Romina Paula: "Soy mi primera lectora y mi primera enemiga"
Lunes 23 de febrero de 2026
En el ciclo "De cháchara" recibimos a Romina Paula, una de las voces más singulares de la literatura y de la escena argentinas.
En "De cháchara", recibimos a Romina Paula, una de las voces más singulares de la literatura y de la escena argentina. La conversación giró en torno a Hija biográfica (Entropía), su novela más reciente, pero también —y sobre todo— a su modo de escribir, de mirar, de escuchar y de narrarse: aquello que constituye, en definitiva, su poética. Entre la escritura solitaria y el trabajo colectivo, entre la palabra justa y la cadencia, Paula piensa la literatura como un modo de estar en el mundo.
Nacida en Buenos Aires en 1979, es actriz, dramaturga, directora teatral, guionista y narradora. Publicó las novelas ¿Vos me querés a mí?, Agosto, Acá todavía (todos por Entropía); el libro de relatos Archivos de Word (Editorial Mansalva) y las crónicas Otra cosa es permanecer (Editorial Marciana). Como dramaturga y directora, estrenó, entre otras, Si te sigo, muero, Algo de ruido hace, El tiempo todo entero, Fauna, Cimarrón y Sombras, por supuesto. En cine dirigió el largometraje De nuevo otra vez. Hija biográfica (Entropía, 2025) es su novela más reciente.
Hija biográfica parece pedirle al lector que adapte su lectura a una temporalidad distinta, que pruebe un tipo de lectura distinto, una forma de contemplación. ¿Eso estuvo desde el origen?
Sí, creo que sí. Hay una voz que necesita demorarse: en los paisajes, en los objetos, en los vínculos. La novela trabaja con una primera persona adolescente y con mucho discurso indirecto. Es un procedimiento un poco atrevido, incluso polémico, porque esa chica recuerda todo lo que su madre le contó. No es algo que no haya pensado: tomé esa decisión porque me interesaba esa licencia, ese borde entre lo verosímil y lo fantasioso.
Esa repetición del “dice que”, que aparece como un mantra, ¿fue una decisión consciente?
Totalmente. Hubo momentos en que pensé que podía cansar, pero también me interesaba ese efecto hipnótico. Hay capítulos enteros en discurso indirecto, otros no. Me gustaba que el lector estuviera todo el tiempo preguntándose quién habla. Cuando funciona, se arma una cadencia que te lleva.
Publicás desde siempre con Entropía. ¿Cómo describirías ese vínculo?
Fue mi primera experiencia de edición y durante muchos años la única. Es una relación muy cercana, muy minuciosa. Son editores que leen todo, que devuelven, que trabajan el texto con obsesión. El editor, cuando hace bien su trabajo, logra que el libro sea mucho mejor de lo que podría haber sido. Eso no es la regla, ni siquiera en editoriales independientes.
Venís del teatro y del cine, donde el trabajo es colectivo. ¿Cómo convivís con la soledad de la escritura?
Me gusta tener las dos cosas. Para escribir necesito estar sola, pero escribo en bloques pequeños, entre otras actividades. Si fuera solo escritora me parecería triste. El mundo colectivo —el teatro, los rodajes— me nutre mucho. Después, la escritura sucede en esos huecos, de manera muy concentrada.
¿Sentís que cada proyecto tiene su propio tiempo?
Sí. La narrativa no tiene deadline y eso me encanta. El teatro, en cambio, tiene fechas, estrenos. Son temporalidades distintas que a veces coinciden cuando salen al mundo, pero no cuando se escriben. Una novela puede haber estado mucho más tiempo gestándose.
Hablás mucho de la palabra, de la cadencia. ¿Existe para vos la palabra justa?
Más que la palabra justa, pienso en la cadencia del texto. Aunque no lea en voz alta mientras escribo, hay una musicalidad que se impone. Me gustan las palabras, me gusta que convivan registros distintos, incluso palabras inventadas o mal usadas. El lenguaje es también malentendido, y eso me fascina.
¿Escribís con música?
No. Necesito silencio para escribir, aunque escucho música todo el tiempo. La música tiene biografías emocionales muy potentes, pero no la uso como acompañamiento directo de la escritura.
En la novela aparece una ética, un modo de estar en el mundo. ¿Eso tiene algo de aspiracional?
Sí, totalmente. Es un mundo donde ciertas cosas —la familia, la sexualidad, la convivencia— simplemente son; no necesitan explicarse. Yo no soy tan coherente ni tan “cool” como mi personaje, pero para eso está la ficción. Es una forma de imaginar cómo se podría vivir.
¿Pensás en el lector mientras escribís?
Pienso en “un otro”, pero no desde el deseo de agradar. Soy mi primera lectora y mi primera enemiga. Me pregunto qué sería lo peor que podrían decir de este texto y veo si me lo banco. Si me lo banco, sigo.
¿Qué consejo le darías a alguien que quiere escribir?
Que escriba, pero sobre todo que edite. Editar es tan importante como escribir y requiere paciencia. A veces hay que dejar pasar meses para saber si un texto vale la pena. Es disciplina y paciencia a la vez.