No Ficción

"Agradezco su postal": una carta clave de Walter Benjamin a Hannah Arendt

Ampersand publica las cartas francesas del crítico, traductor y ensayista que ilustran, como la que sigue, su experiencia en el exilio.


Por Walter Benjamin. Traducción de Elena Donato y Valentín Díaz. Prólogo de Valentín Díaz.



El exilio de Benjamin comenzó la noche del 17 de marzo de 1933,6 cuando viajó –por insistencia de Gretel Karplus– desde Berlín, vía Colonia, a París.7 Antes de partir, encontró un inquilino para su departamento, pero dejó atrás a su exesposa Dora, a su hijo Stefan y todos sus papeles, la biblioteca y sus acuarelas de Klee, entre ellas Angelus Novus (que le será enviada a París en 1935).

La experiencia del exilio no resultó en ningún sentido fácil para él, incluso en lo que más le importaba: encontrar un nuevo contexto de producción, un lugar que fuera “si no para los ojos, al menos beneficioso para el trabajo y el carácter”.8 A excepción de unos pocos que supieron ver rápidamente su relevancia (muchos de los cuales son los interlocutores que aparecen en este libro), puede decirse que París dio la espalda a Benjamin. Ninguna repercusión, ningún reconocimiento,9 lo cual le impidió en todo momento salir de la pobreza extrema en la que se encontraba. La Nouvelle Revue Française, por ejemplo, nunca lo aceptó como colaborador y es uno de los tantos casos en los que se confirma que “Benjamin era acogido con muy poco entusiasmo” en los medios intelectuales parisinos.10 Esto le escribió su director, Jean Paulhan, el 8 de mayo de 1935:


Estimado señor:

Me encuentro en una posición incómoda. Su artículo me parece interesante y la obra de Bachofen infinitamente digna de un detallado estudio. Pero su estilo es tan poco seguro, tan frecuentemente incorrecto, tan poco concordante con la dificultad particular del tema que no veo ni siquiera qué correcciones o enmiendas proponerle: todo el estudio debería ser reescrito.

Hubiera querido escribirle una carta completamente diferente.

Reciba, al menos, mis mejores deseos

Jean Paulhan


El de Benjamin, por lo demás, no era un nombre desconocido para los miembros de Gallimard-Nouvelle Revue Française. Desde fecha temprana había tenido contacto con ellos como traductor al alemán de textos franceses. Hay, por ejemplo, en el legado de Benjamin una carta del 19 de septiembre de 1928 en la que Brice Parain, en nombre de la editorial, acusa recibo de un pago en concepto de derechos de autor por la traducción –decisiva para el rumbo que estaba tomando en ese momento la obra de Benjamin, a partir del tema de los pasajes– de un fragmento de El campesino de París de Louis Aragon, publicado en Die literarische Welt, y agrega: “Creo en efecto que sería interesante publicar en el número especial de la Literarische Welt la traducción de una nouvelle de Jouhandeau […] le envío el Répertoire des personnages de Marcel Proust”.12 Ninguno de esos antecedentes, sin embargo, impidió el rechazo. Aunque Paulhan lo envió luego al Mercure de France y más tarde Adrienne Monnier ofreció publicarlo en su Gazette des amis des livres, el texto sobre Bachofen13 fue una de las tantas tentativas fallidas de publicación en Francia y permaneció inédito en vida del autor.

Si bien Benjamin compartía condición con un número creciente de refugiados alemanes en la ciudad y tuvo participación en la Liga para la Defensa de Autores Alemanes en el Extranjero,14 así como en la oficina parisina del Instituto de Investigación Social (cuya sede central se traslada en 1933 a Ginebra), y si bien estrechó vínculos con otros emigrados como Hannah Arendt y llegó a conformarse en torno a ambos un pequeño círculo de emigrados alemanes en París –del que participaban Fritz Fränkel, el pintor Karl Heidenreich, el abogado Erich Cohn-Bendit, Heinrich Blücher y Chanan Klenbort–, nunca salió de su aislamiento. Hacia 1936, sin embargo, esta situación pareció cambiar ligeramente: Benjamin conoció a quien sería su traductor, Pierre Klossowski (solo gracias a los efectos de ese contacto, Georges Bataille comenzó a prestar atención a Benjamin), y llegó a asistir a algunas escenas significativas de la historia del surrealismo y sus disidencias: algunas reuniones de la fundación de Contre-Attaque y diversas reuniones del Collège de Sociologie, donde de hecho tuvo intención de intervenir con una conferencia sobre la moda, pero la temática no despertó interés entre los miembros del Collège. Ninguna aproximación a los grupos del movimiento más radical de la época, en definitiva, le dio opciones de publicación o de inclusión directa en proyectos intelectuales, cosa aún más significativa si se tiene en cuenta que, para entonces, su ensayo sobre el surrealismo (un texto que hizo de Benjamin uno de los más relevantes lectores contemporáneos del movimiento) llevaba muchos años publicado en alemán y que, tal como señala Klossowski en una breve nota publicada en Le Monde en 1969, les planteaba allí discusiones muy específicas. Estos contactos, por lo tanto, no conllevaron para Benjamin un auténtico reconocimiento. En una carta enviada a Adrienne Monnier por Klossowski en 1952, el traductor de Benjamin había ya recordado:

Lo conocí en la época en la que yo participaba de las aglutinaciones Breton-Bataille, un poco antes de “acefalar” junto a este último, todas cosas que Benjamin seguía con tanta consternación como curiosidad. Aunque Bataille y yo estuviéramos en desacuerdo con él en todos los planos, lo escuchábamos con pasión. Había en ese marxizante, o mejor en ese criticista a ultranza, un visionario que disponía de toda la riqueza de las imágenes de Isaías. Se repartía entre los problemas que solo la necesidad histórica resolvería y las imágenes del mundo oculto que, por lo general, se imponían como única solución. Pero ahí estaba aquello que le parecía la tentación más peligrosa. Gracias a ella, sin embargo, Benjamin era de una naturaleza profundamente poética, pero dado que era aún más profundamente moral, la aplazaba antes que rechazarla. Esperaba la liberación total del advenimiento del juego universalizado en el sentido de Fourier, por quien profesaba una admiración sin límites. No conozco un solo hombre que, en nuestra época, haya vivido tan íntimamente en el París saint-simoniano y fourierista. Tenía un conocimiento prodigioso de todas las corrientes esotéricas y las doctrinas secretas más remotas. A través suyo, parecían conducir a un esoterismo artesanal cuyos misterios podía revelarnos en cualquier momento. […] Sigo convencido de que es uno de los grandes incomprendidos de la actualidad y que las horribles circunstancias contribuyeron a identificarlo, en el espíritu de muchos, con una categoría de teóricos marxizantes de la que lo distinguía claramente su potente originalidad.15

Esa falta de oportunidades de difusión prueba toda su relevancia cuando se observan los primeros efectos de publicaciones en francés que sí llegaron a producirse, incluso a la distancia, como es el caso de “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, que apareció en francés en 1936 en la revista del Instituto de Investigación Social de Fráncfort en el exilio norteamericano y fue inmediatamente discutido en Francia. Benjamin cuenta a Horkheimer detalles de esa repercusión: “El ensayo fue objeto de un debate entre Jean Wahl y Pierre Jean Jouve”.16 Además, André Malraux habló del texto en un discurso en Londres. Benjamin fue invitado luego a dictar una conferencia al respecto, organizada en el Café Mephisto, el 22 de junio de 1936 por la delegación parisina de la Liga para la Defensa de Autores Alemanes en el Extranjero, y se hicieron además presentaciones (a cargo, entre otros, de su amigo Hans Sahl).

Hay desde el comienzo, sin embargo, excepciones en París, nombres que sintetizan una solidaridad y una comprensión de la importancia secreta de Benjamin. Antes que nadie, la librera y editora, amiga desde 1930, Adrienne Monnier y el círculo de mujeres que se formó en torno a ella y que en diversos momentos sostuvo a Benjamin material y afectivamente. También se cuenta allí a Pierre Missac, pionero durante años de la solitaria y dificultosa tarea de hacer conocer póstumamente a Benjamin en Francia. Pero el carácter excepcional y dificultoso de esos gestos de amistad y valoración no hacen sino subrayar la hostilidad de la capital, hostilidad dolorosa si se tiene en cuenta el interés de Benjamin por la ciudad, un “milagro” descubierto en su primer viaje, en 1913, y que seguía siendo para él no solo el origen sino también el más nítido rostro del destino europeo.

Por eso París como nombre del exilio fue durante los primeros años una escala y un centro (su auténtico deseo, que tiene a su vez su propio centro, la Bibliothèque Nationale, de la que, “cautivado”, no puede despegarse) en torno al que orbitó el desplazamiento de Benjamin: un movimiento que avanzó, en busca de la supervivencia, en múltiples direcciones, a veces hacia el norte (Brecht ofrece en más de una oportunidad refugio en Dinamarca), pero esencialmente hacia el sur europeo, hacia una latinidad y una calidez que funcionaban como fuga de la hostilidad de las grandes capitales (recién en enero de 1938 Benjamin consiguió alquilar un departamento entero en París, en el número 10 de la rue Dombasle, distrito XV). Estas Cartas francesas están ritmadas por esos desplazamientos y en cada una se percibe el aire –y la concepción siempre abandonada de un modo de vida posible allí– de los lugares desde los que Benjamin escribe con sucesivos regresos a la capital francesa, donde la permanencia se hace económicamente imposible durante los primeros años. Escribe desde Ibiza, adonde se traslada poco después de haber llegado a París, en abril de 1933, luego de una escala de unos días en Barcelona; escribe desde lo de Brecht en Dinamarca, en 1934; también desde la pensión de su mujer en San Remo (y más tarde desde Mónaco) entre 1934 y 1935. Tras un período de relativa estabilidad entre 1935 y 1937, escribe nuevamente desde Dinamarca en 1938; desde Pontigny, donde hizo una breve estadía en mayo de 1939, y, luego, cuando todo se precipita con la declaración de la Guerra, escribe primero desde Chauconin y a los pocos días desde el campo de trabajo de Nevers (donde permaneció encerrado entre septiembre y noviembre). Finalmente, tras una prolongada permanencia en París entre el 25 de noviembre e inicios de junio de 1940, no deja de escribir durante la fuga junto a su hermana, en el recorrido final: Lourdes, Marsella y Port Bou.

El exilio fue, en suma, un proceso de lucha contra las dificultades políticas y económicas que no hacían más que agravarse, un proceso que se corresponde con la necesidad desesperada de encontrar una salida, entre la capital de la Europa decimonónica y los márgenes de una Europa contemporánea cada día más totalitaria. Un movimiento que, aun recorriendo esos márgenes y estableciendo por ello nuevas excentricidades, no dejó de orbitar en torno a la vieja capital, nuevo escenario de la derrota

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Querida Hannah:

espero que estas líneas la encuentren en Montbahus. Son para decirle que le agradezco su postal del 5 y que la felicito por haber atrapado a Monsieur. Le ruego que le garantice mi mayor amistad. (¡Es el estilo de Retz, que está dando forma al mío!).

La Sra P se reencontró con su marido –está, según parece, bastante deteriorado–.

De Fritz hay noticias, pero parece que no va a ser liberado todavía.

Yo estaría sumido en una depresión más negra aún que la que tengo ahora si, completamente desprovisto de libros como estoy, no hubiese encontrado, en el único que tengo, el lema que se aplica de lo más magníficamente a mi condición actual: “La pereza lo sostuvo con gloria, durante muchos años, en la oscuridad de una vida errante y oculta” (La Rochefoucauld hablaba de Retz). Le cito esto con la secreta esperanza de entristecer a Monsieur.

Siempre su

8 de julio de 1940                         Benjamin

Lourdes (Altos Pirineos)

8 rue Notre Dame

Querida Hannah: de la correspondencia entre Benjamin y Hannah Arendt se conservan ocho cartas, cinco de Arendt (tres en alemán, dos en francés) y tres de Benjamin (una en alemán, dos en francés), reunidas, junto a otros materiales, en Arendt y Benjamin (2006).

Montbahus: por Montauban, ciudad al norte de Toulouse, donde luego de su huida del campo de Gurs, en julio de 1940, vivía Arendt con dos amigas. 


su postal del 5: carta del 5 de junio, última de Hannah Arendt recibida por Benjamin: “Gurs, 5 de junio de 1940. Mi querido Benji: gracias por tu carta. Me puso muy contenta recibir noticias suyas y pienso que haremos todo lo posible para no perdernos de vista. Tengo dos cosas para pedirle. 1º ¿Podría hacerle un llamado telefónico a mi amiga, Anne Weil? Sé que no le cae muy bien. Pero estoy sin noticias suyas y muy inquieta por su hermana, que fue internada y está muy enferma. Mi madre tiene miedo de hablar por teléfono y quisiera evitarle todo esfuerzo superfluo. Su núm.: barnot 96-20, a partir de las 3hs. 2º Monsieur está en el Campo de Ruchard (Indre-et-Loire). No puede escribir –prohibición de escribir cartas (para todo el mundo)–. Esta dirección debería ser comunicada a la señorita W.E. Moulder 224 r. de Rivoli. No conozco a esta mujer y no quiero escribirle desde aquí. Se trata simplemente de escribirle una carta indicándole la dirección y diciéndole que Monsieur no tiene permiso para escribir. ¡Gracias por adelantado! Sigo con mi inglés. ¿Podría prestarme el Toussaint –Langenscheidt? Pero solo si no es molestia. ¿Y la novela de Jules Romains sobre Verdún? Pero ya es un poco demandante. Envíeme cada tanto noticias suyas. Y sobre todo avíseme cualquier cambio de dirección. Muy amistosamente suya. Hannah. [agregado de Franziska Neumann] Somos un lindo equipo ‘joker’ de cuatro, los días pasan más rápido. No tengo noticias de Fritz. Suya, Frenze” (Arendt y Benjamin, 2006: 134-135 y Text + Kritik. Zeitschrift für Literatur, 166-167: Hannah Arendt, sept. 2005: 61).


Monsieur: Heinrich Blücher.


Señora P: probablemente la señora Pollack, sobre la que no hay mayor información.


el lema: Benjamin lo toma del “Portrait du Cardinal de Retz”, que aparentemente estaba incluido en la edición que tenía de las Memoires de Monsieur le Cardinal de Retz.


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