Prólogos

Una marca de época

Juan Martini presenta un clásico de Osvaldo Soriano, A sus plantas rendido un león (Seix barral): "Soriano fue uno de los escritores más atentos y sensibles a la evolución de la lógica y la política del mercado y de la industria editorial".


Por Juan Martini.


A sus plantas rendido un león (1986) está precedida por las tres primeras novelas de Osvaldo Soriano (Triste, solitario y final, No habrá más penas ni olvido, y Cuarteles de invierno), y a su vez precede a las tres últimas (Una sombra ya pronto serás, El ojo de la patria y La hora sin sombra). Situada entonces en una suerte de amplio centro geométrico de la producción novelesca de Soriano, y de su propia vida pública como escritor (1973-1997), A sus plantas rendido un león es por un lado un puente con las alternativas dislocadas y paródicas de Triste, solitario y final y, por otro, también un engarce con la que sería su sexta novela, El ojo de la patria, con la que comparte un curioso juego de máscaras. En A sus plantas rendido un leónlas máscaras son los gorilas que asaltan el poder imperial en un remoto país africano. Por su parte, y en sí misma, la presente novela es otra suma de peripecias que a su vez se mueven entre una nueva evocación de los diálogos de Stan Laurel y Oliver Hardy y la parodia de novelas de género (en este caso, la diplomacia) con protagonistas imaginados por Graham Greene y perdidos en confines no demasiado lejanos en su descentralización de este imaginario país llamado Bogwutsi y del que se puede deducir, a partir de los datos que aporta la novela, que quizá esté superpuesto sobre el pequeño Burundi, un país del este africano rodeado por Ruanda, Tanzania y la República Democrática del Congo.

Soriano fue uno de los escritores más atentos y sensibles a la evolución de la lógica y la política del mercado y de la industria editorial. Desde principios de la década del 80 las reglas de juego comenzaron a cambiar en la Argentina ––del mismo modo que cambiaban en el resto del mundo occidental–– y algunos novelistas entendieron que para ellos no estaba reñida su propia ética con la demanda creciente por parte de la industria de una literatura capaz de satisfacer el interés de un público que no ha dejado de existir. Los lectores, en general, no han abandonado la novela, pero han tomado visible distancia de las novelas argentinas. Ese público reclama en ocasiones historias comprensibles y sólo a veces un halo de dificultad que rápidamente pueda rentabilizarse como otro signo de consumo conspicuo. No todos los que concurren a exposiciones masivas de arte (trátese de Dalí, de Botero o de Kuitca), saben de qué se trata. Del mismo modo, no es lo mismo una novela que una película o una ópera inspiradas en una novela. Por eso Soriano, que fue uno de los primeros que advirtió que a las editoriales les interesaba, y mucho, un segmento de la creación literaria que estuviese en condiciones de salir a lidiar sabiendo de qué se trataba, fue claro y firme en sus exigencias. También es cierto que no entraba en sus cálculos ––como lo dijo alguna vez–– perder un solo lector. Sabían sus amigos, conocidos y allegados que Osvaldo Soriano soñaba con vender un día toda su obra a una editorial cobrando un anticipo de un millón de dólares y con que alguna de sus novelas se filmase en Hollywood. Hasta su muerte, había logrado un contrato de medio millón de dólares, y le faltaron algunos pasos para llegar a Los Ángeles, pero el cine argentino le abrió las puertas. Inteligente, simpático, pícaro y dueño de un magnetismo perdurable, Soriano logró en pocos años una popularidad inusual para un escritor, y la primera edición de sus plantas rendido un león fue un fulminante éxito de ventas.

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La ocupación de las islas Malvinas en 1982 por parte de la ya declinante dictadura que había usurpado el poder en 1976 es en este libro el soporte sobre el cual Soriano construye una comedia de enredos protagonizada, antes que nada, por los vaivenes de la política del mundo entero en medio del conflicto entre Afganistán y la Unión Soviética, y virtualmente en vísperas de la caída del Muro de Berlín. El error garrafal que desde una perspectiva político-militar constituyó la ocupación de las Malvinas concluyó con la derrota contundente del ejército argentino y con el rápido desmoronamiento de los restos de la dictadura, que en 1983 convocó a elecciones y devolvió el poder a la sociedad civil.

Las novelas de Osvaldo Soriano (como las novelas de Roberto Arlt o las de Manuel Puig) son una marca de época y pueden ser leídas como una articulación entre la literatura contemporánea que la precede y la literatura que vendrá. Algo encierran las novelas de Soriano que enlazan dos momentos históricos, políticos y culturales como una bisagra que tiene por eje el interior de una época. Antes que la excelencia o el porvenir de la obra literaria, lo que acá importa es su condición de aparato cultural que contiene y decodifica ciertas claves de su tiempo. Si No habrá más penas ni olvido, Cuarteles de invierno y La hora sin sombra son hoy de lectura insoslayable, A sus plantas rendido un león tiene un mérito que no se iguala con facilidad: es una novela de urgencia que traza con intuiciones infalibles y tono irónico el boceto inquietante de un mundo que estaba por llegar. Y llegó.

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