Poesía

Un realismo de la intimidad: tres poemas de Marilyn Contardi

De su obra poética reunida, En constante inconstancia

Editorial EDUNER acaba de publicar la obra reunida de la poeta y cineasta santafesina, oriunda de las tierras de Saer y Juan L. Ortíz.

Nacida en Zenón Pereyra, Santa Fe, la cineasta y poeta Marilyn Contardi es poeta y cineasta. Autora de más de una veintena de films documentales -entre los que se destaca Homenaje a Juan L. Ortíz-, lo es también de cuatro libros de poesía que ahora reúne editorial EDUNER bajo el título general En constante inconstanciaLos espacios del tiempo (1979), El estrecho límite (1992), Los patios (2000), y Cerca del paraíso (2011).

"La poesía de Contardi confluye en sus miniaturas hacia eso que Analía Gerbaudo llamó, junto con la poesía de Estela Figueroa, el realismo de la intimidad", dice en el prólogo Jorge Monteleone.  

 

 

Las granadas

 

Te digo, de las cuatro luces del día

he visto todas -no viste ninguna-.

He retenido, he acariciado al fin

el fino polen ámbar, la amarilla

 

pelusilla infantil en el rosa-

damasco huidizo del anochecer.

 

Unas limaduras de oro al mediodía.

 

El rojo-leonado de pétalos del alba.

 

Y la miel del higo rajado a la mañana.

 

¿Y las granadas,

                      abiertas?

 

¿Las granadas...?

                        Esas...

                                  ¡Ahhhh!

 

¡Las granadas, rubíes codiciados,

apretados de golpe entre los dientes

estallaba, fabuloso, el verano!

 

Devoradas al amparo del cerco

la lengua iba directa al corazón

por la hendidura. A la sombra

de los paraísos, junto al campito.

 

Y eran robadas

siempre

pero siempre robadas.

Las granadas...

 

 

 

 

Taza de té 

 

Me gustaría poder decir:

"a cup of tea" como los ingleses,

apretando "tea" entre los dientes

como una vibrante escama de aire,

pero no puedo y mi "taazaa de tée"

con sus vocales amplias se posa

en su blancura de porcelana

sobre la oscura mesa, igual

a un nenúnfar en las aguas de espejo

bajo el infinito estrellado.

 

 

 

 

Tarde de verano

 

Larga, verde, caminadora tarde

por los caminos índigos bermejos

contra el cielo abierto al infinito

desbordando sobre los pinos.

 

Azules parvas. Un azul de metileno

y lino entre las pajas,

la sequía chisporroteaba rumores.

 

La miel se añeja en el panal,

y el oculto final del camino

asperja un agua rosa

sobre las casuarinas.

 

Quien por caminos va caminando

turba, aun discreto,

la tierna beatitud de la tarde.

 

 

 

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