copioso estilo de la realidad”. Dice Adur que en la biografía de Carriego –el poeta orillero– Borges se detiene para encontrar allí un modo, un estilo: la elipsis, el montaje cinematográfico, la búsqueda de imágenes que condensen un destino.

Contar vidas es parte de la búsqueda borgeana. En su primer libro de relatos, después de la biografía de Carriego, lo sigue explorando. Por ejemplo, en “El impostor inverosímil”. Hay allí una teoría magistral de la narración. Una teoría sobre el verosímil. Borges piensa todo el tiempo sobre el truco y los efectos de realidad que produce la escritura. En otro cuento, ya de Ficciones, “Tema del traidor y del héroe”, la búsqueda está en cómo se construye un héroe, cómo se vuelve verosímil el relato que va a encubrir el lado oscuro de Kilpatrick. La literatura le sirve a Borges para alterar la historia: o, mejor dicho, Borges muestra cómo la ficción modela también los hechos, la trama de la realidad. En “El sur” ahora es Borges mismo el héroe del relato. Un héroe torpe que se golpea la cabeza con una ventana y que imagina la salvación en un duelo mítico. La vida no puede terminarse así, tan absurda, gris y sin sentido.
Siguiendo esta línea, este destino literario, hay una escena en la vida de Borges que puede pensarse como la síntesis del efecto borgeano. Adur cuenta que Borges realiza un viaje por Europa, acompañado por María Esther Vasquez; Borges recorre distintos países y lo que busca en cada lugar son esos icónicos espacios que la literatura convirtió en símbolo. Por ejemplo: “Borges aprovechó para realizar algunos de sus ritos: en Friburgo, donde languideció Hölderlin, recitó fragmentos de Hiperión; en el Báltico, poemas anglosajones dedicados a ese mar; en Dinamarca conoció el castillo de Hamlet, en Elsinor”. Borges viaja en busca del efecto literario. Contemplando lo que la literatura hizo sobre el territorio. La literatura marca el territorio y lo convierte en santuario.
La amistad con Bioy, las inseguridades amorosas, su vínculo con el peronismo, la madre, el mundillo cultural del siglo XX, en esta extraordinaria biografía, Adur construye, con la prosa de un gran narrador, la vida simple de un escritor extraordinario cuya singularidad está en vivir bajo el destino manifiesto de la ficción.