Ficción

Tres cuentos breves de Lydia Davis

Antología personal

Tomados de la Antología personal que acaba de lanzar Almadía en México y llega a nuestras tierras vía Big Sur, tres piezas breves de la escritora estadounidense, autora también de libros como Ni puedo ni quiero.

Por Lydia Davis. Traducción de Mauricio Montiel Figueiras.


 


 


 





ÁNGULOS


Por supuesto que él sabe que su pie está en el piso debajo de la mesa cerca del de ella, y ella sabe que lo ha movido ahí a propósito. Después de eso, en realidad todo se redu­ ce a observar los ángulos: en vista del ángulo en que la esposa de él está sentada al otro lado de la mesa, ¿le será posible bajar la mirada para advertir que los pies de ellos se tocan suave y deliberadamente de cuando en cuando? Pero más allá de los ángulos y del cuidado que él pone en calcularlos, ¿qué más se puede decir de este hombre que toca el pie de su invitada con el suyo de vez en vez en forma significativa, o de la invitada que disfruta el mensaje secreto implícito en el roce de él mientras su esposa alta y bella les habla desde el otro lado de la mesa, entre bocados de cena, detallando algunos problemas que tiene en su profesión?


 


 


 


 





(ALGUNOS DE) SUS HÁBITOS ALCOHÓLICOS


 


Le gusta beber en bares de aeropuertos, le gusta beber en trenes y le gusta beber en el bar de South Station y en cualquier bar de hotel.


Le gustan esos bares y el tren porque nadie lo conoce y todos están de viaje o a punto de viajar.


Dice que en esos lugares la gente forma vínculos que no son nada personales.


 


 





 


 


UNA BREVE NOTICIA DE HACE MUCHO TIEMPO


 


Escuchamos esta historia hace varios años en el noticiero vespertino: en su noche de bodas una novia y un novio se embriagaron con sus amigos y luego abordaron el auto de la novia y se marcharon. En un camino sin salida jun­ to a un paso elevado detuvieron el coche, apagaron el motor y comenzaron a discutir en voz alta. La discusión se oía en las casas cercanas y se prolongó tanto que va­ rios vecinos empezaron a atenderla. Al cabo de un rato, el novio gritó a la novia:


—Está bien, entonces atropéllame.


A estas alturas los vecinos también miraban la escena desde sus ventanas. El novio bajó del auto, cerrando de un golpe la puerta tras él, y se acostó frente a la llanta delantera del lado del pasajero. La novia arrancó el coche y le pasó por encima el vehículo de mil ochocientos kilos. El novio murió al instante. El matrimonio había durado unas cuantas horas. Al momento de su muerte, el novio aún vestía esmoquin.


 


 











Artículos relacionados

Máscaras femeninas: así comienza la novela de Fumiko Enchi

Chai Editora publica el regreso de una autora japonesa fundamental, una atrapante historia sobre la tradición y la sensualidad oriental.

Escribir

"¿Escribir no es hacerse a sí mismo sombra?": compartimos un extracto de La encendida silenciosa (Alfaguara), el nuevo libro de Marina Closs.

La gran noche de los trenes

"Los trenes puestos a morir, imaginemos": compartimos uno de los relatos de El país del humo, de Sara Gallardo, reeditado por Fiordo.

Pálido caballo, pálido jinete: así comienza la novela de Katherine Anne Porter

Publicada por la joven editorial Palmeras Salvajes, es una de las obras claves de la escritora estadounidense.

Mi madre: un cuento temprano de Jamaica Kincaid

Con traducción de Inés Garland, La parte maldita publica el primer libro de Jamaica Kincaid, donde se reunen cuentos salidos originalmente en The New Yorker y The Paris Review entre 1978 y 1982.

Los nombres del agua: un cuento de Kij Johnson

China Editora publica Al final de un río de abejas, conjunto de cuentos de la autora estadounidense, ganadora de los premios Hugo y Nebula, entre otros.

Brember: un cuento de Dylan Thomas

Con selección y traducción de Pablo Gianera, Edhasa publica cuentos y poemas selectos del escritor británico. Nos asomamos a una de sus piezas.

×
Aceptar
×
Seguir comprando
Ver carrito
0 item(s) agregado tu carrito
×
MUTMA
Seguir comprando
Checkout
×
Se va a agregar 1 ítem a tu carrito
¿Es para un colectivo?
No
Aceptar