Ficción

Los comienzos: un cuento temprano de Hebe Uhart

"Dios, San Pedro y las almas": leé una de las primeras piezas de la maestra y escritora argentina, parte de Impresiones de una directora de escuela (Adriana Hidalgo).



Por Hebe Uhart.



San Pedro les ponía notas a las almas, y las notas iban de 0 a 10. Una mujer que se tomaba la sopa de sus hijos se sacó un 1 y su hermana, que le había atravesado el ojo con una lanza al cobrador de gas, se sacó un 2. Se sacó un 3 un hombre que iba a caballo y había enlazado una cosa de noche que él creyó que era un avestruz y después resultó un hombre y como estaba muy apurado y el lazo no era fácil de sacar, lo siguió arrastrando mucho rato. Y se sacaron 4, 5, 6 y 7 los que se habían quedado dormidos al sol y no habían visto pasar al monstruo que devora las ciudades. El monstruo medía cincuenta metros y ellos ni siquiera hicieron una pared. La que se sacó 8 estaba siempre con los pobres y tocaba el acordeón con ellos, pero después el acordeón se le rompió y no compró otro. Y el que se sacó 9 se murió sin darse cuenta, cuando pensaba cómo se podía arreglar la regadera que no regaba. Entonces vino Dios y leyó en una lista y dijo:

–¿Cómo no están el 0 y el 10?

San Pedro los controló con el dedo y el 0 y el 10 no estaban allí.

Y Dios le empezó a preguntar a la que se había sacado 1:

–¿Por qué tomabas la sopa de tus hijos? 

Y la mujer dijo:

–Yo no tengo hijos.

Pero la hermana que estaba presente dijo la verdad:

–Sí, tiene hijos. 

Entonces Dios dijo:

–Esta mujer no es sana y por lo tanto no puede tener nota. Y Dios le dijo a San Pedro que preparara té. San Pedro trajo una taza sola y Dios le dijo que preparara té para to- dos. San Pedro trajo muchas tazas y la mujer que se había tomado la sopa de sus hijos estaba afuera sentada al sol y se reía y mostraba los dientes. Se habían sentado todos en el suelo y Dios le dijo a la que se había sacado 2:

–¿Por qué le sacaste el ojo con una lanza al cobrador de gas? 

Y la mujer dijo, bajando los ojos:

–Yo no sabía que era el cobrador, porque habían cambiado de cobrador.

Entonces Dios, que no había oído bien, preguntó:

–¿Cómo?

Y San Pedro le dijo al oído, haciendo pantalla en la mano:

–No sabía que era el cobrador de gas.

–Bueno –dijo Dios, y la mandó al rincón.

Y después San Pedro llamó al que se había sacado 3 y Dios le dijo:

–El lazo no es para matar, el lazo es para cazar. Y el hombre dijo:

–Era muy de noche, Señor Dios, y era un hombre muy flaco y bajo que no gritaba ni nada.

Dios, que tenía la mirada pensativa, dijo:


–¿No gritaba? Eso es muy raro.

Revisaron en el libro y en el libro decía que no gritaba, pero que era un hombre. Seguramente debía ser un hombre mudo.

–Bueno –dijo Dios–, era de noche y el hombre no gritaba.

Y lo mandó al rincón.

San Pedro miró la lista y les preguntó a los otros:

–¿Y qué hacían durmiendo al sol? Las noches son para dormir y el día para trabajar.

Entonces uno dijo:

–Nunca había venido un monstruo, era el primer monstruo que venía.

Entonces Dios dijo:

–Yo lo mandé a propósito; era una prueba de fuego. Pero yo sé que ustedes trabajan de noche y duermen de día y por lo tanto, en cierto modo, se puede perdonar. Cuando vean otro monstruo otra vez, deben hacer una pared, ¿han comprendido?

Los cuatro hicieron que sí con la cabeza mientras tomaban otra taza de té, porque ya había pasado media hora, y Dios le preguntó a la mujer del acordeón:

–Has dejado tu acordeón en el gallinero y las gallinas lo han estropeado. ¿Eso es cosa de hacer?

La mujer dijo asustada:

–Fue en el apuro por socorrer a un hombre que se moría de sed.

–Si es así –dijo Dios–, un acordeón no importa en este mundo.

Y Dios miró con atención y le sonrió al que se había sacado 9, y le dijo:

–Te has sacado 9 y no 10. ¿Por qué no te has sacado 10?

–Yo no sabía que se podía sacar 10. Yo no sabía que ponían notas.

–En ese caso –dijo Dios–, toda la gente que no sabe no peca y vamos a tomar otra taza de té.

Y todos estaban sentados en el suelo y de repente se largó a llover; la mujer que estaba afuera se mojaba. San Pedro abrió la puerta y entró ella también. Le dieron una taza de té y todos tomaban té.

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