Ficción

Anastomos

Por J. Rodolfo Wilcock

Una de las figuras de la galería monstruosa de Wilcock. Tomado de El libro de los monstruos (La Bestia Equilátera), y con traducción del italiano de Ernesto Montequin, libro originalmente publicado poco despues de la muerte, en 1978, del autor.

Por J. Rodolfo Wilcock. Traducción Ernesto Montequin.

 

Es muy raro, por no decir imposible, que los hombres se pongan de acuerdo en cuestiones de belleza, y sin embargo todos están de acuerdo en reconocer que Anastomos es bellísimo. Está todo hecho de espejos o, para ser precisos, todo recubierto de espejitos, más pequeños en el rostro, más anchos en la espalda y en el pecho. También los ojos son espejos, gruesos espejitos móviles y azules en los cuales nos vemos reflejados sobre un fondo turquesa como en un cielo feliz, como en aguas irresistibles. A la luz del sol, en la playa, es una aparición tan deslumbrante que la gente se queda con la boca abierta y no se atreve a acercarse, dominada por una mezcla de terror y de fascinación como frente a algo sagrado e intocable; solo los niños corren tras él. Cuando después entra en el mar, en medio de las olas espumosas, es tal el reverbero recíproco de destellos irisados de los espejos a las gotas y de las gotas a los espejos que es como ver a una divinidad primordial de forma humana surgir del agua y del fuego al mismo tiempo. Y quizá sea una divinidad, porque no está concedido a los hombres ser tan bellos. En sus espejos vemos reflejadas aquellas cosas que verdaderamente, sin hipocresía, amamos; no las cosas humanas, tan abrumadas por la caducidad y por el cambio, sino los árboles y las nubes, los pájaros y las flores, las cascadas y las islas, los astros y las llamas, todo lo que en nuestra mortalidad sentimos como eterno, y que no amaríamos si no lo sintiésemos, oscuramente, intocable. También Anastomos, si es por eso, es intocable: nadie osaría poner los dedos en sus espejos, estos dedos que aun cuando están más limpios siguen estando sucios. Con su piel de espejos, Anastomos es para nosotros la geometría, y por ende la música.

 

 

Artículos relacionados

Caballos oscuros: un cuento de Claire Keegan

"La tierra seguirá estando mucho después de que hayamos muerto": leemos uno de los cuentos de Recorre los campos azules (Eterna Cadencia Editora) mientras nos preparamos para la visita de la autora en el próximo Filba.

"Vidas": un cuento de Hebe Uhart

Tomado de El cielo a casa, reedición de Adriana Hidalgo, compartimos un relato de la gran escritora argentina.

El espejo y la campana

InterZona publica, del traductor, orientalista y escritor grecoirlandés Lafcadio Hearn, Kwaidan: Historias y estudios de cosas extraña.

Tres de los mejores comienzos de la literatura según Eugenia Zicavo

La autora compiló en Factotum los 100 mejores arranques universales, de los que compartimos tres: Javier Marías, Milan Kundera y Kurt Vonnegut.

Así comienza el nuevo libro de Delphine de Vigan

Los figurantes (Anagrama) es el debut teatral de la escritora francesa, y estas son sus primeras páginas del libro que ya puede comprarse en preventa.

Feliz Navidad: un cuento de Joyce Carol Oates

Tomada del libro Arroyo Flint Kill (Altamarea), compartimos una pieza de la autora nacida en 1938, una de las grandes figuras de la literatura contemporánea estadounidense.

Dientes de león: así comienza la novela de Thea Lenarduzzi 

La editorial Queequeg acaba de lanzar su segunda apuesta, una memoria sobre la identidad migrante, Premio de Ensayo de Fitzcarraldo Editions.

×
Aceptar
×
Producto agregado a carrito
Seguir comprando
Ver carrito
0 item(s) agregado tu carrito
×
MUTMA
Seguir comprando
Checkout
×
Se va a agregar 1 ítem a tu carrito
¿Es para un colectivo?
No
Sí
Aceptar