Poesía

Un poema de Circe Maia

Fuente | Iván Franco para La Diaria

El ruido del mar

"En su cántico está la vida cotidiana, el rito diario, pero todo trémulo", decía de sus versos Marosa Di Giorgio. Descendiente de griegos, nació en Montevideo en 1932 y publicó su primer libro a los diez años: "Escribimos sobre lo que podemos percibir desde nuestra pequeña ventana".

Descendiente de griegos, nació en Montevideo en 1932. Es escritora, poeta, profesora y traductora, y publicó su primer libro a los 10 años: Plumitas.


"No hay que reducir el pensamiento sólo al lenguaje. Creo que la lingüística es un poco imperialista, porque mirá si no es otra forma el lenguaje plástico, y hablamos de ritmos; el lenguaje musical rompe los ojos. Una frase musical, una idea de música. Y en poesía sucede lo mismo. No puede decirse: “A ver, ¿qué idea expresó aquí?”. Porque no se reduce a eso", respondía en entrevista a La Diaria, en ocasión de recibir el Gran Premio a la Labor Intelectual en Uruguay.


"En su cántico está la vida cotidiana, el rito diario, pero todo trémulo, tocado, como leve y definitiamente alterado. Vienen señas, se oyen avisos, la preencia alta y recta, o sigilosa, está de nuevo ahí", predicó de su poesía Marosa Di Giorgio.


 


 


 


El ruido del mar


Hay un tejido, una red luminosa
que tiembla en la arena, por abajo del agua.
Se ve a través del verde transparente
como una temblorosa trama.

Cuando la ola rompe su espuma
quedan burbujas sueltas, chiquitas
sobre la piel del agua:
brillan intensa, nítidamente
en seguida se apagan.

Por la suave curva de las olas
sobre su lento avance
sobre su amplio movimiento seguro
la luz resbala.
Se deslizan los resplandores
por los movedizos toboganes del agua.

Ruido del mar, qué golpe derramado
qué entreverada voz y qué sonido
tan confuso y oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.

Todos los límites
firmes y recortados
todo con su color tan decidido
los colores tocándose
uno al lado del otro, sin mezclarse.

Y parece que cada uno: limpio
y liso azul, rojo tejado
verdor brillante
diera un sonido puro e inaudible
y todos un acorde fuerte y claro.
Pero el ruido del mar no se comprende,
se desploma continuamente, insiste
una y otra vez, con un cansancio
con una voz borrosa y desgranada...

Y no se sabe
qué es qué quiere o qué pide
el turbio ruido oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.


 

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