Poesía

La lírica de Ramón Ayala

Tres piezas indelebles

Cantautor, poeta y pintor, Ramón Ayala nació en Garupá, Misiones, en el nordeste argentino, en 1937. También es autor de libros como Cuentos de tierra roja, Juan de los caminos y Desde la selva y el río. Aquí, tres piezas de su cancionero alucinado con la vida.

“Ando por la vida con criterios muy sencillos, una sonrisa, la verdad y la amistad. Creo que estos son los criterios que deben regir al hombre verdadero”. Cantautor, poeta y pintor, Ramón Ayala nació en Garupá, Misiones, en el nordeste argentino, en 1937. De esas tierras es oriunda también el género musical que inventó, el Gualambao.

Ayala viajó durante una década por Europa, África y Medio Oriente: en Cuba conoció al Che Guevara, pasó por Rumania, Chipre, Uganda, Kenia, Suecia, Tanzania, Irak, Kurdistán, entre muchos otros lugares impensables. En 1976 publicó su primer disco, El mensú.

También es autor de libros como Cuentos de tierra roja, Juan de los caminos y Desde la selva y el río.

Aquí, tres piezas de su cancionero: una lírica alucinada con la vida.

 

 

El cosechero

El viejo río que va
cruzando el amanecer
como un gran camalotal
lleva la balsa en su loco vaivén.

Rumbo a la cosecha, cosechero yo seré,
y entre copos blancos mi esperanza cantaré
con manos curtidas dejaré en el algodón
mi corazón.

La tierra del chaco quebrachera y montaraz
prenderá en mi sangre con un ronco sapucay
y será en el surco mi sombrero bajo el sol
faro de luz.

Algodón que se va, que se va, que se va
plata blanda mojada de luna y sudor.
Un ranchito borracho de sueños y amor
quiero yo.

 

(Sombras negras en la costa

rojo en el horizonte

plomo en el río quieto

que va atravesando el monte, el alba,

pesa en el cuerpo del cosechero dormido.

Y el algodon de sus sueños

le va tejiendo el destino).

De Corrientes vengo yo
Barranquera ya se ve
y en la costa un acordeón
gimiendo va su lento chamamé.

 

 

El cachapecero

Algo se mueve en el fondo
del Chaco Boreal
sombras de bueyes y carro
buscando el confìn,
lenta mortaja de luna
sobre el cachapè;

muerto el gigante del monte
en su viaje final.

¡Vamos...Tigre...Toro...
Chispa...Guampa...!
 
Y va encendiendo la floresta
el chicotazo al estallar
y es una mùsica crujiente
por la agreste soledad.

Camino y carro van marchando
y al rodar van despertando
en el hombre
todo un mundo de ilusiòn.
 
Cuelga una vibora enroscada
por el techo vegetal
en el peligro del pantano
las pezuñas en tropel
y un tùnel verde va llevando
dos pupilas encendidas
sobre el tronco de la vida
rumbo al sol...

¡Vamos...Tigre...Toro...
Chispa...Guampa...!

 

 

Mi pequeño amor

Mi pequeño amor
todo vive en ti
y la tierra es en tu cuerpo
fruta madura...

Me viene de ti
con tu aliento todo el misterio
que enciende la vida
y vuelve mi sangre
ternura y pasión.

Mi pequeño amor
es un río azul
es como una flor
que abre su corola en mis manos.

Todo vive en ti
el junco y la estrella que muere
y en tus ojos negros
la noche siembra su eternidad.

Y el Paraná te dio su luz
el Litoral su ensoñación
y en la magnolia de tu piel
una isla de sol.

Yo te siento latir
adentro de mi ser
como aquellas cosas
que siempre vuelven a florecer.

 

 

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