Tan lejos de los dioses: tres poemas de Pedro Mairal
Miércoles 07 de octubre de 2026
Se publica la poesía reunida del escritor argentino: Un hermoso silencio de frontera (Emecé).
Pedro Mairal nació en Buenos Aires en 1970. Su novela Una noche con Sabrina Love recibió el premio Clarín en 1998 y fue llevada al cine. Publicó además las novelas El año del desierto y Salvatierra, el volumen de cuentos Breves amores eternos, y los libros de poesía Tigre como los pájaros, Consumidor final y Pornosonetos. En 2013 publicó la novela en sonetos El gran surubí. Sus crónicas y columnas están reunidas en Maniobras de evasión y Esta historia ya no está disponible. Su novela La uruguaya, llevada al cine en 2023, es un éxito internacional de crítica y público. La obra de Mairal fue traducida a más de catorce idiomas.
En Un hermoso silencio de frontera, Mairal hace una selección de su poesía escrita a lo largo de treinta años y muestra un camino de búsqueda constante, pasando por los Pornosonetos, la novela en verso El gran surubí y sus dos libros recientes inéditos: Milonga para mis muertos y Párrafos chúcaros.
Desde el café
Revuelvo mi café
y le doy fuerza al día con lentas espirales.
Se echan a andar las horas
desde ese sol formado en el impulso.
Gira la espuma tibia del alba de las calles,
gira el amplio fragor en la mañana,
doblan los colectivos de colores
que viajan hacia el centro
del negro remolino,
rodean el azúcar y las plazas,
toman la curva, suben las mujeres
con sus ojos enormes y se bajan
perdiéndose en la rueda de los vientos.
Se desenrosca así la madrugada,
desde la taza arranca
para mezclar las vidas,
los pálidos oficios que pesan en las manos
por la ciudad redonda, gira y gira
y la espiral se expande
desde el café, la luz del movimiento
que enreda la jornada
da vueltas alejando la sombra de la tierra,
hace rodar los astros,
un gesto circular
que inicia la torsión del universo,
revolver el café, dar cuerda a la galaxia.
¿Acaso la cuchara de Dios indiferente
gira en el zumo oscuro del espacio?

Ofrenda
Tengo la edad en la que mueren los caballos,
la edad en la que el árbol
se ofrece entero al cielo.
Mi miedo es una fauna secreta que me busca,
del mar soy solo un número de olas.
Tengo dientes y penas y zapatos,
tengo una fiesta eterna que a veces me convoca.
Yo no sé cuántos soles le quedan a mi pecho,
pero sé que ha sido bueno vivir y alzo estos años
como una ofrenda ardiendo.
Por encima del toro de sombra de los días,
por encima del asco y el miedo y los espejos,
he llegado hasta aquí.
Tan lejos de los dioses
EI hombre, tan omnívoro y callado,
metiéndose en la ropa, atravesando
hileras de botones que se abren
0 patíbulos, puertas 0 tristezas,
bajando en ascensores al invierno,
bostezando, subiendo a colectivos
que pegan coletazos de colores
en todas las esquinas, detestando,
viajando entre sus prójimos lejanos,
tan frágil, vertical, embotellado,
tan buscador, tan lejos de los dioses,
trasnochado mamífero embustero
que emana de la boca de los subtes,
que fuma, tan mendigo del asombro,
tan rey cuando le lustran los zapatos,
tan peatonal y bípedo sin cielo,
regresando con tráfico en las venas,
cautivo en geometrías y zumbidos ,
soñando alcantarillas, despertando.
Tan asfáltico, el hombre, tan urbano.