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Alejandro Rubio: "No es raro tener dos ideas contradictorias en la mente"

Por Gonzalo León

"Así como no trabajo con ninguna idea de homogeneidad semántica o formal dentro de los poemas, tampoco trabajo con una idea de concordancia perfecta entre forma y sentido". Con libro nuevo, Iron Mountain, Rubio reaparece tras la salida de su poesía reunida en La enfermedad mental: "Publicar la poesía reunida me obligó a una revisión y en cierto sentido una radicalización de ciertas cosas que yo ya había practicado". 

Por Gonzalo León.

 

Iron Mountain (Iván Rosado) es el nuevo libro de Alejandro Rubio (1967) y tiene la importancia de ser, quizá, el primer libro que publica después de lo que fue su poesía reunida, La enfermedad mental (Gog & Magog, 2012). Los otros libros que ha editado en este tiempo este poeta de la llamada poesía de los 90 (con Martín Gambarotta, Fernanda Laguna, Sergio Raimondi, Fabián Casas, Anahí Mallol, entre otros) han sido plaquetas o libros compartidos. Aquí, sin embargo, se puede apreciar mejor su propuesta anclada en lo social, con un ojo o una voz que proyecta un microcosmos a la realidad entera, y a la vez cargadas, parodias, aliteraciones, en fin, todo lo que configura el oficio de poeta.

El título alude al incendio ocurrido a comienzos del 2014 en Barracas, Buenos Aires, que resultó en ocho bomberos y dos rescatistas muertos. Pero es más que eso: es un libro político, sin duda, y puede decirse que en algunas partes regresa el mejor Rubio, capaz de pincelar una realidad aún no configurada con dos o tres trazos. El país o la sociedad que aparece en Iron Mountain no es la Argentina en la que fue escrito, sino la Argentina en que este libro fue publicado, es decir la de hoy. Rubio da cuenta de una crisis del tejido social, del hambre, del poder de instituciones como la Iglesia Católica (que quedó en evidencia en la votación en el senado de la Ley de aborto). Hay, por otra parte, una conexión con los personajes de sus primeros libros (los que no fueron parte de la fiesta menemista) y con ciertos recursos de sus libros posteriores.

 

¿Por qué Iron Mountain? Está claro que haces referencia al incendio donde se quemaron importantes documentos, pero también a la muerte de bomberos y a un tiempo histórico y político: el final del kirchnerismo y el despegue del macrismo.

Si te tengo que dar una razón estrictamente banal, fue porque toda la noticia de Iron Mountain, en vez de ser la investigación de la fuga de capitales de los bancos nacionales y extranjeros que se paró de prepo, porque se quemaron los papeles de esta empresa, que es una trasnacional acostumbrada a albergar documentos sensibles en todo el mundo, y que es sabido que ha tenido una seguidilla de incendios intencionales que nunca han podido ser aclarados, eso de por sí era impresionante. Esto te da una idea de cómo funciona en el margen de la ilegalidad el sistema capitalista, que nosotros suponemos como el más legal y transparente del mundo, o así nos lo vendieron. Entonces me pareció que Iron Mountain era el símbolo perfecto de un estado del capitalismo.

Hay poemas como ‘El pez’ o ‘Identy Kid’ que me parecen que funcionan como épica de la derrota, esto de las personas subiéndose a un tren a pedir y reproducir ese coloquial, en el primer caso, y en el otro el pibe chorro.

En principio no estoy de acuerdo con el concepto de épica de la derrota, la épica es de los ganadores, siempre; lo que tienen los derrotados son relatos, monólogos, restos de memoria, pero no épica. Y después diferenciaría entre ‘Identy Kid’ y ‘El pez’; este último intenta ser un registro lo más pegado al habla posible de discursos que, efectivamente, se escuchan en el tren a partir de gente que, como decís vos, pide a cambio de exponer sus muñones. ‘Identy Kid’ es más humorístico, es una cargada a los mitos del western, pero también que este personaje no tenga cara, que se mencione el mito de Billy The Kid.

La segunda parte del libro parece estar escrito ayer, de hecho das cuenta de una crisis, que tiene más que ver con lo que se ha vivido en las últimas semanas que cuando escribiste esos poemas. ¿Te sientes un vate, es decir un poeta que vaticina?

No es que yo vaticine como si viera el futuro. Lo que pasa es que la historia argentina, tal como yo la viví, tiene una característica especial: hay momentos que se presentan como novedosos, que sin embargo ya fueron escritos, que pertenecen a la historia documentada de hace diez, quince o cincuenta años, y para mí el macrismo era historia escrita desde el momento que asume en diciembre de 2015. Entonces yo me limito a recordar lo que sé de la historia, ya sea en forma vivencial o leída, y anotarlo, por eso tiene ese efecto de actualidad, pero no es un don profético mío, es que la clase alta argentina siempre hace exactamente lo mismo cuando está en el poder.

Empezaste a escribir y a publicar poesía durante el gobierno de Menem, este es un libro que escribes y publicas durante el gobierno de Macri. ¿Qué diferencias hay entre una experiencia y otra?

Con Menem debido a la Ley de la convertibilidad que aseguró un boom de consumo y una inflación bajísima durante varios años, los sectores intelectuales y de clase media lo criticaban por la corrupción o por lo frívolo, pero estaban de acuerdo con el sistema económico cavallista, que parecía funcionarle además a una gran masa del pueblo. En el caso de Macri, está claro que no le funciona a una gran masa del pueblo: si lo votó en 2017 por algo más jodido que por un engaño macroeconómico, es por puro antiperonismo y odio a Cristina. Lo segundo es lo literario, a mí Música mala, que lo publiqué en 1997, me llevó ocho años de reflexión y observación del entorno del menemismo, si querés verlo como una pintura del menemismo. Ahora la lectura, como te dije, del fenómeno político-social de lo que iba a ser el gobierno de Macri no me produjo ninguna dificultad.

Hay dos poemas que marqué: ‘Alegoría’, que me parece hermoso (“El que entra /al vivero y dice: /vengo a comprar verdad /y la empleada le contesta: /usted viene a comprar soledad”), y ‘Subempleo’, que tiene esa visión que viste en diciembre del 2015. ¿Cómo hiciste para conjugar esos dos universos?

En realidad no fue gran problema conjugar esos universos, si es que la palabra es conjugar y no simplemente yuxtaponer, porque nunca tuve una idea de homogeneidad en el sentido del tono, el registro lingüístico, ni nada. La idea de esa segunda parte era escribir poemas cortos, lo más epigramáticos posible, lo más claro y transparente, eso y tirar puntas para orientarse hacia la situación sociopolítico más urgente, así que no es raro tener dos ideas contradictorias en la mente.

La última parte me recordó a Falsos pareados (2008), básicamente por la reiteración de los versos.

Puede tener que ver con el libro que decís y en general con la trilogía que publiqué en Imprenta Argentina de Poesía (IAP) en que la restricción formal y la pobreza formal están buscadas y son muy exigentes, por lo demás son poemas más largos, más políticos, menos juguetones, pero sí se parecen por atenerse a esta restricción formal.

Precisamente esta tercera parte tiene esa forma de la letanía y la reiteración que son propias de las plegarias, bueno, por algo se llama esta parte ‘Tres poemas católicos’. Y las plegarias de tanto repetirse se vacían de sentido.

Mirá sí, hay un vaciamiento que produce la misma repetición, pero también un corrimiento del sentido, sobre todo si te fijás en ‘Sacrificados’ impone un cambio de sentido mientras la forma se mantiene idéntica. Más en general y reiterando un concepto, así como no trabajo con ninguna idea de homogeneidad semántica o formal dentro de los poemas, tampoco trabajo con una idea de concordancia perfecta entre forma y sentido. Más bien, como dijo Daniel García Helder, los hago girar como dos discos concéntricos aparte, que suenan al unísono pero que producen efectos distintos.

En ‘Sacrificados’ precisamente aparecen en igualdad de condiciones las Brigadas Rojas, Patricia Bullrich, las Fuerzas Armadas Argentinas. Da la sensación de que todo puede ser una organización terrorista.

Lo que yo equiparo es la versión posterior a la lucha revolucionaria y sus dos resultados sobre las dos facciones en pugna. El relato en Argentina posterior a la recuperación de la democracia es que había dos demonios, los dos estaban locos: había una versión hipernegativa, en la cual todos eran equiparables según su nivel de violencia, y otra que consideraba, por ejemplo, a la militancia revolucionaria como un grupo de jóvenes ingenuos, adolescentes, casi chicos como los que hoy van a los boliches a bailar reggaeton, que fueron engañados por una conducción mesiánica y llevados a la muerte. Aplicando la misma lógica a las organizaciones armadas que se les enfrentaron, con el mismo nivel de ilegalidad, parodio esa visión de las organizaciones armadas de los 70.

Hace seis años publicaste tu poesía reunida, ¿qué se siente escribir y publicar después de eso? ¿Hay más libertad?

Hubo amigos que me aconsejaron no publicar La enfermedad mental, decían que eso iba a ser un peso sobre mí que me impediría seguir escribiendo. Yo pensé que lo difícil era justamente lo contrario, es decir reunir todo el material que había escrito hasta ese momento y a partir de ahí empezar algo nuevo. Digamos que publicar la poesía reunida me obligó a una revisión y en cierto sentido una radicalización de ciertas cosas que yo ya había practicado. Ahora, no sé si inventé algo nuevo a partir de la poesía reunida.

 

 

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