Poesía

Tres poemas de Darío Cantón

Poesía argentina contemporánea

El Premio Konex argentino reedita La mesa por editorial Zindo & Gafuri: escrito hace cincuenta años, el libro nació de un sueño. Compartimos tres de sus poemas.

Nacido en 1928, Dario Canton es Profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires, graduado en Filosofía y posee una maestría en sociología en la Universidad de California, Berkeley. Desde el 2000 publica De la misma llama, autobiografía intelectual centrada en la escritura de poesía en ocho tomos.


Hasta el momento, alternó publicaciones de poesía y sociología: La saga del peronismoEl parlamento argentino en época de cambioCorrupción de la naranjaMateriales para el estudio de la sociología política en la ArgentinaPoamorio; La política de los militares argentinosGardel, a quién le cantásLa mesaElecciones y partidos políticos en la ArgentinaPoemas familiaresAsemalAbecedario Médico CantonEl pueblo legisladorElecciones en la ciudad (tres tomos); Una hipótesis rechazada (ambas en colaboración).


Ahora, editorial Zindo & Gafuri reedita La mesa, escrito hace cincuenta años, un libro que nació de un sueño. Demian Paredes, en su prólogo, escribe: "La mesa tendrá 2604 versos, con listados de descripciones, comparaciones, parentescos, asociaciones y “deformaciones” (masa, misa, mosa –por moza–, musa…); “catalogando”, “historiando”. Con versos con “definiciones” sorprendentes, paradojales, como aquellos que hablan de la muerte y el catafalco que sostiene el ataúd como algo que sería “el comienzo/ de la vida subterránea”. También, tipos de mesas: “mesas de dibujo/ mesas de operaciones/ mesas de torturas/ mesas de saldos/ mesas de correos”, entre muchas más. Y originales hallazgos: “mesántropo/ híbrido de mesa y hombre”; con todo tipo de paráfrasis irónicas y humorísticas; en varios casos, tomando frases célebres, como las de Mahoma, Heráclito, Galileo Galilei, Ortega y Gasset (“¡Argentinos, a las mesas!”)… Es un trabajo imaginativo y proliferante, abarcador y amplio, potente".


 


 


I. DEFINICIÓN


 


La mesa


se compone


de una tabla


horizontal


o piedra


—caso del dolmen—


colocada


a cierta altura


sobre el piso


y tres, cuatro


o más patas


que la sostienen


excepcionalmente dos


(por lo común


de uso religioso)


acaso una.


Está hecha


de madera


o mármol


hierro


cobre


oro


fórmica


vidrio


o cualquier


material


a inventar


por grandes


o chicos


—puede ser arena—


y pintada


si acaso


de diverso color


generalmente el mismo.


 


 


 


 


 


VI. MESAS CÉLEBRES


 


Son muchas las mesas


que han brillado


en la historia


con luces propias.


Puestos a seleccionar


recordaremos


entre los romanos


a Mesalina


que era una mesa promiscua


famosa por las orgías


a las que se entregaba.


En el mundo islámico


la mesa de Mahoma


ha llegado


hasta nuestros días


en dos palabras


que son el símbolo


mismo de esa religión


Meca


de Mesa - Meska


con caída posterior


de la s


y mezquita


de mesa-qwita


"el lugar de la mesa"


con metaplasmo


por contracción;


igualmente en el dicho


vigente


pintan


las desventuras


que este ambiguo ser


sufre


por su doble


y desgraciada condición


escrita por Molière.


 


 


 


 


 


IX. ETIMOLOGÍA


 


La antigüedad


de esta palabra


cuyos orígenes


se confunden


con el principio


del mundo


puede rastrearse


en compuestos


de los que


forma parte


como la voz


Mesopotamia


cuna de la


civilización


que nos habla


de una mesa río


simbolizando


el eterno


fluir de las cosas


tan bien captado


por Heráclito de Efeso


el oscuro


al sentenciar


que nunca


nos sentamos


dos veces


a la misma mesa;


o en mesías


con que se


representa


al salvador


y descendiente


de David


prometido


por los profetas


al pueblo hebreo.


En un tono menor


meseta


nos la muestra


en una etapa


más tardía


con el valor


de accidente


geográfico


visto a través


de sus ojos;


anteriormente a ella


sin embargo


el mundo


era una mesa


plano


que luego se curvó


y cerró


para convertirse


en el globo


que hoy nos es familiar


decididamente


una decadencia


con respecto


a aquella forma


primigenia.


La mesa


además


tiene valor de cambio


de dinero


como se ve


en mesada


donde


su antigua acepción


subyace inadvertida


para deleite


de filólogos;


y mes


para dar


un ejemplo


flagrante


¿qué es sino


apócope


de mesa


la medida


que corta


los años de


nuestra vida


en doce partes?


Más aún


la misma idea


se refleja


en mensura


poniendo


en evidencia


lo básico


que resultaba


la mesa


como unidad


de medida.


Pasando


a otro aspecto


señalaremos


que el diminutivo


de mesa es


banco o banquito


—no mesita


con leve matiz


peyorativo—


corno lo saben


los enanos


que en ellos


almuerzan


e ignoran


los guitarristas


y bandoneonistas


que desaprensivamente


apoyan sus pies


en los mismos.


Aumentativo


de mesa es


mesón


originalmente


la mesa comunal


cuna de la ciudad


con todo lo que ella


significa


como salto adelante


para la vida del hombre


en sociedad


y más modernamente


en física nuclear


y como índice


del creciente reconocimiento


de la importancia


de la mesa


una partícula


que asegura


la existencia del átomo.


Como forma verbal


perdura


en la expresión


mesarse los cabellos


con la que se alude


al deseo de hacer


de la cabeza


una tabula rasa


o sea mostrar


su verdadera faz.


Algo de esto


pervive


en ciertas zonas


de los continentes expoliados


donde hombres y mujeres


usan la cabeza


como mesas ambulantes;


en otro contexto


puede verse


en lo que hizo


Guillermo Tell


al colocar


una manzana


sobre la cabeza


de su hijo


convirtiéndose


en precursor


involuntariamente


de las naturalezas muertas.


Se reconoce también


la presencia


de la mesa


en una supuesta


incorrección


del habla rioplatense


acerca de la que insisten


muchos autores


poco versados


en historia de la lengua.


Nos referimos


al llamado vicio de inversión


mesismo según nosotros—


de los pronombres personales


en expresiones como


"me se cayó la tuerca


debajo del camión".


Se trata


de un caso más


simplemente


del mantenimiento


entre las clases populares


tradicionalmente piadosas


de antiguas fórmulas


de invocación religiosa


pre-colombinas


que comenzaban


con el vocativo Mesa


—o la divinidad—


repetido


en numerosas ocasiones


y tonos


según la importancia


de lo solicitado


que luego


ante el choque


con la cultura española


católica y dominante


se enmascaró


en una


alteración


de la fórmula


de los conquistadores


para mejor sobrevivir.


(Ejemplos recientes


frente a nuevos colonizadores


han tenido menos éxito:


la antigua palabra


mesología


o el estudio integral


de la relación


entre las mesas


y el medio que las circunda


ha sido reemplazada


por ecología


de uso común


en el área


de habla inglesa).


La mesa aparece


finalmente


en muchos apellidos


diversos


según las peculiaridades


de cada idioma


y evoluciones


sufridas por las lenguas.


Entre nosotros


pueden mencionarse


Lamesa


que es la versión madre


y alternativas


que se apartan


progresivamente de ella


como Salame


Samela


o Lezama


que además es un parque


de la ciudad de Buenos Aires.


Formas


algo más complejas


incluyen Chemes


con el argentinismo che


proclítico y confianzudo


y caída de la a final


Caramés


con la triple acepción


de rostro, costosa y querida


como lo recuerda el dicho


"al que quiera celeste


que le cueste"


Amézaga


o mesa


radicada en el Uruguay


que alcanzó la presidencia


y Cantamesa


o Cantalamesa


(con una o dos eses)


testimonio


de que alguna vez


las mesas tuvieron voz


y cantaban


siendo


para los antiguos


se sabe


lo que para los poetas


del siglo diecinueve


era el ruiseñor.


 


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