Entrevistas

Bosque energético: “Cuando uno edita siente que está escribiendo”

Emiliano Sanroman

Escritores y dramaturgos, Eugenia Pérez Tomas y Andrés Gallina comparten, además de una familia, un proyecto editorial diarístico .


Por Valeria Tentoni.


Escritores y dramaturgos, Eugenia Pérez Tomas y Andrés Gallina comparten, además de una familia, un proyecto editorial que nació en 2022 entre las ciudades de Miramar y Buenos Aires: Bosque energético. Bautizado con el nombre de esa reserva natural donde se producen milagros que discuten principios tan establecidos como el de la fuerza de gravedad, decidieron diseñar su logo con unos palitos en peligroso equilibrio en alusión a las ramas que los turistas suelen apilar para comprobar el misterio.

Con un catálogo que actualmente publica unos cuatro o cinco libros por año, el sello es fácilmente reconocible no solo por sus portadas —diseñadas por Macarena Fatne y que incluyen, siempre, la palabra “Diario” en ellas—, sino también porque se concentra en un sólo género, el diarístico, que acaso sea capaz de dar asilo a todos los demás. “El catálogo se inscribe en un mapa de escrituras del presente, indaga la exploración de archivos personales y promueve la multiplicación de sus bordes: autorretratos, cuadernos de artistas, bitácoras de viajes y de oficios, novelas camufladas en diarios y falsos diarios”, explican. Santiago Loza, Larisa Cumin, I Acevedo, Matías Moscardi, Carlos Ríos, Laura Wittner y, ahora, Ana Ojeda, novedad para la Feria de Editores con el número dieciocho, son sólo algunos de los nombres que firman sus títulos.

Mientras se preparan para su clase magistral en el ciclo Escribir y publicar del Lab de Escrituras de Filba, mantuvimos la siguiente conversación por videollamada:


Ambos son escritores, ¿cómo es editar partiendo desde ese lugar?

Eugenia Pérez Tomas: Yo arribo a la edición desde la escritura, desde mi formación, desde mi práctica. Ese es el camino, la deriva que toma algo del hacer. A la hora de pensar el catálogo, o cuando ya estamos trabajando en un libro en específico, hay algo de eso, de ese diálogo; leo como autora.

Andrés Gallina: Trabajamos mucho con los textos que nos mandan, excepto en algunos casos donde uno siente que es un texto en el que sólo podemos entrar a leer y a compartir algo de la experiencia de lectura. Nos toca analizar si ese texto está muy cerrado o se puede abrir para ciertos detalles, pero en muchos casos trabajamos con una cercanía que tiene que ver con la escritura también, o con pensamientos muy directos respecto de procedimientos de escritura. Por eso me cuesta, sobre todo en el trabajo de edición, sobre la materialidad de un texto, disociar algo de esa experiencia que se da muy a la vez entre la escritura, la lectura y la edición. Cuando uno edita siente que está escribiendo, y sobre todo en un proyecto como Bosque, que tiene una voz bastante distintiva. Empezó a pasar que muchos autores y autoras que nosotros admiramos quizás nos mandan un libro pensado específicamente para Bosque.

EPT: También pienso que nuestra labor de edición está asociada a nuestra práctica en dar talleres y acompañar procesos de escritura, medio codo a codo con el otro en sus inquietudes, abrir y meterse ahí.

AG: Hay muchos libros de Bosque que fueron así. Por ejemplo, Diario de una aprendiz de señas, de Tania Dick, se empezó a escribir en un taller de dramaturgia que doy con Santiago Loza. Era algo un poco híbrido entre una especie de escritura más cercana a la escena o a la performance, no dramática pero sí que piensa en una escena posible. Lo metamorfoseamos cuando vimos el deseo de que se publique en Bosque.

¿Podríamos decir que son más bien del tipo de editores que inventan libros que del que los recibe listos?

AG: Sí, aunque en muchos casos recibimos. Ahora no estamos leyendo porque explotó demasiado; llegan muchos, muchos libros. Pero sí hay muchos casos de autores y autoras que nos gustan, que quizás parten de un concepto y a partir de eso tiramos de los hilitos y se va construyendo ese diario o el proyecto de un diario. Alan Pauls dice que un diario íntimo viene con un cadáver: está la idea del diario como un género fúnebre, algo secreto guardado después de una vida de escritura, ese archivo que se guardó y que se escribió en paralelo a toda la obra y que un día, con el cadáver, aparece. Bueno, la idea de Bosque energético fue la contraria: buscar autores que estén produciendo el diario, vivos. Autores que están escribiendo y a la par están escribiendo el diario. Pensar al diario como una novela. Algo de esa zona más inconfesa o pudorosa que trae el diario tiene acá un reverso y al mismo tiempo trae una operación, claramente, con sentido de escritura; estoy escribiendo una novela camuflada en diario, podría ser.

EPT: Está esta idea de la gran novela y del diario corriéndole por detrás. Bueno, nosotros ponemos las luces sobre esa escritura marginal. El diario es un dispositivo muy generoso y poroso para ensayar diferentes ideas literarias, puntos de vista. Hay algo también del ensayo que ofrece una mirada del presente, y eso se despega de la idea del diario como género o menor o supeditado a una experiencia mortuoria.

AG: Y también se van poniendo en crisis esas convenciones cristalizadas respecto de lo que se sería un diario. Cada uno de los diarios ensaya una forma, una puesta en crisis del género. Pienso en el diario de Carlos Ríos, que traiciona la primera persona, por ejemplo, y ensaya una especie de tercera que es una primera. Con cada uno vamos viendo las formas en que el género diario se puede volver cada vez más plástico.

Pienso en el libro que publicaron de Brizuela, en ese caso sí había un autor difunto, ¿cómo fue esa experiencia?

EPT: Guido Herzovich, a cargo de su obra, llegó con el texto. Nos dijo que tenía, entre todo lo que estaba medio disperso de la cantidad enorme de material de Brizuela, algo medio cerrado, un diario escrito a finales de los 80, de un joven Leopoldo que tenía todos los condimentos del diario íntimo. Además, en el texto Brizuela promete una publicación, dice que ojalá al texto lo encuentre alguien que lo quiera publicar.

AG: De hecho, la agencia que tenía la obra de Brizuela no se había interesado por estos diarios, se los había pensado como género menor, como algo que no se iba a vender. Sin embargo, ya imprimimos dos ediciones y se va a reimprimir.


¿Cuando decidieron armar Bosque siempre pensaron en hacer un sello solo de diarios?

AG: Sí. Primero, como a nosotros nos interesa mucho el teatro y escribimos, en un momento también flashamos con hacer una editorial de dramaturgia. Al princpio era todo más difuso: armar un sello sobre dramaturgia, cartas, diarios...

EPT: Nos agarró el tiempo de pensar el proyecto en pandemia, y tuvimos que ir editando un poco la idea. Una vez que salimos, sí ya lo teníamos en claro.

AG: Al mismo tiempo, nada fue muy planeado. Teníamos un libro de Santi Loza, el Diario inconsciente, después a través de Roberta Iannamicco nos pusimos en contacto con el libro de I Acevedo, y así fue tomando forma y dirección. Pero al principio teníamos una ilusión que descartamos, que era la de abrir a cuestiones vecinas; autorretratos, cartas, géneros más lindantes. Y en un momento cerramos la llave y dijimos no, son diarios.

EPT: También tuvo mucha potencia el feedback. Nos preguntaban, ¿pero van a publicar solo diarios? Y ante esa negativa respondíamos que sí, que solo diarios.

Es notable que Santiago Loza tenga dos libros, por ejemplo. Eso derriba la idea del diario como el objeto póstumo único, y piensa al diario el libro independiente, ¿no?

EPT: Sí, total. Y tiene un proyecto muy a largo plazo de otro diario de Termas, va registrando sus experiencias. El diario plantea una coordenada, una mirada en un tiempo.

AG: También hay algo un poco contradiarístico, que es lo conceptual. Uno diría que el diario todo el tiempo rastrea o trabaja sobre el presente, es esa suerte de registro de la banalidad del presente. Pero en el caso de Bosque hay algo del diario que genera en esa instantánea la mirada puesta casi siempre obsesivamente en una práctica, en un viaje, en una vocación, en una recurrencia. En la escritura. Desde el diario de guardavidas hasta el diario de viaje a China, del diario de los chapuzones hasta el diario de aterrizaje, todos también en algún momento están pensando en la propia escritura.

EPT: Todos alguna vez tuvimos un diario en la adolescencia, es un género democrático. Hay muchas personas que escriben diarios o que llevan un cuaderno, pero no hay un valor literario ahí, o un pensamiento sobre ese dispositivo en términos literarios. En cambio acá sí, eso no es ingenuo: todos los diarios están pensando, de alguna manera, repensando, reformulando, tensando, qué movilidad tiene el diario tal y como lo conocemos.

¿Piensan, por ejemplo, en recuperar diarios de, no sé, pienso en el diario del viaje a Italia de Montaigne, que está liberado derechos? ¿En incorporar textos antiguos? ¿O piensan en Bosque como un catálogo puramente contemporáneo?

EPT: Tenemos dos proyectos, o al menos dos proyectos con una línea más de rescates y otra de traducciones. Y teníamos ganas de desarrollar el vínculo entre quien escribe y un objeto que mire muy contundentemente, pensar que ese objeto pueda ser la vida de otro. Una biografía diariada o una crónica diariada, con textos encargados. Esta idea de tu vida en mi vida, digamos; en vez de escribir la vida del otro, pensar cómo el otro influye en la propia vida.

AG: El diario tiene esa impunidad de una subjetividad fechada que puede estar bastante rota. Entonces quizás podría ser, no sé, un artista visitando a otro durante siete encuentros a lo largo de, no sé, siete meses, y eso puede ser un libro de Bosque energético. Pensar esa relación o ese cruce, digamos, de experiencias en un recorte temporal muy chiquito.

EPT: De alguna manera, esa idea viene a seguir pensando esta relación del diario, no como una práctica solitaria, menor y excluida, sino al contrario, todavía más en articulación con otro.

¿Cómo vincularían su trabajo con aquél otro de la dramaturgia, del teatro?

EPT: Yo lo siento súper vinculado. Lo tengo muy familiarizado desde esto de producir escenas, armar escenas donde circula un libro, o donde circula una posible narrativa, y también porque la dramaturgia para mí tiene esa cuestión muy porosa y generosa de ensayar formas, o al menos la que me interesa.

AG: Sí, la dramaturgia también es un tipo de escritura que se realiza en otro lado, claramente es una escritura que tiene adentro la forma del intercambio, una escritura relacional, una escritura que sale al encuentro de otra cosa. Entonces hay algo de eso, y muchas veces escribimos proyectos, o estamos en proyectos de escritura que vienen de parte de una actriz, en un imaginario que quizás no contacta tanto con nosotros, pero sin embargo sí contacta eso, la voluntad o el deseo de trabajar con esa persona. En el teatro todo el tiempo uno está haciendo una escritura vinculada con esas relaciones humanas, o con las ganas de estar con gente; uno escribe mucho en teatro para estar en proyectos con amigos o con gente que quiere estar. Y la edición también trae eso, claramente, trae la compañía de algo que es ajeno y que se vuelve también propio.

EPT: Sí, que arroja algo sorpresivo al propio imaginario, tanto que uno siente que, de algún modo, el libro que está editando es también suyo.

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