Entrevistas

Loli Molina: “No se puede vivir en un pico creativo todo el tiempo”

La cantautora estará cerrando el Festival Raizal con un recital acústico, rodeada de naturaleza, el sábado 18 de abril, con entrada libre y gratuita.


Por Valeria Tentoni.


El sábado 18 de abril, en la Chacra Las Delicias, con entrada libre y gratuita, la cantautora Loli Molina estará cerrando el escenario con un recital íntimo y acústico, rodeada de árboles y pájaros. Será el broche de oro perfecto para la primera edición del Festival Raizal, que busca integrar naturaleza y arte en una serie de talleres, charlas y talleres para toda la familia, producido por Fundación Filba.

Con esa excusa, entrevistamos a la autora de discos como Lo azul sobre mí y Rubí, cuyo último trabajo, una colección de canciones en guitarra criolla junto a Pedro Rossi, lleva el nombre de Un cosmos camina conmigo. En septiembre se espera la salida de su nuevo disco, “un disco muy muy especial para mí”, contará en esta videollamada. Radicada en el sur argentino, cerca de Lago Puelo, después de unos años en México, Loli Molina vive en la montaña, lejos de Buenos Aires, ciudad que visita cada vez menos (razón de sobra para aprovecharla en Raizal y en las fechas íntimas que proyecta en la ciudad).


¿Qué se puede contar del disco nuevo?

Es un disco de canciones originales, muy especial para mí. Es una expresión mucho más colorida y refinada, también más compleja, aunque es un disco fácil de escuchar. Para mí, son mis mejores canciones. Viene con todo ese recorrido detrás. Lo grabé en Brasil, con un productor brasilero, así que tiene una impronta más sudamericana, más abierta. Hay más colores, diría.

Lo azul sobre mí es un disco introspectivo, con preeminencia de la guitarra siempre, y de tu voz, otra marca muy tuya. ¿Qué pasó entre Lo azul sobre mí y este disco a nivel compositivo? En realidad, desde Los senderos amarillos, ¿qué se fue quedando a través de los discos?

Para mí está bueno que los discos sean siempre diferentes, que vayan reflejando un camino de transformación personal. Como artista, pienso en quien me escucha como si fuera alguien que viene a comer a mi casa: no le voy a dar de comer siempre lo mismo. Tengo un compromiso con eso y, por lo tanto, hasta que yo no siento que el proceso llegó a ese lugar donde realmente estoy lista para dar algo diferente, no avanzo. Los tiempos son los que son. En el medio hay cosas igual, colaboraciones, giras... Pero el proceso del disco es una cocción muy lenta. En este que viene, por primera vez en mi música, me volqué a escribir con otros autores. Entonces tiene algunas canciones que son solo mías, y otras coautorías con autores que me encantan. Eso trae un mundo nuevo. Como compositora, al principio por ahí tenía esta idea de que bueno, son mis canciones, las tengo que escribir sola; la búsqueda por reafirmar una identidad. En este caso, creo que la identidad se reafirma justamente a través del compartir. Y estuvo buenísimo, fue un proceso muy enriquecedor. En el disco que viene se refleja que estos fueron años de muchos cambios.

Contás esto de tus comienzos, pero también sos una gran autora de covers, de versiones de temas de otros; pienso en el cásico de Spinetta. ¿Cómo es el trabajo ante las obras de otros?

Bueno, por ejemplo, en el disco que hicimos con Pedro, que son unas nueve canciones, hay solo dos mías, composiciones que yo llevé de mi repertorio folclórico, pero las demás son versiones. Y son versiones de canciones muy clásicas, como “Luna tucumana”, son casi clichés. Y la verdad es que me encanta, me parece que está buenísimo. No necesito que sean mis canciones para reafirmar nada. Hay algo que giró en mí, hace muchos años: por supuesto que amo la música y que es mi oficio, a lo que le dediqué los últimos veinte años conscientes de mi vida, pero realmente no me identifico con un apego. O sea, lo que hago con la música no define lo que soy. Creo que esa es una de las grandes trampas de esta cultura; estamos muy acostumbrados a vernos definidos por lo que hacemos y desde varios lugares fui trabajando para trascender eso, porque a mí me interesa ser libre, más que ser música o ser no sé qué, la novia de alguien, la amiga de no sé quién, la hija de. Para mí, la música es un camino de autoexpresión, obviamente, pero es solo una parte de todo lo que soy.

Quisiera preguntarte por tu lírica, ¿cómo trabajás las letras de tus canciones y cómo alimentás ese mundo?

En los últimos años leí mucho menos de lo que quisiera, pero toda la vida fui muy lectora. Tuve una infancia y una adolescencia muy atravesada por la palabra, por los buenos libros, por la poesía. Creo que tengo una sensibilidad que es como la del haiku: me pasa mucho, no sé, que voy, acaricio un arrayán, y en la suavidad de esa corteza siento el mundo. De alguna manera, cuando escribo las letras creo que es un poco el proceso inverso de esa experiencia: me pregunto cómo hacer para traducir eso, ese contacto con las fuerzas, con los elementos, con los sentimientos, en pocas palabras. Las letras de canciones se comportan como poemas; no hay mucho espacio para decir grandes cosas, o sí, pero no es una narrativa. Durante la pandemia hice un par de talleres de escritura con Pedro Mairal, y mucho de lo que está en el disco nuevo fue escrito después de esos talleres. Ahí pude reafirmar esta búsqueda y esta inclinación natural hacia esta modalidad más como de haiku. Yo trabajo de manera muy analógica. Me gusta escribir a mano y cuando siento que está por venir una idea, sea de música o de letra, armo como un pequeño seteo que incluye, en general, algún fuego, como puede ser una vela, tener el celular para poder hacer las notas de voz, el cuaderno, la guitarra. Apagar los demás estímulos.

Captura de pantalla 2026-04-08 143046.png

El vivir en un entorno tan natural, ¿cambió los ritmos de composición?

Yo considero que el proceso creativo, en general, se comporta como los paisajes. No se puede vivir en un pico creativo todo el tiempo. Es como si el Everest nunca dejara de tener cima. En un momento, baja. Este es un lugar donde el paisaje está lleno de cumbres y de valles y de agua, cambia con las estaciones. Hay días en el invierno que llega un mensaje del grupo de vecinos que avisa que la subida está llena de hielo, así que me tengo que quedar adentro. Es un lugar que condiciona mucho tus movimientos. A veces llueve mucho, a veces hay un incendio, a veces hay nieve, a veces hay viento. Está vivo. Y yo estoy rendida a los pies de todo esto. De un lado la cordillera, del otro el Piltriquitrón, que es un cerro increíble. Donde sea que mire hay un poema.

¿Cuando componés viene todo junto, letra y música?

A veces sí, a veces no. A lo largo de los años de estar escribiendo mucho hay una sinapsis que empieza a ocurrir, porque lo rítmico de las melodías contiene los acentos de las sílabas. Muchas veces por ahí empieza primero la música, a veces viene todo junto y después trabajo y me pongo fina. Y ahí sí, ahí me pongo como más tetris, esto sí, esto no. Llego a reescribir partes enteras.

¿Cómo fue tu contacto con la guitarra y qué relación tenés con ese objeto?

A través de los años fue cobrando distintas importancias y distintos lugares. Miro la guitarra y todo lo que tengo en esta vida es porque la guitarra estuvo conmigo. Ha sido mi compañera, mi amiga, mi niñera, después mi trabajo, mi oficio y mi sustento, mi canal para muchas cosas. Es una relación que no es tan liviana porque hay mucho ahí y por momentos necesito distancia. Ya no estudio como estudiaba antes. Cuando era chiquita, en principio yo tenía un teclado que se enchufaba, eso ya requiere de una interfaz. Cuando descubrí que había una guitarra, que era de madera, que yo podía tener pegada a mí y sentir la reverberancia del instrumento en el cuerpo, fue increíble. La guitarra es un instrumento que se toca sobre el pecho y sobre el estómago. Es bien particular, porque realmente una recibe esa vibración. Era algo que yo podía tener conmigo cerca, que podía viajar conmigo, que podía estar conmigo. Yo sigo eligiendo tocar la guitarra de nylon, más allá de que también puedo tocar con eléctrica. Me gusta pensar que eso fue antes un árbol, como en el poema de Atahualpa que dice eso, “y florezco en guitarras porque fui la madera”. Yo nací en la ciudad, viví siempre en la ciudad, pero quería tener ese instrumento sobre el cuerpo; de alguna manera, me gusta pensar en que mi cercanía y mis decisiones en relación a tocar ese instrumento tienen que ver con algo más grande, con un propósito más allá de mí. Es realmente un instrumento hermoso, muy difícil de tocar, muy difícil de hacer sonar bien. Por momentos es frustrante. Tenés que tener muchas ganas de tocarlo y que te salga bien. Y acá estamos. Empecé a tocar a los diez, veintinueve años después sigo. Es un montón.

Dijiste que también fuiste una niña lectora: los libros también fueron árboles.¿Quién puso los libros en tu vida, en tu infancia?

Mi mamá y mi madrina también son dos personas muy lectoras a las que les interesa mucho la cultura en general. La forma de estar presente en mi infancia de mi mamá tuvo mucho que ver con eso, con estar atenta a mis inquietudes intelectuales. Yo era una nena muy curiosa, lo mejor que me podías regalar era una enciclopedia. Aprendí a leer y escribir de muy chiquita, eso estuvo muy estimulado. En mi casa por ahí no había, no sé, para comprar ropa, pero para un libro siempre hubo.

Artículos relacionados

Josefina Licitra: “Tengo toda la esperanza puesta en la literatura”

“El periodismo está en crisis porque no encontró un modelo de negocio que maride bien con el ‘espíritu de los tiempos´”, dirá la autora de El agua mala, reeditada por Seix Barral.

“Un glorioso experimento”: la italiana Feltrinelli desembarca en Latinoamérica

Conversamos con Carlo Feltrinelli, autor de Senior service (Anagama), en la inauguración de la librería uruguaya que lleva su sello.

Gonzalo Maier: “La originalidad es una trampa”

El escritor chileno llega a Eterna Cadencia Editora con libro nuevo: Hong. En esta conversación, repasamos sus obsesiones y recurrencias.

“María Moliner fue la lexicógrafa más importante de la historia de la humanidad”
Andrés Neuman visitó la librería para una entrevista alrededor de su nuevo libro, la biografía novelada de María Moliner, Hasta que empieza a brillar (Alfaguara).
Laura Wittner: “En la escritura, a la música la siento en primer plano”

La poeta, traductora y autora de libros para niñas y niños, autora de Se vive y se traduce, visitó el depósito de la librería para leernos sus versos.

“Creo que la filosofía busca la verdad, y que el mejor lugar para encontrarla es la literatura"

Florencia Abadi responde sobre El nacimiento del deseo (Pólvora), uno de los libros más leídos de nuestra sección de filosofía.

×
Aceptar
×
Producto agregado a carrito
Seguir comprando
Ver carrito
0 item(s) agregado tu carrito
×
MUTMA
Seguir comprando
Checkout
×
Se va a agregar 1 ítem a tu carrito
¿Es para un colectivo?
No
Aceptar