Poesía

"Buscá el dolor": un poema de Marina Mariasch

25 años de poesía

La pequeña compañía (Caleta Olivia) es la antología en que la argentina Marina Mariasch condensa un cuarto de siglo escribiendo poemas. "El río/ puede hacer locuras/ inundarlo todo y desaparecer/ a la mañana siguiente", se lee en este, una de las piezas más recientes del libro.

 

Marina Mariasch nació en Buenos Aires en 1973. Es poeta, traductora, periodista y docente. Entre sus libros de poesía se cuentan coming attractions, tigre y león, té verde, El zig zag de las instituciones, Encantada de conocerte y Mutual sentimiento. Además publicó las novelas El matrimonio, Estamos unidas y Efectos personales.

La pequeña compañía (Caleta Olivia) es la antología en que la argentina Marina Mariasch condensa un cuarto de siglo escribiendo poemas. "El río/ puede hacer locuras/ inundarlo todo y desaparecer/ a la mañana siguiente", se lee en este, una de las piezas más recientes del libro.

“Cuando un libro de poemas te pone a pensar todo otra vez, desde las categorías sociales hasta las literarias, desde el significado de algunos conceptos hasta la definición de las palabras que creés más estables, lo que sucede, con alegría, con inquietud, es que se está asistiendo al advenimiento de lo literario, en una definición que no envejece y que atraviesa diferentes épocas y estéticas: un uso del lenguaje que pone en crisis”, escribe Anahí Mallol en la contratapa.

 

 

 

Buscá el dolor, no lo 

esquives fue el consejo 

del doctor entonces me senté 

sobre las pantorrillas sobre los

empeines de los pies. Con los años

cede, con los años se des

sensibiliza y logra evadir

la confrontación con el dolor

como una lengua de abstracción

financiera que no toca

la desigualdad ni la política. 

Nada reducido a un sí

ni a un no, jamás un sí o un no, 

ni respuestas tajantes, la

heterogeneidad de un muestrario

de pinturas de alba un pantone 

de colores tinturas de cabello 

pantene hechos rulito sobre el cartón

castaño claro castaño 

oscuro azabache una hilera 

de personas a la hora

de buscar empleo no tiene

esos matices. Un 

“panel de expertos” observó

y dijo: aquí no es

que no haya más nada, aquí 

hay fuego, hay cenizas,

semillas y también barro. 

pero ante todo hay un gran abismo 

una fractura abierta en el

inconsciente, un lugar 

abierto, indeterminado, una hebra

desconectada como alguien

que se levanta muchísimo

más temprano. Según 

Lacan la verdadera enfermedad 

mental del ser humano 

es creerse un yo. 

Aunque sea el rey 

el que se cree rey 

Aunque sea Jesús

el que se cree Jesús

Aunque sea Cleopatra

la que se cree Cleopatra

Aunque sea Tinelli

el que se crea Tinelli

Aunque se crea Macri

el que se cree Macri

Aunque sea Bergoglio

el que se crea Francisco

es entonces cuando ese 

alguien está loco.

Puede apagarse una luz 

en el corazón. Vos te creíste

el dueño del dolor

en los huesos, en la panza, la

cabeza, creíste tener

la hegemonía de la

tragedia te creíste un yo. 

Todo esto sucedió hace años

en un mundo remoto 

y triste no podíamos respirar ni

tocarnos y nos tomábamos

la fiebre al menos tres veces

al día. No pienso en vos

como un mal hombre

eras un hombre asustado: algo 

se había vuelto blando

adentro tuyo, lo sentiste

una mañana en el medio

del pecho ahí donde empieza

el estómago, las entrañas, 

sobresalía, una bestia extraña,

suave, que te comía por dentro,

una mujer, dos hijos, volver

a tener una familia. ¿Y de quién

es la culpa de que hayan 

matado lo blando delante

de tus ojos? La historia 

no se repara sino al estar 

en otro lugar. Y en ese otro

lugar también te persigue.

O acaso no nos fuimos a una

isla para estar menos expuestos,

para no estar expuestos

permanentemente? Fue al revés.

A la hora de la siesta el animal

grande se comió al chico.

No supiste si decírmelo. Silencio. 

Renuencia a hablar, a hablar

de sí, misterio. Control

de las reglas del diálogo.

No contestar no preguntar 

no escuchar. Clausura se

cierra la compuerta. El río

puede hacer locuras

inundarlo todo y desaparecer

a la mañana siguiente

dejando agujeros en las 

paredes de barro, cuevas

para las alimañas del agua. 

Los restos quedan 

en la orilla junto a los

juncales, los globitos rosados

de los caracoles. Esos días

juntamos tierra en cuchara

al costado del camino de piedra

gajos para llevar al volver

de esa abundancia agreste

a lo que habíamos construido,

dos castillos con una fosa

de cocodrilos en el medio

un río bravo, una calle 

a contramano, un hospital 

cada vez más difícil tender 

un puente. El calor 

nos aborreció y no volvimos.  

 

 

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