Entrevistas

Patricio Rago: "Buenos Aires tiene que ser declarada la Capital del Libro”

FLU

Escritores y libreros se reúnen en la Plaza del Lector , frente a la Biblioteca Nacional, para hablar de libros, recomendar y leer al aire libre.


Por Valeria Tentoni.



Buenos Aires, en primavera, se convierte en la capital de la lectura. El fin de semana pasado disfrutamos el Filba Internacional y este, que comienza mañana, una nueva edición de la Fiesta del Libro Usado. “Fiesta” y no “feria”, aclara Patricio Rago, su director. Y eso se podrá comprobar al llegar a la Plaza del Lector, frente a la Biblioteca Nacional, sobre calle Las Heras, y encontrarse con tamaña cantidad de lectoras y lectores revolviendo las ofertas de las librerías de viejo que participan.

Festival que se propone democratizar la cultura poniendo en valor el libro usado, encontró su sede definitiva en la pandemia y desde entonces se repite anualmente cada vez con mayor afluencia de público. Hay entrevistas en vivo, lecturas, música y talleres que acompañan la experiencia de rastrear en búsqueda de ese ejemplar inhallable o descatalogado.

El discurso de apertura, esta vez, estará a cargo de Betina González. Habrá música en vivo de Axel Krygier, una entrevista en vivo a Fabián Casas, y mucho más. El programa completo puede verse en la página web de la Biblioteca Nacional, que además por estos días estrena la muestra “Laiseca, el iniciado”, sobre el maestro argentino, en la Sala Juan L. Ortiz: un excelente combo para un fin de semana imperdible.

Conversamos con Rago, autor de Ejemplares únicos (Bajo la luna), sobre esta nueva edición de la FLU, a esta altura, un clásico porteño.




¿Por qué hacer una feria del libro usado?

En estos tiempos donde la realidad es tan hostil, un evento como la FLU me parece súper necesario. Más que nunca. La gente lo necesita, todos los necesitamos.

Y la verdad que es un planazo. Una feria con las mejores librerías de usado de la ciudad, que vienen con una selección de sus mejores libros. Actividades, charlas, lecturas con gente grosa, música en vivo, comida rica, todos gratis, y en un lugar hermoso, ¿qué más se puede pedir?

¿De qué nos habla esa red de librerías que se aglutinarán allí?

Lo que nos dice esa red es que tenemos una tradición muy fuerte de librerías de usado. Yo siempre digo que Buenos Aires tiene que ser declarada la Capital del Libro y la Capital del Libro Usado, porque no hay ningún lugar del mundo en el que haya tantas librerías, y en la que veas a tanta gente leyendo libros en la calle. Están por todos lados, en los bares, en los bondis, en el subte, en el banco, es impresionante. Y lo lindo también es que, gracias a la FLU, muchos libreros y libreras se conocieron y se hicieron amigas. Se armó una comunidad. Hay muchas librerías que arman ferias juntas, que se pasan bibliotecas, que se pasan clientes, eso es algo que nunca había ocurrido en el mundo del libro usado y me parece muy groso. En lugar de competir en forma individual, las librerías empezaron a organizarse y a cooperar entre todas, me parece muy hermoso.


¿Qué valor agregado tiene ese objeto, el libro usado? ¿El valor de encontrarlo, del hallazgo, de la vida anterior?

Uffff, ¡un montón! Yo soy lector de usados, los amo, los busqué y los leí toda mi vida.

Hay muchas cosas que me gustan de los libros usados y que le aportan valor. En primer lugar, la épica de encontrarlo. Los lectores de usados recordamos con exactitud el día y el lugar donde compramos un libro que veníamos buscando hace mucho. Eso no se olvida, el instante mágico en el que lo viste en la mesa de ofertas, eso es la gloria. También la vida anterior: las dedicatorias, los subrayados y las anotaciones (ese diálogo con un lector desconocido) y los papelitos que se encuentran adentro (recortes de diario, cartas de amor, boletos de tranvía, entradas de cine, flores secas, servilletas, fichas, fotos, etc), todo eso me parece fascinante. El olor... mamita. El aura de ciertas ediciones y colecciones. Los Borges en Emecé, Lolita en Sur, Los cuentos de Faulkner en Losada, la vieja Minotauro, la Alfaguara violeta, los Breviarios del Fondo, la Serie Negra que dirigía Piglia. Finalmente, el precio; por lo general suelen estar a mitad de lo que vale nuevo, a menos que estén agotados, claro.

¿Qué balance hacés de la FLU y qué expectativas?

En tres ediciones, lo que creció la FLU no tiene nombre. Pasamos de tener veinte librerías en la primera en 2022, a cuarenta en la última, de 2024. Y en cuanto a la convocatoria, pasamos de 1500 personas en la primera a 60.000 en la última. Una locura. El balance es absolutamente positivo. La difusión que tiene el evento, el alcance, la cantidad de gente que viene y flashea, lo que venden las librerías, el impacto en la cultura de la ciudad, no se puede creer. Y teniendo en cuenta este contexto terrible, en el que ya es un milagro estar pudiéndola hacer, aun así hay que mejorarla año tras año. Pensar en la gente, en la propuesta, en la organización, en la curaduría, en la programación, en las librerías, en todo.

¿Qué importancia tiene la sede, qué podés contarnos de eso?

La sede es inmejorable. La Biblioteca Nacional es un lugar icónico de la ciudad y un punto de referencia de la cultura argentina. Su apoyo es fundamental para nosotros. Por eso no se me ocurre un lugar mejor para hacerla. Y, además, la Plaza del Lector es hermosa, y la ubicación está buenísima, al toque del subte, y con un montón de colectivos que te llevan.

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