Lecturas

El rayo lector: así se convirtió en lectora Natalia Romero

La poeta argentina acaba de publicar El amor sostiene el peso de la noche y le pedimos que nos cuente cómo fue su primera vez como lectora.

Nacida en Bahía Blanca en 1985, Natalia Romero es poeta, Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Magíster en Escritura Creativa por la UNTREF, además de coordinadora de talleres literarios desde 2014. Ha publicado los libros Nací en verano, Puede que la muerte mienta, El principio luminoso y los libros para las infancias ABC, mi primera cocina y Dónde está lo que no está.  

Caleta Olivia acaba de publicar El amor sostiene el peso de la noche, su último libro de poesía, y con esa excusa le pedimos que nos cuente cómo fue su primera vez con los libros, ¿cómo se convirtió en lectora? 

Aquí está su respuesta: 

  

La escena es todavía nítida. 

Mamá, mi hermana y yo paseamos por el mercado de San Telmo en Buenos Aires. 

El domingo está templado y lleno de sol para ser otoño. 

Estamos de viaje en la ciudad. Nos tomamos un avión, la primera vez de las tres. 

El sol nos da en la cara. Mamá no lleva lentes de sol, no usa salvo en la playa. Tiene una campera de corderoy con peluchito. Mi hermana y yo dejamos los guantes en el hotel, nos parecía exagerado. En la feria mamá elige unas chucherías antiguas tipo bijou (un collar con unas cuentas que parecen caracoles), mi hermana solo mira, todavía no se decide, le gusta un juego de dados. Ella tiene 10 años, creo, yo entonces 14. 

Fue el primer libro que agarré de la mesa del puesto. Antología esencial, Alfonsina Storni, Edición Losada. En la tapa una silueta dibujada de costado con un trazo como de pincel. Las hojas del libro amarillas. Lo abro y huelo las páginas. Todavía el papel conserva ese tinte de los años. 

En casa no había libros, mamá dibujaba y solo tenía en su biblioteca, que era muy pequeña, algunos fascículos y revistas de pintura, colorimetría, perspectiva, ilustraciones de la flora y fauna. 

No recuerdo qué fue lo que me llevó a elegir el libro de Alfonsina, pero fue lo único que me llevé de la feria. En la foto las tres sonreímos y yo abrazo el libro de Alfonsina, como si se tratara de una amiga. 

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