Martín Sivak: “La escritura acompaña el duelo, pero no lo cierra"
Viernes 03 de abril de 2026
Recibimos en el ciclo “De cháchara” a Martín Sivak, periodista y escritor, autor de La llorería (Alfaguara).
Por Anne-Sophie Vignolles.
Periodista y escritor, Martín Sivak dedicó gran parte de su obra a narrar la vida de los otros —líderes políticos, empresarios, figuras del poder—, pero en sus dos últimos libros el gesto se desplaza hacia lo autobiográfico. En La llorería (Alfaguara), su libro más reciente, entrelaza una ruptura amorosa, la muerte de su madre y una amistad decisiva, en un texto que reflexiona sobre el pudor, el duelo y los límites de la escritura.
Sivak publicó, entre otros libros, El salto de papá (Seix Barral), Jefazo. Retrato íntimo de Evo Morales (Penguin Random House) y Clarín, la era Magnetto (Planeta). Colabora con medios nacionales e internacionales y es docente universitario.
La llorería reúne tres historias muy fuertes: una ruptura amorosa, la muerte de tu madre y tu vínculo con el periodista y corresponsal de guerra británico Sean Langan. ¿En qué momento se juntan?
En realidad, al principio no se juntaban. Yo venía de El salto de papá y, durante casi dos años, no tenía tema para un libro. Estaba tranquilo con eso. Este no iba a ser un libro: empecé a escribir un diario íntimo para organizar la desesperación tras una ruptura inesperada. No pensaba publicarlo. Era una forma de darme una rutina, en realidad, pero, en paralelo, tenía pendiente escribir sobre el viaje con Sean Langan, que había sido una experiencia muy formativa para mí. Empecé a escribir esas dos cosas por separado hasta que apareció una especie de ventana más: durante aquel viaje murió mi madre y Sean, a pesar suyo, me había acompañado en ese duelo. Ahí las tres historias empezaron a dialogar.
Dijiste que escribir este libro te dio —y todavía te da— pudor. ¿Cómo convivís con eso?
El pudor no se va. Escribí a pesar del pudor, no contra él. Todavía hoy me da vergüenza cuando me leen fragmentos del diario. Me pregunté muchas veces por qué publicar algo que me incomoda tanto, sobre todo porque nadie estaba esperando este libro. Pero también creo que de las cosas incómodas salen, a veces, las cosas importantes.
En El salto de papá decías que no querías ficcionalizar ni cambiar nombres. ¿Eso se mantiene en La llorería?
En parte sí y en parte no. En las historias amorosas decidí usar iniciales (tal y como lo hace Annie Ernaux en uno de sus libros). No quería dirimir cuestiones de pareja en un libro. Ahí aparece la autoficción como un recurso de cuidado. En cambio, en otros pasajes hay nombres y apellidos, incluso, en El Salto de papá ajustes de cuentas familiares muy explícitos. No reniego de eso: las broncas también son un motor para escribir. Pero no quería repetir en este libro el mismo gesto que en el anterior.
¿Escribís pensando en sanar, en cerrar algo?
No. Me parece un equívoco pensar que uno escribe para sanar. La escritura acompaña el duelo, pero no lo cierra. Todos los dolores de este libro siguen abiertos. El libro se cierra porque hay que publicarlo, no porque el proceso esté resuelto.
El final llega con el hallazgo de las cartas de tu madre a tu padre. ¿Cómo fue leerlas?
Fue muy conmovedor. Aunque eran cartas de mi mamá a mi papá, era como escuchar a los padres en la habitación de al lado. Me dieron pudor, curiosidad, emoción. Ahí aparece muy fuerte la pulsión de vida de mi madre: mientras mi padre estaba preso, ella escribía sobre el futuro, la casa, el trabajo, los hijos. Eso terminó de darle sentido al libro.
En un momento hablás del periodismo. En una entrevista que escuché esta semana, Leila Guerriero cita una definición del director del diario italiano La Repubblica, que responde a la pregunta: ¿Qué es ser periodista? Y él dice: “Contarle a la gente lo que le pasa a la gente”, y Leila suma: “Estar movido por una enorme curiosidad, luego ir, ver, volver y contar”. No hay mucho más que esto.” ¿Te reconocés ahí?
La primera parte, sí. La segunda —la de la enorme curiosidad— la suprimiría. Yo agregaría algo: estar lo más cerca posible durante la experiencia y, después, alejarse lo más posible para poder contarla. Esa distancia es clave y creo que también atraviesa mi escritura literaria.
¿Qué le dirías a alguien que está empezando a escribir?
No daría muchos consejos, pero hay uno que sí: elegir un tema que te importe de verdad. Mucho. No pensar en modas ni en lo que supuestamente se lee. Este libro existe porque esas tres cosas —la ruptura, la muerte de mi madre, la amistad con John— me importaban profundamente.