Entrevistas

Claudia Masin: “En la poesía autobiográfica se miente para decir la verdad”

La poeta acaba de publicar nuevo libro, Antifascista, poesía contra la crueldad (Editorial Bardos), y coordinará un taller imperdible en el Laboratorio Filba.


Por Valeria Tentoni.


Nacida en Resistencia en 1972, escritora y psicoanalista, Claudia Masin es una de las poetas claves de su generación. Publicó doce libros de poesía (entre ellos Geología, La cura, Abrigo, Lo intacto, El cuerpo) y una edición de su Poesía Reunida (La desobediencia). Ha sido editada en Argentina, España, México, Brasil y Chile. Obtuvo el Premio Casa de América de España en 2002, Fondo Nacional de las Artes en 2017 y el Premio de la revista Words Without Borders/Asociación de Poetas Norteamericanos de EEUU en 2019. Recientemente se publicó su último libro, Antifascista, poesía contra la crueldad (Editorial Bardos).

Además, Masin fue docente de la materia Poesía en la carrera de Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes de Argentina y coordina talleres de escritura, como el que ahora se ofrece desde el Laboratorio Filba: “Cuando la mentira es la verdad", un encuentro de lectura, diálogo y reflexión. Las inscripciones ya están abiertas.


El taller se pregunta cómo transformar la experiencia personal en universal en un poema: ¿cuáles dirías que son los problemas con los que más te cruzás en talleres o en lectura de poemas de quienes están comenzando a escribir? 

Los problemas con los que nos hemos cruzado todos los escritores en fases de formación (en el pasado los enfrenté yo misma y hoy los observo en los talleres) se podrían resumir en tres: la ansiedad por decirlo todo, la escasez de herramientas para decir al menos algo y las consecuencias que esa escasez de herramientas nos produce (apelar al lugar común, al cliché, a lo ya dicho, a esos lugares gastados y consumidos del lenguaje que ya no dicen nada). La universalidad, en realidad, está en el polo opuesto de todo esto. Los lugares comunes en un texto pueden hacernos creer que estamos hablando en un mismo idioma y que nos entendemos, pero en realidad son palabra vacía, convenciones que no ahondan en ningún tema, sloganes que nos tranquilizan y anestesian. Lo que hace que un poema alcance universalidad es, precisamente, cuán personal puede ese poema llegar a ser, cuán inimitable es la manera en que ese autor, esa autora traducen a palabras de un modo inédito una emoción o experiencia. Porque lo que hace a una obra de arte universal es su capacidad de conmover y de hacer explotar las convenciones, el modo en que le hace ver a otros, en lo ya visto mil veces, algo extraordinario. Y también su poder para producir una conmoción y un efecto de identificación y empatía aun en aquellos lectores que encuentran la historia, vivencia o emoción narrada completamente ajena a su realidad, lo cual podría dejarlos indiferentes.

Hablás de la verdad de la que nosotros mismos nos enteramos al leer el poema que hemos escrito: ¿creés que la escritura de poesía es una práctica de autoconocimiento?

Creo que es mucho más que una práctica de autoconocimiento. Yo la concibo como una práctica transformadora, alquímica, que nos permite hacer que aquellas historias que creemos irreversibles de nuestra vida, congeladas en un pasado inmutable, en realidad son potencias vitales que pueden ser tocadas por el lenguaje poético y convertirse en otra versión de ellas mismas. Entonces lo autobiográfico en poesía implica un elemento no menor de ficción, inevitablemente, ya que aquello que narremos será un recorte, una edición, y será –además– sesgado. Por esto es que digo que en la poesía autobiográfica se miente para decir la verdad. ¿De qué verdad se trata? De la verdad del inconsciente, de la verdad de los sueños, de la verdad de lo reprimido, es decir de aquello que ni siquiera conocemos de nosotros mismos y de lo cual nos anoticiamos a través de esa ficción donde el Yo biográfico (que es quien experimentó los sucesos) deja su lugar al Yo poético, que es atropellado por el discurso de la poesía y se encuentra con una versión de los hechos completamente nueva, que enriquece y vuelve a narrar la vieja historia pero la transforma hasta volverla irreconocible.

¿Y a la lectura de poemas? ¿Qué ocurre cuando un poema nos encuentra?

Yo soy de la opinión de que cada una/uno de nosotros tiene una especie de familia poética, que no sabe que tiene, y que va descubriéndola a lo largo de la vida. Poetas capaces de escribir poemas que nos encuentran, es decir, que nos conmueven y nos incendian la vida. En mi caso ha sido alguna vez Pizarnik, en la adolescencia, a los 20 Susana Villalba, a los 30 dos poetas muy diferentes entre sí, ramas distintas de la familia quizás, José Watanabe y Sharon Olds, Robin Myers también y algunos más que no son parientes tan directos pero sí voces con las cuales resueno. Ese es el punto, creo, la resonancia. Cuando algo que leemos nos resuena, genera un eco y sabemos que allí hay alguien que, de algún modo, nos está hablando.

Acabás de publicar un nuevo libro, Antifascista, poesía contra la crueldad (Editorial Bardos), que avanza en el plano de lo que llamás la "política poetizada". ¿Por qué decidiste tomar este camino con tus poemas? ¿Qué riesgos tiene? ¿Qué relación encontrás entre la poesía y la crueldad, la poesía y la urgencia de pronunciarse?

Creo que la poesía tiene en este momento un lugar muy importante, porque es el discurso que se opone al discurso cruel, que es el que campea en nuestro país y en el mundo. La poesía se basa en una mirada atenta y desprejuiciada hacia todo lo que existe. Una mirada amorosa. Y también se basa en una posición de desobediencia. La poesía no habla la lengua del amo, la lengua de la uniformidad, de la necesidad de oprimir al más débil, del goce en humillarlo. La voz misma de la poesía no es la voz hegemónica y altisonante de los poderosos. Es, como dice Diana Bellessi, la pequeña voz del mundo. La voz de quienes no importamos para un ordenamiento social injusto y violento. La voz de quienes muchos preferirían que no existiéramos.

El riesgo de pronunciarse, para un poeta, frente a este estado de cosas, es mucho menor al riesgo opuesto, al menos para mí. Si no me pronunciara sentiría que estoy aceptando pasivamente la indignidad a la que estamos siendo sometidos, sin resistirme y combatir ese intento de hacer de mí, de todos, el objeto de esa crueldad desatada. La poesía es el modo por el cual nos convertimos en sujetos, nos plantamos, nos rebelamos. Defendemos nuestra condición de seres humanos frente a quien nos ve y nos trata como a desechos.

¿Y qué relación encontrás entre poesía y verdad, volviendo al tema del taller?

Como dije antes, la poesía miente para encontrar una verdad que no es la verdad en la que creemos, la que le contamos a los demás, la historia congelada en el tiempo que hemos convertido en nuestro relato de vida. Encontrar esa verdad nos libera, la poesía es liberadora aun cuando resulte dolorosa. No se regodea en el dolor, entra en él para exorcizarlo, para vencerlo. Es una potencia vital.

Fuiste parte del jurado que premió a Beatriz Vignoli en el Premio Nacional de Poesía, junto a otras dos poetas. ¿Qué podrías decirnos del estado de cosas en cuanto a la poesía escrita por mujeres en este momento? Sobre todo, haciendo una comparación quizás con el momento en que vos empezaste a publicar y a escribir poemas, ¿había tantas referentes publicando como ahora?

Sí, en los 90 había muchísimas referentes mujeres, tremendas escritoras además. Mi generación y las que vienen detrás de la mía, tenemos esa genealogía: Bellessi, Gruss, Genovese, Colombo, Negroni, Etchecopar y tantísimas otras. Poetas extraordinarias y capaces de transmitir su amor por el oficio y su sabiduría. Creo que la poesía escrita por mujeres en Argentina hace tanto tiempo que está pasando un momento privilegiado que quizás sea hora de reconocer que en los últimos 40 años, por lo menos, la mayoría de los grandes libros de la poesía argentina han sido escritos por mujeres.

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