Poesía

Tres poemas de Damián Ríos

Foto por: Timo Berger

Pan y cielo es la antología del poeta entrerriano que publica Tenemos las máquinas.

El poeta y editor Damián Ríos nació en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, en 1969. Publicó los libros de poemas La pasión del novelista (Ediciones del Diego, 1998), De costado (Ediciones del Diego, 1999), El perro del poema (Vox, 2004), Como un zumbido (Gog y Magog, 2008), Soy Pata (Neutrinos, 2012), El verde recostado (Caballo negro, 2013) y Hace mucho tiempo (Iván Rosado, 2017). En narrativa publicó las novelas Habrá que poner la luz (Ediciones del Diego, 1999), Entrerrianos(Mansalva, 2010) y la colección de cuentos Bajo cero (Iván Rosado, 2013).


Ríos cofundó y dirigió Interzona editora entre 2002 y 2006, la empresa de servicios Recursos editoriales  y en 2010 la editorial Blatt & Ríos, que actualmente codirige junto a Mariano Blatt.


Pan y cielo, publicado por Tenemos las máquinas, es una antología que reúne poemas de varios de sus libros. Elegimos los siguientes para compartir:




A la tarde, a la noche y a la mañana


van estos pensamientos, a las nubes 


de los días nublados y al sol


que las ilumina desde arriba y colorea


el día con esa luz tristísima, en la que se 


confunden las paredes blancas de los edificios


con el aire y hace pensar que las ciudades


flotan sin gravedad y en las que apenas pesa 


el rumor de la hermosa vida 


que fluye sobre la Tierra. 





 



Un pasillo por donde circule viento fresco


Está esa luz entrando


las cortinas


se mueven apenas


un poco de viento cambia de lugar.



No hace tanto calor. 


No se puede gritar, en esta sala


no se puede gritar ni poner


música ni prender los ventiladores 


de techo como quien prende, así, 


ventiladores de techo, dice la enfermera.


Ni recibir visitas. 


Se va, el paraguayo de la ocho


se va, se lleva su colección de diarios


viejos, su bolso. Lo viene a buscar


la novia, una que toma clases de inglés


los sábados a la mañana en una parroquia de Palermo. 


Se va, se detiene frente a mi cama, me saluda. 


Me deja desodorante, papel higiénico, 


jabón sin usar. 



Esa luz


entrando


cortinas


un poco de aire cambia de lugar. 



Un día que puede ser catorce de enero, 


cuatro, cuatro y pico de la tarde, 


el sol entero


en el techo del taller de al lado, miércoles. 


¿Y si viene mi hermano y dice


acá adentro no podés seguir? ¿Y si no viene?


¿Y si viene pero se queda parado


en la puerta de la sala, 


pitando un cigarrillo, sin querer entrar?


Afuera hay dos tipos de gente, es lo primero


que dice mi hermano: están los que a las tres


de la mañana, en medio de una tormenta, salen


a conseguir monedas, cervezas;


están los otros, dice. 


Además, los policías se sacan los chalecos naranjas, 


se ponen impermeables oscuros. 


Dice todo esto como si fuera muy importante. 


Aquí, o acá, nada fluye: 


todo está más bien estancado. 


Las moscas se turnan para dar una vuelta, 


no creo que llueva hasta la noche. 



Una luz


un poco de aire cambia. 



Hace un rato me pareció que Miguel, 


el paralítico de la siete, andaba


con ganas de pedirme algo. 


Le iba a decir si no quería


que lo saque a dar un rato al patio


pero después pensé mejor no, 


rengo de mierda. 



Luz


un poco de aire. 



No puedo empujar el humo del cigarrillo


hasta el fondo


porque en el fondo


apenas


hay una sombra pinchada.



Luz


aire, aire.



El doctor no me mira


mira a sus colegas


dice sí, 


está mejor, bastante, 


bastante mejor


los colegas asienten


juntan las cabezas


se acomodan 


anteojos


miran


la radiografía



un pulmón flamea en blanco y negro. 


 








Ayer le dije te amo 


Ayer


le dije te amo


a un amigo


no se lo dije


se lo escribí


en un mensaje 


de texto


que no era para él


era para mi mujer


le quería decir


que estaba atrasado


y le puse te amo


y mi mujer se rio


cuando le mostré


el mensaje


y yo me reí


y mi amigo se rio


y ahora se me ocurrió


que nadie sabe nada 


del amor


y la poesía tampoco


sabe nada


y esto era lo que quería


decir la otra noche


en la presentación 


de una revista de poemas


la poesía no sabe nada


nadie sabe nada


y que no es nada


no saber nada


eso me lo enseñó


mi mamá 


cuando era chiquito,


no es nada, me decía, 


no es nada.


 

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