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Rastros de una escritura

Antonio Di Benedetto

"Varios aspectos de la profesión periodística están aglutinados en el escritor" creía el autor de Zama. Compartimos el arranque de la compilación de sus Escritos periodísticos publicados por Adriana Hidalgo, "la faceta más ignorada de su escritura".


Por Liliana Reales

Esencialmente, el escritor es un periodista que no trabaja sobre el tema que sucedió hoy y hay que entregar esta noche para que se publique mañana. El escritor es un cronista; por momentos, redactor; por momentos, entrevistador. Es decir que varios aspectos de la profesión periodística están aglutinados en el escritor. (Di Benedetto, 1985)

Antonio Di Benedetto (Mendoza, 1922 – Buenos Aires, 1986) fue detenido el 24 de marzo de 1976, día del golpe militar, en las dependencias del diario Los Andes de Mendoza, en el que trabajó durante poco más de tres décadas. Allí se incorporó a los veintitrés años, el 1º de octubre de 1945. En 1965 fue designado secretario de redacción y en 1968 subdirector de ese periódico, considerado el más prestigioso de su ciudad natal y uno de los más importantes del interior del país. Después de diecisiete meses y diez días de prisión política, Di Benedetto salió en libertad y pocos meses después viajó a su exilio europeo. En 1984 regresó a la Argentina y el 10 de octubre de 1986 murió en Buenos Aires, lejos de su ciudad natal y olvidado por muchos de aquellos que acompañaron sus años de vitalismo periodístico en su provincia. 

Antes de su larga presencia en Los Andes, Di Benedetto había colaborado con La Semana, modesto periódico vendido en canchas de fútbol, y con La Palabra. En 1941 ingresó como reportero en La Libertad, diario para el cual cubrió el devastador terremoto de San Juan, en 1944. Publicó ocasionalmente en algunas revistas nacionales y de su provincia; colaboró con diarios de la ciudad de Buenos Aires, como La Prensa y, desde el exilio, envió algunas notas que aparecieron en Clarín y en La Nación, además de La Prensa; también publicó en algunos medios europeos y de Hispanoamérica. Desde 8 9 sus primeros artículos, en 1943, para la revista Millcayac, hasta sus últimas publicaciones, en 1986, Di Benedetto dedicó cuarenta y tres años al periodismo. Hubo que esperar hasta el fin de los años noventa para la reedición de su obra ficcional por Adriana Hidalgo editora. Damos a conocer aquí la faceta más ignorada de la escritura de Antonio Di Benedetto, la periodística, para equilibrar así el establecimiento de todos los textos que forman su obra. 

La compilación y publicación en libro de textos periodísticos de escritores de la importancia de Antonio Di Benedetto siempre ilumina aspectos diversos: su formación y sus preocupaciones estéticas, los intereses temáticos y políticos, el desarrollo de un proyecto de escritura y aun la comprensión de lo que se entiende por literatura y sus diferencias con otros modos de escritura. Así, en el caso del escritor mendocino, también deberá contribuir a entender algunas cuestiones que hasta hoy se han mantenido enigmáticas. El mismo Di Benedetto enfatizó, en muchas oportunidades, inclusive en su breve “Autobiografía”, la importancia que en su vida tuvo el trabajo periodístico.(1) Como pudo serlo para muchos escritores, el periodismo no fue para Di Benedetto sólo un medio para ganarse la vida: fue su profesión, celebrada y comentada por él antes y después de su dramática experiencia en los centros de detención del último régimen militar, donde fue torturado. Cabe, entonces, indagar los avatares y los modos que esa profesión alcanzó en su caso y, asimismo, recuperar sus textos periodísticos, desconocidos por los lectores de hoy y, en su tiempo, también desconocidos por muchos de los lectores que se hallaban fuera del ámbito de su provincia. Importa recordar que Di Benedetto obtuvo mayor reconocimiento y espacio en los medios nacionales a partir de su regreso del exilio, cuando su imagen era ya la del ex prisionero político y la del exdesterrado que retornaba a su país en momentos en los cuales la sociedad intentaba recuperarse de la fase más perversa de su historia. Pero la imagen de Di Benedetto en aquellos años parecía la imagen del país que se dejaba atrás: envejecido súbita y precozmente, abatido, verdadero sobreviviente. El exilio de Di Benedetto fue una salida sin retorno posible y, de hecho, no hubo un verdadero regreso. Todo lo que la cárcel y, después, el destierro le expropiaron, fue irrecuperable. El exilio, como expropiación y desgracia absoluta, encuentra en Di Benedetto una de las experiencias contemporáneas más sobrecogedoras y una de las imágenes más melancólicas de aquellos tres primeros años de lenta restauración de la democracia en la Argentina. Su ciudad natal, y todo lo que ella significó para su trabajo de periodista y de escritor, jamás volvería a ser su comunidad. Allí él tuvo familia, amigos, reconocimiento profesional y social, una cuota de poder, el ambiente propicio para ensayar y poner a prueba sus innovaciones literarias y periodísticas, al tiempo que también ensayaba, ponía a prueba y triunfaba su vitalidad ejecutiva, su pulso firme en la dirección de un diario de amplia tradición en la provincia. 

El exilio, en el caso de Di Benedetto como en el de tantos otros, fue consumado “como exterminio, como expropiación absoluta”, según los términos de Jean-Luc Nancy.(2) Antes de su detención y encarcelamiento, antes de su exilio y de su regreso a Buenos Aires en 1984 –donde vivió hasta su muerte, ya que no volvió a residir en Mendoza–, Antonio Di Benedetto era conocido en un círculo restringido de escritores y periodistas. Escritor de provincia –de la que se alejó pocas veces y casi siempre por viajes al exterior– y declaradamente contrario a cambiar su ciudad por la capital, asumió una consciente y aceptada marginalidad. Eso contribuyó a que en otros ámbitos, más allá de su provincia, se desconociera la imagen de un Di Benedetto joven, siempre impecablemente vestido con traje y corbata oscuros, elegante y sonriente, tal como aparece en aquellas fotografías que acompañaban las notas de sus coberturas de festivales de cine o escritas durante sus viajes a Europa en los años sesenta y setenta, así como las fotos que ilustraban las notas sobre diversos eventos sociales del diario Los Andes –concursos literarios, entrega de premios, cenas de la empresa, encuentro con personalidades–, principalmente durante los últimos años que allí trabajó. Las imágenes más conocidas del escritor son todavía las que se publicaron en diarios de Buenos Aires después de su regreso del exilio. Cabellera blanca, larga barba encanecida, comúnmente vestido con ropa deportiva y boina, envejecido y con una mirada triste, era casi irreconocible para sus amigos. Pero fue esa la imagen que quedó como una iconografía de los años duros, muy lejana a la que había quedado estampada, sobre todo en Los Andes, durante sus años dorados. 

Algunas de las fuentes consultadas en Mendoza sostienen, con menor o mayor énfasis, que su detención, tortura y encarcelamiento tuvieron como causa su actitud como periodista, más precisamente la postura asumida en los meses previos al golpe militar de 1976, cuando la represión, la desaparición de personas y los asesinatos por motivos políticos habían generado un clima de terror en el país. Esa también es la tesis sostenida por Natalia Gelós en su libro Antonio Di Benedetto periodista.(3) Dicha tesis confirmaría, una vez más, lo que ya se sabe: no sólo los militantes estaban en la mira del régimen militar y de sus aliados, sino también escritores, estudiantes, intelectuales y cualquier persona que por su derecho a pensar críticamente pudiera significar un obstáculo para los intereses de la dictadura. No se ha encontrado ningún documento o testimonio que pruebe que Di Benedetto tuvo alguna militancia política o se hallara cerca de alguna de las organizaciones armadas en la época en que fue encarcelado. Pero no es improbable que en aquellos momentos de gran violencia represiva, con grupos de tareas operando en la desaparición forzosa de personas e intervención militar en la provincia, con un despliegue poderoso de sistemas de informaciones, vigilancia, delaciones, traiciones, espionaje, manipulaciones y acuerdos privados y secretos, se quisiera neutralizar el poder de un hombre con un cargo decisivo en el diario más importante de Mendoza, empeñado en conservar una ética profesional en la cual creía y que demandaba aún más compromiso en épocas de terror. Escritor extraordinario, innovador, inteligente, exigente, hombre irónico, difícil, culto, de pocos amigos, conocido por élites intelectuales de varios países, y, al mismo tiempo, exitoso ejecutivo que llevó al diario más importante de la región y uno de los más destacados del país a su fase de mayor prestigio y modernización. Fue ese el lugar en el cual lo halló la dictadura de 1976 que lo encarceló y torturó.

(continúa en el tomo completo)

 

 

(1) En 1968, Di Benedetto escribió un breve texto autobiográfico que el crítico alemán Günter Lorenz incluyó en su libro de entrevistas a escritores latinoamericanos y que reproducimos en la sección “Anexos” de esta edición. Véase Günter Lorenz, Diálogo con América Latina, Valparaíso, Pomaire, 1972. Incluida en Cuentos completos, Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora, 2009, p. 35. 

(2) Jean-Luc Nancy, “La existencia exiliada”, en Un pensamiento finito, Barcelona, Anthropos, 2002; trad. de Juan Carlos Moreno Romo.

(3) Natalia Gelós, Antonio Di Benedetto periodista, Buenos Aires, Capital Intelectual, 2011.

 

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