Isol, la poeta infinita
Lunes 29 de junio de 2026
Editorial Neutrinos rescata los primeros libros de poemas de la ilustradora y ganadora del Premio Astrid Lindgren en Yo no era nadie y estaba bien.
Entrevista y foto por Valeria Tentoni.
Ediciones Neutrinos, sello independiente del litoral, anunció hace un tiempo un libro que sorprendió a muchos lectores: Yo no era nadie y estaba bien reunía poemas de Isol, más conocida por sus libros ilustrados, galardonada con el Premio Astrid Lindgren y reconocida en los premios Hans Christian Andersen. Pocos sabían que la autora de Tener un patito es útil, además de hacer música y escribir, era poeta (¡aunque las pistas estaban por todas partes!) y había publicado algunos versos en su juventud.
Antes de ganar el concurso A la orilla del viento del Fondo de Cultura Económica con Vidas de perros y publicar así su primer libro ilustrado, Isol fue una joven estudiante de Bellas Artes. Por entonces hizo girar una serie de plaquetas autopublicadas (Babazul y La jaula está abierta), y Ediciones Neutrinos, al tomar conocimiento de la existencia de estos tesoros, la contactó para publicarla. Yo no era nadie y estaba bien reúne versos escritos entre 1991 y 2024, iluminando toda una zona de su obra que permanecía a la sombra hasta este momento, y agrega sus poemas de reciente producción.
Recibimos a Isol en el "Depósito de poetas", que ya puede verse en nuestra cuenta de Instagram y TikTok, y grabamos un episodio para "Máquinas de escribir" que se publicará muy pronto... Mientras tanto, y para ir calentando motores, van algunos de los destacados de esa conversación:
¿Cómo comenzaste a publicar poesía?
Me publiqué yo misma, dos libritos. Yo egresé de Bellas Artes en el 90: era la época de los fanzines, todo el mundo hacía sus ediciones. Además, no había otra manera de mostrar tus cosas. Tenías que irte al Parque Rivadavia, juntarte con los poetas, juntarte con los comiqueros, y ahí nos intercambiábamos, cada uno su cosita. Esa era hasta la manera de conseguir novio, nosotros no íbamos a una discoteca... Nos mostrábamos los poemitas, las caricaturas, los stickers. O sea, era una manera comunicarse con un grupo en el que vos querías estar. Como manera de relacionarte con los otros es bastante interesante y arriesgada. A mí me influenciaron algunas otras personas que hacían también libros. El que más me influenció fue Ral Veroni, que ahora tiene la Galería Mar Dulce, donde yo vendo mis libros y mis ilustraciones. Él hacía unas ediciones hermosas en su casa, en serigrafía. Imprimía, hacía poesías y dibujos. Lo conocí cuando estaba en tercer año del secundario, en la primera Bienal de Arte Joven. También hicimos un grupo de poesía y música con mi hermano Zypce, Mariano Pensotti, que ahora hace teatro, y Gastón Pérsico, que ahora es artista visual. El grupo se llamaba La Pieza, y grabábamos casettes con poesía, teníamos una revista también. Nosotros queríamos ser artistas, así que hacíamos todas cosas un poco delirantes.
¿Cómo era tu primer libro de poemas?
Lo que hice fueron un par de ediciones, una ilustrando un poema de Lewis Carroll, de una versión que tradujo María Elena Walsh. Trabajé con fotocopias, con algunas cositas en la tapa pintadas con un lápiz. Eso lo vendía en el Parque Rivadavia. Y después hice otra historieta que ganó la Bienal de Arte Joven, que vino más tarde, una en la que el jurado estaba Nine. Para mí fue muy importante, era uno de mis héroes, digamos. Y ahí también conocí a otra gente. En realidad, fueron apareciendo personas que también me ayudaron, a las que yo les mostraba lo que hacía, como Gustavo Roldán hijo, que también hacía sus autoediciones y sus libros integrales. Se me ocurrió que quizás yo podía hacer un libro ilustrado, había muchos cuentops infantiles que me gustaban, o personajes como Mafalda o Alicia. Noté que había algo ahí, que desde ahí se podían decir muchas cosas. El personaje con el que gané en la Bienal era una nena asesina, por ejemplo: tenía que haber un poco de violencia para que fuera para grandes la historieta, pero me gustaba jugar con eso, con el humor negro a la vez medio aniñado. Entonces hice esos dos libritos de poesía y después hice un póster, una historieta grande con una canción de Nick Cave, y ahí Ral Veroni, que ya nos habíamos hecho amigos, me enseñó a hacer serigrafía. Eso también lo vendía en las comiquerías, pude mostrar un poco ya esta línea peluda que me gustaba.
Al final de Yo no era nadie y estaba bien aparece una colaboración con Leo Maslíah, ¿cómo se conocieron?
Por esa misma época. Conocí a Leo Maslíah con los libros de poesía en el Parque Rivadavia; él pasó le regalé uno. A la hora volvió y me dijo que le había encantado. Después le mandé el otro por carta, y por eso para este libro lo llamé, le mandé una carta. Él leyó todo el libro y me dijo: hago una canción con uno de los poemas. Hizo la partitura, y de hecho la canción que él hizo sobre uno de mis poemas la canto en mis recitales ahora, es muy cortita.
¿Y a Bellas Artes cómo llegaste?
Mi hermano y yo, los dos, hicimos Bellas Artes. Él después se dedicó más a la música. En mi casa había mucha pintura, a mi papá le gustaba mucho pintar. También había mucha lectura y mucha música, porque no había televisión. O sea, era lo que hacíamos todo el tiempo, el disfrute era eso. A mí me parece algo muy natural. Teníamos un departamento muy chiquito, entonces todos escuchaban la música que estaba en el living, que era re variada y re buena. Había una biblioteca gigante, y yo le preguntaba a mi papá qué leer cuando me aburría. Leía cosas cuentos medievales, chinos, de los derviches, no sé lo que había por ahí. También leía cosas para chicos, algunas buenas y algunas de detectives, leía de todo. En general, había buen material para leer y escuchar. Y, bueno, dibujábamos. Encuentro muchos dibujos mezclados nuestros y de mi papá. Él se sentaba a dibujar con nosotros como hago yo con mi hija.
¿Por esos años estudiabas canto lírico?
Sí. Y sigo estudiando canto cada quince días. Igual, del lírico me fui alejando. Mi mamá canta canto lírico, más bien barroco. No es el lírico de Puccini, Bellini, que es el bel canto. Es más Monteverdi, Händel. A mí me gusta mucho. Me gusta mucho Monteverdi. Y tiene mucho que ver en realidad con la música contemporánea, con el rock y con el pop. Hay una estructura que un poco se mantiene y viene de ahí. Canté en coros y me gusta mucho esa energía, hacer un bloque de sonido con otra gente, cantando todos juntos. Después, cuando yo tuve mi grupo, me gustaba cantar sola, porque ahí podés moverte más, podés actuar más, podés contar la historia. Me gustan mucho las historias, las letras; o sea, lo que más me engancha es cuando una canción tiene buena letra, eso me fascina. Ahora estoy grabando un disco con el Tata Cedrón. Que también, por ejemplo, el Tata Cedrón fue amigo Cortázar, hicieron un disco juntos. Entonces, cuando presenté el libro de Cortázar que ilustré lo invité a tocar, y ahí él me invitó a cantar. Así se va armando. Se va armando, es una red de afinidades.