Kate Zambreno: “No me interesa la austeridad, sino la abundancia”
Heather Sten
Viernes 17 de julio de 2026
Eterna Cadencia Editora publica Historias de animales, con traducción de Cecilia Pavón.
Por Valeria Tentoni. Foto de Heather Sten.
“Kate Zambreno ha inventado una nueva forma de escribir sobre la vida real, captada en un primer plano”, declaró la Premio Nobel Annie Ernaux. Eterna Cadencia Editora acaba de incorporar uno de sus libros al catálogo del sello con Historias de animales, un título que acaso hubiese interesado mucho a nuestra querida Hebe Uhart.
Dividido en dos partes, y escrito desde la hibridez que pivotea entre el ensayo y la novela, el libro trabaja a partir de la observación, la crónica, la reflexión y la digresión filosófica que se pregunta por la naturaleza de lo humano, lo animal y lo citadino. “Solo cuando prestamos atención a nuestro barrio, a lo local, al clima, podemos intentar cambiar las cosas”, cree Zambreno. Hay cameos, citas y guiños aJohn Berger, Donna Haraway, Francis Bacon, Garry Winogrand, Yoko Tawada y, en especial, Franz Kafka, a quien se dedica la segunda parte.
Con lugar de nacimiento en Illinois, Estados Unidos, en 1977, Kate Zambreno escribe, hace crítica y da clases de escritura. Ha publicado Mi libro madre, mi libro monstruo (2022), Derivas (2023) y Escribir como si ya hubieras muerto (2025). Entre sus libros también se encuentran O Fallen Angel (2009), Heroines (2012), Green Girl (2014), Appendix Project (2019), Screen Tests (2019) y The Light Room (2023). Junto a la escritora Sofia Samatar ha publicado Tone, un ensayo de crítica literaria. Escribe en The New Yorker, The Paris Review y BOMB, entre otras revistas. En 2021 obtuvo la beca Guggenheim. Sus libros han sido traducidos al japonés, sueco, holandés, turco, francés y alemán. Actualmente vive en Brooklyn, desde donde contestó algunas preguntas por correo electrónico alrededor de su libro:
"Algo parecido a un bestiario", se responde la voz que narra la historia tras preguntarse qué está escribiendo. ¿Cómo surgió la idea de este libro y qué nos podés contar sobre el desconcierto a mitad de camino respecto a su identidad como texto?
Siempre me ha interesado esa forma histórica: pienso en El libro de los seres imaginarios de Borges, o en la escritura de Sebald en un zoológico que adopta la forma de un aviario o bestiario. Me atraen los aspectos de duración en una colección, como la idea de una Wunderkammer, y los zoológicos y ménageries eran obviamente al principio colecciones reales de animales vivos. Yo sabía que estaba recopilando estas anécdotas o datos —originalmente sobre Kafka— a la vez que recopilaba estos informes zoológicos. Era desconcertante y extraño ver cómo estas dos obsesiones, estas colecciones, se fusionaban en un mismo libro. El otro libro que tengo como este es Screen Tests, del que la traductora de Historias de animales, Cecilia Pavón, tradujo una o dos piezas.
John Berger es citado desde el principio, y se establece un diálogo con su ensayo sobre la mirada. ¿Por qué fue elegido para esta conversación literaria?
Empecé a frecuentar zoológicos, por lo general zoológicos infantiles, especialmente cuando empecé a viajar con un niño pequeño (que ahora tiene casi 10 años) y luego cuando mi familia y yo estuvimos confinados a Brooklyn y empezamos a frecuentar Prospect Park y el zoo, durante la pandemia. Aún ahora lo seguimos haciendo. La artista y escritora Moyra Davey me contó que empezó a fotografiar trenes cuando tuvo un hijo pequeño, ya que él estaba obsesionado con los trenes, y precisamente esto fue lo que me pasó a mí también con los zoológicos. Y John Berger, especialmente su ensayo sobre observar animales, era alguien con quien yo pensaba, inclusive en su contra, de forma ambivalente. Todo lo relacionado con los zoológicos se suponía que iba a estar en mi texto La habitación de la luz (que pronto será traducido al español y publicado por Ediciones La uÑa RoTa), pero no pude hacerlo entrar. Después de terminar ese libro, que era de largo aliento, no pude dejar de hacer estos reportajes sobre el zoológico durante más de dos años. Me gustó el concepto masculino o europeo del informe, su digresión, casi un tono detectivesco, aplicado al hecho de ir a zoológicos con mis hijos. Pero sí, aparece John Berger preguntándose qué miramos cuando vamos al zoo, provoca otras preguntas: ¿realmente estamos mirando animales, ellos nos miran a nosotros, o la alienación es tan profunda? En compañía de niños o del recuerdo de ellos, se agrega una palpable sensación de mortalidad.

¿Qué tiene los zoológicos y quienes han escrito sobre ellos —ya sea en ensayos o ficción— que te atrajo lo suficiente como para dedicar este libro al tema? ¿También era una forma de escribir sobre la maternidad?
Sí, aunque como en The Light Room escribo mucho sobre hombres, pero en apariencia se ve como si escribiera sobre la maternidad. Me resulta interesante que John Berger y Gary Winogrand escriban estos informes o documentaciones sobre zoológicos (en ensayos y fotografías) y que obviamente lo hagan siendo padres de niños pequeños en ese momento, pero que ese dato nunca se incluya como parte del contexto. Los niños aparecen a lo largo de los informes de zoológico, pero muy en los márgenes. Esta es una pregunta que me he hecho desde Drifts (traducido como Derivas por Montse Menese Vilars): ¿cómo escribir la pregunta del caminante, el caminante europeo (Sebald, Walser, Jospeh Cornell, aquí el cochecito del zoo), cuando estás embarazada o con hijos?
En "Mi sistema Kafka" volvemos a encontrarnos con la cuestión de la identidad de lo que se está escribiendo. Hay algo así como una colección que se va armando en ambos textos, se van cazador ejemplos que se entrelazan en un texto, ¿lo ves así?
No hablaría de caza, eso se siente un poco masculino y sobrecargado de un subtexto colonial (aunque apropiado para pensar en zoológicos). Creo que el término correcto sería “carroñeo”. "Mi sistema Kafka" es el nombre de toda la segunda sección, que trata a Kafka como un caso de estudio, o mi mariposa temblando mientras intento localizarlo. En "La persona desaparecida", una especie de ensayo negro, se trata de localizar a un Kafka desaparecido, viajando por Europa, intentando escribir en cuadernos, visitando cabarets, y también se convierte en una historia de detectives sobre la desaparición de la Mona Lisa, se narran varios viajes al Louvre y se ingresa en la historia del arte. Suelo preguntarme por esas búsquedas que hago, que se vuelven tan digresivas. "La persona desaparecida" salió originalmente en Derivas, cuando era un collage estructurado al modo de Vértigo, de Sebald. Lo recorté, y corté todo lo de Rilke, la escritura especulativa de Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, para que mi editorial estadounidense lo publicara. Quedé con este ensayo que tiene la longitud de una novela corta, sin saber qué hacer con él, hasta que empecé a combinarlo en mi mente con las investigaciones del zoo y con las investigaciones de animales de Kafka. Así, estos dos sistemas se fusionaron.
"¿Queremos que nuestro Kafka esté infeliz y solo?", aparece como pregunta en cierto momento. Luego leemos que Kafka solía considerarse a sí mismo como un animal. ¿Cómo querías trabajar con su figura?
Kafka todavía me obsesiona: como escritor político, el misterio de sus historias, cómo usaba animales para escribir a través de la alienación, la vigilancia, el absurdo, la violencia subyugada. "Mi sistema Kafka" son estas mini charlas breves sobre Kafka y los animales, basadas en conferencias y seminarios que di sobre sus historias. Todavía lo encuentro tan sublime, estúpido y brillante, a él y a las figuras de sus historias.
Este libro está compuesto por informes, conferencias y congresos que luego se convirtieron en un todo con una densidad diferente, ¿qué importancia le das al fragmento y por qué lo elegís como medio?
Creo que le doy más importancia al informe o a la conferencia, y a veces están fragmentados, como las Charlas breves de Anne Carson o mis propias pruebas de cámara. Creo que mis propias frases y párrafos son demasiado excesivos y emocionales para ser llamados, realmente, fragmentos. No me interesa la austeridad, sino la abundancia. El pensamiento continuo, la serie.