“El libro impreso es un objeto perfecto”
Viernes 24 de abril de 2026
Conversamos con Diego Moreno, editor del sello español Nørdica, que por estos días celebra veinte años de vida.
Entrevista y foto por Valeria Tentoni.
De librero a editor, el español Diego Moreno, sociólogo de formación, rastrea en la infancia el origen de su destino: hay una escena que lo muestra ante la biblioteca familiar, catalogando libros en fichas detalladas que auguraban un futuro vinculado a la lectura. Ya estudiante universitario, se dedicó a la compraventa de libros usados con un puesto en los pasillos de la facultad, y también por entonces comenzó a vincularse con la distribución, en un proyecto de libros por catálogo que sus clientes recibían por correo. Una vez graduado, Moreno tardó poco en enterarse de que no le interesaban las estadísticas ni los censos, y fue una amiga quien le consiguió trabajo como librero. Por entonces comenzaba un pequeño sello con amigos, experiencia que le dejó una enseñanza clara: “Los amigos están bien para tomar cervezas, no para montar negocios”.
En 2006, Moreno reunió energías y recursos para lanzarse a la aventura de Nørdica como editor unipersonal. Salvo en la colección de libros infantiles, es él quien toma las decisiones del sello, las contrataciones, la elección de los traductores e incluso quien hace las maquetaciones de los libros ilustrados: “Yo creo que es esencial formarte en la cadena del libro si quieres tener una editorial al menos un poco viva”, asegura.
En su visita a Argentina por la Feria del Libro, el español queda maravillado por librerías como Escaramuza o Feltrinelli, en Montevideo, y Eterna Cadencia, aquí en Buenos Aires: “En España hay un buen sistema de librerías, la red es muy potente y está extendida por todo el país. Pero no hay librerías como esta, de este tamaño, con espacios para comer dentro, donde uno se puede pasar la mañana, ni con fondos como estos: el metro cuadrado es tremendamente caro allí, entonces si bien hay miles de librerías independientes y muy buenas, no hay espacios como este, no hay es este modelo de librería tan espectacular. Los precios de alquiler son muy elevados, no hay edificios así, como este. Es otro modelo que tiene que ver con el desarrollo de las ciudades”.
Qué importante entonces el trabajo de Nørdica con respecto al rescate de clásicos, pienso, porque los convierte en novedades y de ese modo les asegura un lugar en esas vitrinas tan pequeñas y esos fondos tan ajustados, ¿no?
Sí, además la mitad de lo que nosotros vendemos son libros de fondo, autores clásicos, y también clásicos del siglo XX: autores como Silvia Plath o Ingmar Bergman, no ya solamente Dostoievski, que es un fenómeno tremendo ahora con Noches blancas, sino estos clásicos recientes que a mí me parecen muy relevantes y que han construido de alguna manera la cultura contemporánea. Me parece importante que estén disponibles en librerías, el lector y el librero lo valoran muy bien y siempre están en mesa, se agotan, se vuelven a reimprimir. Y aquí lo vemos igual, en Argentina al final se valora mucho lo que es la cultura potente. Los fenómenos literarios, de los que todos vivimos en algún momento, pasan rápido. Hay autores se venden mucho una temporada, pero el año que viene posiblemente desaparecerán incluso de las estanterías. En cambio, siempre va a haber alguien que necesita descubrir a Emily Dickinson. Y lo ideal sería que lo hiciese con Nørdica, porque son buenas traducciones, ediciones muy cuidadas, de manera que el placer, digamos, lector va a ser más completo.
Cuando comenzaron, en 2006, ¿cuáles eran las líneas iniciales?
Hubo tres colecciones iniciales. Primero la nórdica, que da nombre a la editorial, y era culturalmente la más relevante, porque no había nada en España parecido: una editorial dedicada a nórdicos no policíacos. Eso era algo rarísimo. La segunda colección fue la de los clásicos ilustrados, que durante veinte años ha sido referente en el mundo. Llevamos más de 220 títulos en esta colección. Ahí están Úrsula K. Le Guin, Ray Bradbury, enormes escritores, Lovecraft, Stephen King, que fue un sueño mío como editor. Hay un recorrido que va desde la literatura del siglo XVIII, los Románticos alemanes, hasta la literatura contemporánea, incluso en castellano, como Vila-Matas. Y luego la tercera colección es “Otraslatitudes”. Es una colección de literatura internacional, como puede ser las que tienen Sexto piso, Impedimenta o Libros del Asteroide, en la que hay desde literatura antigua del XIX, mucho clásico ruso, que a mí me interesa especialmente, hasta contemporánea. Y con buenas traducciones, además. Los rusos, por ejemplo, en España se traducían del francés durante décadas y eran traducciones imposibles. Aquí son traducciones directas que, como tú decías, refuerzan la importancia de que los clásicos tengan nuevas traducciones, para que cada generación tenga un texto adecuado a su lenguaje contemporáneo. Los traductores tienen herramientas hoy que no tenían hace 30 años. Los pilares están ahí, son sólidos. Y luego está la literatura contemporánea de calidad, con temas atractivos y que puedan aportar algo. Una cosa que me interesa mucho de los nórdicos es como hablan de la familia moderna, por ejemplo. Son libros de referencia. Hay una necesidad de repensar la familia desde la literatura que los nórdicos hacen muy bien.
Me interesa ese encuadre de pensar el libro ilustrado para adultos. Cuando comenzaron a hacerlo, ¿tenían referencias? ¿Cómo reaccionó el público lector?
En España la tradición de ilustradores del ámbito infantil y juvenil es muy potente, de hace mucho tiempo, pero a mí se me ocurrió en el año 2005, antes de montar Nórdica, preguntarme qué pasaría si a estos ilustradores tan buenos, en lugar de darles textos breves de álbum infantil juvenil, se les diese un Kafka, un Flaubert, cosas así. Y los ilustradores pueden crear con total libertad, porque lo que hacemos en Nórdica es que le dejamos libertad para que creen un discurso narrativo en imágenes que se complementa con el del texto, pero que es diferente al texto. El texto tiene su camino narrativo y el ilustrador tiene el suyo. La editorial se dedica solamente a montar el libro. La acogida fue excepcional. No había nada así en España, solo Zorro Rojo empezaba más o menos a la vez, que es como otro pilar grande de este tipo de libros. Fue un enorme éxito desde el primer libro. Durante mucho tiempo parecía que la imagen estaba vinculada solamente al público infantil. Y a mí eso me parece muy limitado.
También hay un fetichismo del libro ilustrado. Del libro como objeto, como regalo.
Eso me atrae mucho, porque aparte soy yo quien los crea. Esos libros son mis maquetas. Yo me dedico a hacerlos y lo disfruto mucho. Yo he decidido qué papel, qué tipografía, qué tiene, cómo va a ser la tapa, si va a llevar tela, si va a ser en cartón.
Es un trabajo total de artesano.
Yo defiendo mucho la parte del oficio del libro, esta visión del renacimiento del editor que busca el texto y lo hace. Eso a mí me gusta mucho como editor. Es algo específico, más de Nørdica que otros sellos.
¿Cómo es imprimir un libro en España? ¿Imprimen en China, por ejemplo, algo que acá se hace mucho?
Pues lo hace mucha gente, pero en Nørdica, no. De hecho, tenemos un sello pequeñito, un logotipo que pone que todos nuestros libros están hechos en proximidad, como si fuese de kilómetro cero. Se imprimen a pocos kilómetros de la editorial. Nunca en China, jamás. Es cierto que es tentador porque el costo en China es la mitad, pero el peligro que tiene eso es lo que pasó en Argentina: todo el mundo se fue a imprimir a China y la industria impresora, que era muy fuerte, desapareció prácticamente. Yo lo que un poco he intentado es que nos hagamos conscientes de que si queremos que en España haya industria del libro, no podemos irnos a imprimir a China porque los costes son muy bajos. No quiero parecer alguien que está dando elecciones. Cada uno decide con su empresa y yo decidí que quería hacerlo así.
También es una decisión ecológica.
Si estamos hablando de no traer cosas desde China, hay que entender que un barco contamina un montón. Y las normas en China son totalmente flexibles. Allí no importa qué tintas usan, destrozan el medio ambiente. En España hay un montón de controles. Nuestro circuito tiene, a lo sumo, 20 kilómetros. Es súper sostenible, dentro de una industria en la que trabajamos con papel, con plástico, o sea que no, tampoco que somos la industria perfecta en esto, pero al menos en la medida de lo posible limitar ese impacto. Es que el mundo del libro no está solamente aquí por el dinero, ¿no? El dinero es importante, pero este no es el negocio; si quieres ganar dinero, puede hacer otra cosa.
Y en cuestión de precios, ¿cómo quedan? ¿Muy distintos los precios que los de otros editores?
La idea era que el libro de Nórdica, el libro ilustrado, fuese un objeto de lujo a precio popular.
¿Y lo lograste?
Sí. Al final es una cuestión de equilibrar márgenes, de montar tiradas un poco más grandes para que el punto de equilibrio sea un poco menor. Y el precio unitario menor, para que esos libros llegasen a todo lector que los quiera comprar.
¿Y los precios de los libros en España cómo están con respecto al salario de un promedio de un español, una española?
Sobre todo en estos últimos años en que la vida en España ha subido mucho de precio, es carísimo todo, el precio del libro ha subido muy poco en comparación. Estamos hablando de a lo mejor un 10% máximo mientras la vida ha subido un 100% en muchos aspectos.
¿Por qué subió tanto?
Por el precio de la vivienda, sobre todo. Alquilar en España una casa o comprar un piso es una locura. Es una burbuja inmobiliaria. Tenemos la mala suerte de ser un sitio de atractivo, el primer país o el segundo del mundo en turistas, entonces la gente viene a España, millones de personas, cien millones al año, y esa gente se quiere alojar en Airbnb. La gente ha visto que es mucho más rentable económicamente que alquilárselo a una persona de tu barrio o de otra ciudad, y prefieren alquilarlo a un turista que paga cien o doscientos dólares la noche. Ante eso, ningún alquiler es sostenible. Y el problema es que no se ha renovado el parque inmobiliario, hay poca oferta y muchísima demanda. Ahora mismo, una casa que antes costaba 700 o 600 euros, ahora cuesta 1.500. Eso pasa. El sueldo no ha subido ni mucho menos. En este contexto, el libro en eso se ha mantenido bastante estable.
¿Cómo les queda el precio en Argentina, por ejemplo?
Pues una cosa que decidimos cuando empezamos a exportar fuera hace años, primero con Sexto Piso en México y luego aquí también Argentina, es que el precio sea lo más parecido o igual que España y que compita con un libro nacional en la medida de lo posible.
¿Cómo fue tu formación? ¿Cómo te convertiste en editor?
Trabajé dos años en una librería de Madrid, de una cadena. En aquella época, hace como casi treinta años, se convocó el primer máster de edición que hubo en España, que era de Santillana, con la Universidad de Salamanca, y lo pude cursar. Había mucha gente que quería entrar y yo pude hacerlo. Aprendí mucho, quizá menos de lo que ahora enseño yo a mis alumnos de máster. Ahora soy profesor de máster de edición. Pero bueno, aprendí un poco del oficio, me formé, hice prácticas en una editorial que había publicado mi libro favorito, que es Hambre, de Knut Hamsun. Y yo había trabajado antes como librero, trabajé como impresor también una temporada, y monté con otros amigos una editorial; digamos que en tres de las cuatro patas del mundo del libro trabajé, me faltaba solamente la distribución, donde no he trabajado nunca. Yo creo que es esencial formarte en la cadena del libro si quieres tener una editorial al menos un poco viva. Las librerías son el pilar de tu trabajo, es decir, si eres librero sabes cómo es una librería, las dificultades, lo que hace falta también la librería; si eres impresor, sabes la parte técnica del oficio y bueno, eso me ayudó mucho cuando decidí montar el sello hace veinte años. Me permitió tener una visión de conjunto más amplia, no solamente la de un editor que quiere publicar libros y ya está.
Leí también que Nørdica tiene especial preocupación por mantener los oficios. Hablando de la traducción, en este momento hay mucha traducción con IA, ¿Qué pensás de eso, del lugar del traductor, de esa labor artesanal?
Soy un enemigo acérrimo de la IA. No trabajamos con ella para nada. Es un peligro, es la muerte de nuestro sector. Piensas que no pasa nada por hacer una cubierta con IA, no pasa nada por traducir un libro con IA, y el siguiente eres tú quien desaparece. Desaparece el editor y desaparece todo, desaparece también el gusto por un libro bien traducido, por una cubierta bien hecha, por una ilustración bien creada... En el momento que pierdes eso, pierdes todo. Yo no soy enemigo de la tecnología, yo vivo gracias a la tecnología. Nørdica fue posible porque había ordenadores Apple baratos que me permitían a mí montar una empresa que hace cien años hubiese costado treinta trabajadores. Nuestro diseñador trabaja con todas las técnicas modernas. Lo que no creamos es nada generativo con ellas, ahí es donde cerramos la puerta. En el caso de traducción: los traductores viven mal siempre, es un trabajo mal pagado, poco reconocido. Lo único que puedes hacer tú es pagarlo de la manera más digna, respetar su trabajo y por supuesto la IA no existe en esto. Yo creo que esto es un problema y espero que en algún momento el lector, el buen lector, cuando vea que la cubierta está utilizando una imagen creada por IA, dirá lo siento, pero no compro esto. En Nørdica, además, toda la gente que corrige o participa de los libros, aparece en la página de créditos. Hay que reconocer el trabajo humano en cada libro.