Ficción

Tres cuentos brevísimos elegidos por Borges, Bioy y Ocampo

Incluidos en la Antología de la literatura fantástica, de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, estos hallazgos son dignos de atención.


 

 La Antología de la literatura fantástica, de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo es un verdadero hito en la historia de las antologías nacionales. Tres destacadas figuras del mundo argentino de las letras nos ofrecen lo mejor de un género literario que siempre ha ejercido un atractivo irresistible en el público lector.

En su prólogo se lee: "Viejas como el miedo, las ficciones fantásticas son anteriores a las letras. Los aparecidos pueblan todas las literaturas: están en el Zendavesta, en la Biblia, en Homero, en Las mil y una noches. Tal vez los primeros especialistas en el género fueron los chinos. El admirable Sueño del Aposento rojo y hasta novelas eróticas y realistas, como Kin P’ing Mei y Dui Hu Chuan,y hasta los libros de filosofía, son ricos en fantasmas y sueños".

Elegimos tres piezas de ese clásico conjunto:
  



"Sola y su alma"

Thomas Bailey Aldrich

Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta.



.

Un creyente
George Loring Frost

Al caer de la tarde, dos desconocidos se encuentran en los oscuros corredores de una galería de cuadros. Con un ligero escalofrío, uno de ellos dijo:
—Este lugar es siniestro. ¿Usted cree en fantasmas?
—Yo no —respondió el otro— ¿Y usted?
—Yo sí —dijo el primero y desapareció.

.



Un auténtico fantasma
Thomas Carlyle

¿Habría algo más prodigioso que un auténtico fantasma? El inglés Johnson anheló, toda su vida, ver uno; pero no lo consiguió, aunque bajó a las bóvedas de las iglesias y golpeó féretros. ¡Pobre Johnson! ¿Nunca miró las marejadas de vida humana que amaba tanto? ¿No se miró siquiera a sí mismo? Johnson era un fantasma, un fantasma auténtico; un millón de fantasmas lo codeaba en las calles de Londres. Borremos la ilusión del Tiempo, compendiemos los sesenta años en tres minutos, ¿qué otra cosa era Johnson, qué otra cosa somos nosotros? ¿Acaso no somos espíritus que han tomado un cuerpo, una apariencia, y que luego se disuelven en aire y en invisibilidad?


  

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