Poesía

Tres poemas de Efraín Barquero

Poesía chilena

Tomados de El pan y el vino, tres poemas del Premio Nacional de Literatura chileno.

Premio Nacional de Literatura en Chile, Efraín Barquero nació en el pequeño poblado de Piedra Blanca, cerca de Teno, provincia de Curicó, el 3 de mayo de 1931. Vive alternativamente entre Chile y Francia, país donde estuvo exilado y trabajó desde 1075 a 1990 y donde permanece una parte de su familia. Ha viajado y residido en países del Extremo Oriente, América Latina y Europa, como China, México, Colombia, Cuba.

Entre sus libros publicados se cuentan Árbol marino, La piedra del Pueblo, Enjambre, El pan del hombre, Poemas infantiles, El viento de los reinos, Arte de vida, A deshora,
La mesa de la tierra y El pan y el vino, publicado por LOM en 2008 en Santiago de Chile, del que tomamos los tres poemas que siguen: 

 

 

 

 

Un pozo / un árbol

 

Veo al mismo extraño en el jardín

detenerse ante un árbol

                                  acariciar su tronco

-el mismo que muere en mí cuando me voy muy lejos

-el mismo que me aguarda florido

                                                 entre la puerta y el pozo

-diciéndome que todos los caminos del hombre se parecen

que un extraño

                     es el sueño de un invierno muy largo

al olvidar el rincón donde nació

la mesa donde comió con los suyos.

Al olvidarlos

                 perdió como el hilo que une una vida con otra.

Y hoy camina por dentro de sí mismo

donde nunca se halla la puerta

                                            dando vueltas

alrededor de un pozo sin fondo.

 

 

 

 

 

El lugar / el instante

 

Al hablarme de ese lugar

                                   me siente más cerca

con ese gozo secreto de verlo por fin en los ojos de otro.

Y saber que si él se muere antes

                                               yo quedaré bajo su hechizo.

 

Desde ese momento me considera más que a un hermano

más que si nos hubiéramos bañado en el mismo río de origen

-el suyo que él conoce de fuente a desembocadura.

Porque yo oigo su rumor cuando me habla de ese lugar

a donde nunca vuelven los hombres

                                                    sino los hijos del hombre.

Desde ese momento él siempre se adelanta a mi paso

como si quisiera mostrarle lo que existió antes

de mi nacimiento

                         algo que yo veo ahora en sus ojos

cuando calla

                  cuando desaparece tras sus palabras.

 

 

 

 

 

La distancia entre el cielo y la tierra

 

Yo lo vi acercarse como si fuera un extraño

y cuando cruzaba sentí ese olor a niebla profunda

que envuelve a todos los viajeros

                                                      al encaminarse a su destino.

Yo sentí de nuevo ese primer impulso que nos hace ser hombres

cuando es invierno

                              cuando todo se cierra en torno

-quise romper el gran silencio de la tierra y el cielo.

El desconocido se volvió como si el eco de mis pasos

tropezara con los suyos

                                      haciendo de todos los caminos

el único camino por donde los hombres se conocen.

Se detuvo

                me miró como buscándome a través de los años.

Yo lo reconocí de inmediato después de ver

que la distancia entre el cielo y la tierra

                                                                 era la misma de antes.  

 

 

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