Club Eterno

Inés Garland: “La escritura está en el cuerpo"

Crédito: Valeria Mussio

En el marco del ciclo De Cháchara, organizado por Fundación Filba en la librería, recibimos a Inés Garland para celebrar el primer aniversario de Diario de una mudanza (Alfaguara, 2024).  



Por Anne-Sophie Vignolles


 

Escritora, traductora y periodista, Inés Garland es autora de novelas, cuentos y libros para niños y jóvenes que han sido traducidos a varios idiomas y premiados internacionalmente. 

La conversación giró en torno a su trayectoria, su vínculo con la escritura y la manera en que sus lecturas y traducciones dialogan con su obra. 


 

¿Cuándo supiste que ibas a dedicarte a la escritura? 

A los diez años. Inventé un cuento y me gustó mucho la experiencia; además, mis padres me prestaron atención durante cinco minutos, lo que no pasaba seguido. Ahí dije “voy a ser escritora”, aunque publiqué recién a los 46 años. Siempre escribí, mientras hacía cualquier otra cosa: fui profesora de gimnasia, productora de televisión, viajera… pero la escritura estaba. 

¿Cómo se alcanza esa “verdad emocional” de la que hablás cuando hablás de escritura? 

Escribiendo sin control, dejando que aparezcan cosas que no sabías que estaban ahí. Cuando algo te sorprende, cuando surge una imagen inesperada, ahí está la verdad emocional. No se trata de entender todo, sino de abrir la puerta y dejar que el inconsciente trabaje. 

Félix Bruzzone, que entrevistamos semanas, decía que siempre vuelve a ciertos temas. ¿Te pasa lo mismo? 

Sí, en mi caso es el desencuentro amoroso. Aparece en todo lo que escribo, para chicos y grandes, disfrazado de muchas formas: la imposibilidad de conectar, la inseguridad, la pregunta por sentirse digno de ser amado. 

Decís que escribís todo el día. ¿Cómo registrás lo que te interpela? 

Con libretas, notas, a veces sueños. No tengo rutina: hay períodos largos sin escribir y otros en que me siento y escribo dos días seguidos. Acumulo material durante años sin saber para qué servirá, hasta que de pronto se acomoda. 

¿Cuál es el hilo profundo de tu búsqueda como escritora? 

Entender un poco el sentido de mi vida. Escribiendo descubro cosas que no sabía que estaban ahí. Es una gimnasia: con el tiempo, llegar a ese lugar es más fácil, pero siempre hay sorpresas. 

¿Qué buscás en las autoras que leés y traducís? 

Siento que mi cabeza es como una gran casa y, cuando leo o traduzco a alguien; se me abren habitaciones que no sabía que existían. Traducir me dio permiso para explorar voces, temas y emociones —como por ejemplo la indignación con Jamaica Kincaid o su forma de hablar del cuerpo— que luego se filtraron en mi escritura. 

Hablemos de Diario de una mudanza. El libro nació de varios duelos: tu hija que se va, la muerte de tu padre, la mudanza, los cambios del climaterio. ¿Cómo fue acompañar esa escritura fragmentaria? 

Acumulé textos como post-its y recién al final vi que podían armar un conjunto. La editora me sugirió “ecualizar” las historias, distribuirlas para que se sostuvieran entre sí. Fue un proceso de siete u ocho años, y cuando apareció el final entendí que había estado escribiendo hacia ahí sin saberlo. 

El marketing lo presentó como un libro sobre la menopausia. ¿Qué te pareció? 

Funcionó, pero para mí es un libro sobre la madurez, sobre mirar la vida desde otro lugar. Lo de la menopausia puede espantar a lectores varones, y me interesa dialogar también con ellos. 

¿Cómo dialogan el cuerpo y la escritura en vos? 

La escritura está en el cuerpo. Las emociones se sienten físicamente, pero no siempre las escuchamos. El cuerpo te dice lo que te pasa antes que la cabeza; en mis textos, eso aparece, aunque a veces yo lo descubra después. 


 

Ping Pong de preguntas 

El olor y sabor de tu infancia: el río en el Tigre y pan con manteca. 

Tu primer recuerdo como lectora: la ilustración de Andrómeda atada a una roca, de una colección Bruguera de mitos. 

Un libro que te cambió: La noche de los tiempos, de René Barjavel, por su mezcla de amor y ciencia ficción. 

Una autora que siempre releés: Hebe Uhart. 

Una palabra que amás: Cháchara! 

Una emoción difícil de narrar: todas; las emociones no se narran, se narran las cosas que las despiertan. 

¿Qué te da miedo como escritora?: no entusiasmarme nunca más con un proyecto. 

Un consejo para quien quiera escribir: entregarse, con alma y vida, a lo que tenga que pasar a través de cada uno. 

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