Ficción

Djuna Barnes y el doctor

Especiales de cuarentena

Djuna Barnes nació en 1892 y murió en 1982, y entre muchas cosas escribió una novela: El bosque de la noche. Allí hay un personaje que es médico y al que le escribió parlamentos majestuosos, de los que tomamos los subrayados que siguen, actualizados por el contexto.

Por Djuna Barnes. Traducción de Ana María de la Fuente.

 

Djuna Barnes nació en 1892 y murió en 1982, y entre muchas cosas escribió una novela: El bosque de la noche. Allí hay un personaje que es médico y al que le escribió parlamentos majestuosos, de los que tomamos los subrayados que siguen. La edición utilizada es la de Seix Barral de 1987, con traducción de Ana María de la Fuente.

"Durante toda la primera lectura, tuve la impresión de que solamente el doctor daba vitalidad al libro", escribe en el prólogo T. S. Eliot alrededor de este personaje que es a la vez confesor de varios otros, el sol de un sistema en llamas."Si, en la vida real, este personaje puede tender a monopolizar la conversación, matar la reciprocidad y eclipsar a las personas menos comunicativas, ello no ocurre en este libro".

Aquí van algunas de las intervenciones del doctor Matthew, el personaje de esta obra maestra de Barnes: 

 

 

 

 

"Las únicas personas que de verdad saben algo de medicina son las enfermeras y ellas se callan, o serían abofeteadas. Pero el gran médico es un divino idiota y un sabio. Cierra un ojo, el ojo con que estudió y, poniendo sus dedos sobre las arterias del cuerpo, dice: 'Dios, cuyo camino es éste, me ha otorgado permiso para viajar también por aquí', lo cual, y que el cielo asista al paciente, es verdad; de esta manera, realiza grandes curas y, a veces, por ese camino, se tropieza, desconcertado, con el Malaje".

 

 

"El hombre no necesita que se le cure de su enfermedad individual; lo que debería preocuparle es su mal universal".

 

 

"Nosotros ahora nos aferramos a la vida con nuestro último músculo: el corazón".

 

 

"Esa inapreciable galaxia de desinformación que llamamos mente, uncida a esa espléndida y deshilachada fuerza de coerción llamada alma, bajando al paso por la senda casi borrada del bien y el mal, trazada al azar... es el sagrado habeas corpus, la forma por la que el cuerpo es llevado a presencia del juez".

 

 

"'Pensar es estar enfermo', le dijo al camarero.

El camarero asintió".

 

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