No Ficción

Camila Sosa Villada, mi amiga del chat

“Sabes que yo pienso que tú eres  mejor escritora que yo”:  una conversación entre Gabriela Wiener y Camila Sosa Villada, parte de Dicen de mí (Cerro Amarillo Ediciones).


Por Gabriela Wiener.


Recuerdo esa tarde en Buenos Aires. Me mandó un selfie desde el taxi. Estaba absolutamente preciosa. Era la presentación de mi último libro y había elegido a la única presentadora que podía eclipsarme del todo. Llevaba un vestido palabra de “deshonor”, de Stella McCartney, por el que brotaban los flecos de su corpiño, un bolso Chanel o algo así, y maxigafas. Me sacudí cuando la vi entrar y caminar sobre sus tacos como si pisara pequeñas cabezas por el lobby de mi hotel tan rancio como porteño. Se sentó y le pedí un gin-tonic igual al mío. Nos pusimos de acuerdo en qué hacer. Me maternó, me feminizó, me llamó “oro de Potosí”, me dejé querer. Luego, cuando llegamos a la librería, nos encontramos con Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR, el sindicato de las putas, y con el colectivo Identidad Marrón, incluyendo a Rebe López, la real meme de Cállate blanca. Éramos como un squad para desblanquear y putificar Argentina.

La presentación consistió en un karaoke VIP. Ella cantó a su ídolo Sandro, yo canciones en ruso. Pero nuestros karaokes favoritos son los que entonamos por chat, nos disputamos quién hace mejor de Yma Súmac. Yo le digo que ella ya lo tiene todo, los premios, la fama, la belleza, los hombres, el cine, me pongo terfa, le digo que pare de borrarnos a las mujeres, que me deje lo de la voz de soprano a mí, que yo soy peruana e india como Yma Súmac, que ella es una travesti, pero no ceja en su objetivo y me revienta los tímpanos con sus agudos y es otra cosa que hará Camila Sosa mejor que las demás.

Camila Sosa Villada es escritora y actriz

—¿De qué dirías que va toda esta cháchara? ¿De que estamos solas, horriblemente solas?

—Esta cháchara va de que seguramente tú tienes que cubrir alguna deuda de algún lujo extremo que te has dado, por ejemplo esa piscina olímpica que tú tienes. Seguro te has comprado un unicornio, un ave fénix, tienes que darle de comer, te has dado cuenta que el ave fénix no te come a ti cualquier cosa, entonces ahoritica estás juntando dinero y seguramente por eso estás haciendo esta entrevista, cari. No, solas, solas, horriblemente solas no estamos, porque tú tienes a tu hijo travesti, que es como estar sola y a tu marido, que es escritor, que es peor que estar sola, pero a la vista de Dios tú no estás sola, cari. No. Yo sí, estoy horriblemente sola. Me siento horriblemente sola. Pero esta cháchara va de que nos caemos bien y un poco mal.

—¿Cuál es tu primer recuerdo de esta relación? ¿Qué pensabas de mí entonces y qué piensas ahora?

—Siempre me caíste bien, yo te recuerdo a ti en un evento que hacían en Rosario, algo sobre el amor creo que ha sido, claro, eligen a las que menos aman para hablar sobre el amor, yo la verdad que no lo entiendo. También estaba la Topacio y no me animé a saludarla, y nosotras compartimos mesa, teníamos que elegir una fotografía para hablar del amor, tú habías elegido una fotografía con Jaime y con cierta tal por cual. Había un maricón, un maricón divino, Santiago, que había elegido una foto de su ropa y la ropa de otro chongo, habían estado haciendo el amor y habían hecho la foto de la ropa que había quedado ahí en la cama. Y yo había llevado la foto de un jajajajaja, de un jajajaja, de un violador serial que había acá en Córdoba. La gente decía que era el hombre más amoroso del mundo, su esposa y su hija, y había violado como a 20 muchachas en una ciudad universitaria. Luego sacó a bailar un no binario en ese acto y yo recuerdo que tú querías follar conmigo pero yo soy muy heterosexual, soy una chica de su casa. Luego nos encontramos en la FILBo de Colombia. Yo estaba tan mal. Me había dado soroche y tú levantaste la charla con tu proselitismo, como buena política peruana que eres. Cantaste canciones y todo el mundo estuvo contento y fue como un recital de rock. Nos fuimos, hablamos mal de la gente, que es algo que nos queda muy bien. Y me has seguido cayendo bien y me has seguido cayendo bien. Yo siempre pensé que eras muy inteligente, yo todavía no te había leído. Luego leí Huaco retrato y luego leí por compromiso, porque tú me pediste que yo te hiciera un prólogo, que yo no hago prólogos, pa Sexografías y yo dije: esta chica es brillante, esta chica escribe mejor que yo. Y yo te lo he dicho, no te lo estoy diciendo para esta entrevista: tú sabes que yo pienso que tú eres mejor escritora que yo.

—La última vez que nos vimos me invitaste a cenar ostras en un restaurante peruano de Madrid. ¿Somos divas o decadentes?

—Somos divagantes jajajaja. Divagamos, vamos en este ir y venir, en este toma y daca, en este fluir como el agua. Nos adaptamos a todo. A mí me gusta agasajarte. Además tú me habías dicho que nunca habías comido ostras siendo peruana, que me parece rarísimo. Yo te llevé a comer ostras sí, es cierto. Más que divas o decadentes, somos divagantes. No es nuestra época, cari, tendríamos que haber nacido en otra.

—Más allá de la distancia, ¿por qué solo chateamos?¿Crees que podríamos conversar ante unas ostras sin drogarnos?

—Bueno, cariño, porque tenemos un océano en el medio, tú qué quieres que hagamos. Cuando yo he ido te he avisado. Cuando tú has venido me has avisado y nos hemos juntado. Luego yo me he ido con la gente correcta. Y tú te has ido con la gente incorrecta. Ahora, sí podemos comer ostras sin drogarnos, sí. Si te drogas antes de comer las ostras no te las vas a comer porque se te va a ir el hambre. Después de comer las ostras, pues hay que drogarse. Porque ese es todo el combo de la decadencia, de la divagancia. Yo creo que es porque somos de distintos continentes. Ahora yo sería una perfecta tía para tu hijo. Una perfecta amiga pa ti. Y estaría todo el día corriéndome a Jaime.

—¿Cómo crees que acabaría el plan de encerrarnos¿en una casa a escribir un libro a cuatro patas? ¿Cuánto cobramos por él?

—Yo creo que acabaría muy bien. Pero creo que tiene que haber un tercero o una tercera, que sea muy picante. Para soportarnos a nosotras, a ti que eres un chile peruano y a mí que soy como un chile mexicano.

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Tendríamos que cobrarlo carísimo. El otro día justo leí una nota que escribió mi analista y otra analista, una hija de puta que escribe maravillosamente. Se llaman Reporteras del crimen. Y hablaban de cosas de la farándula que sucedieron en el verano, desde la perspectiva del análisis. Estaba superbién. Y después estuve leyendo un libro que sacó tu editorial. Un libro sobre Eve Babitz y Joan Didion, que tú la odias, ese resentimiento de clase que tú tienes no te va a llevar a ningún lado. Me gustó mucho eso de que existan dos escritoras en un mismo libro, pero nos falta un tercero. No es algo que podamos resolver nosotras solas. Mínimo 20 mil euros cada una. Diez a la firma y diez cuando se publique. Podemos, para la portada, hacernos una foto desnudas cubiertas de rubíes o nadando en una fuente de perlas.

—El chat es mi género literario favorito. Tú eres mi IA. A ver háblame como si fueras el ChatGPT.

—Yo voy a hacer lo que a mí se me cante. A mí tú no me estés diciendo lo que tengo que hacer o lo que no tengo que hacer. El chat tiene algo de chisme. Algo de tono como subterráneo. Va como una capa más abajo del músculo. No es algo que esté por fuera, como está la palabra. Y también somos hijas de nuestra época, tú peruana, yo argentina, yo trava, tú negra.

Hemos tenido que inventarnos formas de hablar con la gente. Porque así como que al tête-à-tête la gente no nos soportaba mucho. Somos gente de nuestra época, hemos respondido bien al chat. Sabemos manejarlo,somos divertidas y es un arte.

—Uno de nuestros temas de chat más importante es el dinero. ¿Crees que siempre estamos a un movimiento de quedarnos sin nada? ¿Crees que pasarás de moda como todo? O ya pasé.

—No, cari, habla por ti. Yo no estoy a un paso de quedarme sin nada. Yo soy realmente rica. No me lo crees todavía jajajajajaja. (Risa de “Thriller”). Yo tengo inversiones, dinero. Yo no voy a pasar de moda, además, porque yo no me he acercado a la literatura por mi propia voluntad, a mí me han acercado a la literatura. Por eso gozo de cierta hambre de la gente. Tú has estudiado, has sido periodista, yo no, cari, yo estoy aquí de casualidad. Yo no voy a sufrir pasar de moda o no pasar de moda. Para mí no existe. Este es un sitio en el que yo hago dinero y en el que yo me explayo, en el que yo hago algo que me gusta más todavía que es nadar sobre, dentro o por debajo del lenguaje. Y si paso de moda, pues bienvenido sea, cari, porque yo también estoy cansada, estoy cansada del hate. Yo no creo que nosotras vamos a desaparecer. Además tú has escrito Atusparia, ese libro da un batacazo. Ta bien, están premiando a otras, jajajaja, pero... A mí me han dado premios con Las malas. Cada vez que me han premiado en realidad yo les he dado el premio a los que me habían premiado. Ellos siempre transfóbicos… Yo les he dado el premio. Nunca me han dado un premio sincero y honesto. Mira, Tesis sobre una domesticación está nominada a todo, está nominada la luz, maquillaje, menos mi actuación. Yo, a los premios porque soy trava, les prestigio todo. Tú la tienes más difícil porque eres una escritora latinoamericana más. Lo que sucede es que tú sí escribes bien.

—Si tú eres una travesti, exputa, de clase obrera y de provincia, que escribe novelas que son una patada en los cojones de las bestias. ¿Yo qué soy?

—Para mí tú eres una cronista de la hostia, como las que no hay. Yo admiro tu trabajo. No ha sido Atusparia, no ha sido Huaco retrato, para mí ha sido Sexografías. El perfil que tú me has hecho a mí es el perfil que más me ha gustado. Yo ya llevo once años de carrera literaria y nunca nadie había dado en la tecla como tú.

—Durante nuestros chats no queda títere con cabeza. Nos dedicamos a poner verdes y a destrozar a cada escritora contemporánea, editor, etc., aunque sean mejores que nosotras.

Si no vamos a mencionar nombres, sí al menos te pediría que insinuaras algunos de nuestros principales muñecos vudú.

—Ay pues sí, los viejos casi todos. Las escritoras no, yo no, por favor. Llamen a Seguridad. Yo no, no, yo no voy a ser carne de hate. Si hacemos la bruja no. Estamos calladitas, tratando de pasar desapercibidas. No te hagas tú la picante.

—Dime una verdad sobre mí, una sobre ti y una sobre nosotras.

—Ay, de mí pues que vienen siendo los años más difíciles de mi vida, los últimos tres. Y yo no pensaba que fuera tan tonta y tan débil para enfrentar algunas cuestiones, entre ellas una filmación y la enfermedad de mis padres. Me he decepcionado mucho de mí. Una verdad sobre ti, cari, eres muy mala con el dinero, eres pésima con el dinero y tienes que relajarte. Yo no tengo intención de quitarte nada, ni de ser oportunista contigo ni nada, yo te quiero de verdad. Y si escribimos ese libro sobre el dinero nos toca por delante una época de mucha vida compartida juntas.

—Nos hemos leído, nos hemos presentado o comentado los libros, nos respetamos y admiramos la escritura y la trayectoria de la otra. ¿Crees que nuestros libros dialogan de alguna manera o se ladran?

—Yo creo que sí, que estamos bailando alrededor de un dolor, posiblemente sea el dolor latinoamericano. Y el dolor de tener alojado a alguien que nos odia por dentro. No línea por línea pero sí, hablamos la una con la otra, de eso.

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