Tomás Downey: “En mi cabeza, la novela es una película que proyecto”

Lunes 31 de marzo de 2025
El escritor y guionista argentino acaba de publicar su primera novela, López López (Fiordo), y nos visitó para una entrevista en vivo en el marco del ciclo “De Cháchara”.
Por Anne-Sophie Vignolles.
En el marco del ciclo “De cháchara” del Club Eterno, la librería recibió a Tomás Downey, escritor y guionista argentino, para conversar sobre su nueva novela, López López (Fiordo, 2025). El próximo encuentro será el miércoles 9 de abril con Marina Mariasch.
Mientras tanto, en esta charla, exploramos el proceso creativo de Downey, la construcción de personajes y la experiencia de escribir sobre la guerra desde una perspectiva singular.
En la primera entrevista del ciclo, Luisa Valenzuela habló de estar en novela a la hora de escribir. ¿Es un estado que conocés?
Sí, y con López López no es la primera vez que lo experimento. Cuando trabajás en una novela, todo lo que ves te lleva hacia ese universo. Estás en un estado de percepción aguda: todo parece conectarse con la historia, aunque sea en un contexto ajeno, como la cola del supermercado. Hay que estar dispuesto a detenerse y ver.
López López transcurre en un país y tiempo indefinidos. Los personajes solo tienen apellidos, salvo un par de mujeres. La historia aborda la guerra como un escenario de enajenación, supervivencia y fraternidad. ¿Por qué la guerra?
Me interesa por su presencia en la literatura y el cine, no por cercanía. Pienso en Zama de Antonio Di Benedetto o en las narrativas distópicas, donde las reglas de convivencia se reducen a lo mínimo. También me intrigaba la idea de un soldado que cambia de bando y termina como líder de su antiguo enemigo. ¿Qué define nuestra identidad? ¿Nuestro nombre, nuestras lealtades o el contexto? La guerra es solo un telón de fondo. No quería seguir la narrativa bélica clásica sobre la heroicidad. Me interesaba la miseria de la guerra y la luz que emerge dentro de ella: la fraternidad que nace en ese caos.
Hace años que escribís cuentos, ¿qué te llevó a escribir una novela?
Mis primeros textos fueron novelas, aunque quedaron cajoneadas. Luego me enamoré del cuento. Pero mis libros se fueron extendiendo. López López fue un desafío: manejar más elementos, sostener una historia más larga. La escribí en cuatro o cinco meses, pero luego pasé años puliéndola. En el proceso, volví a mis primeras lecturas: el teatro del absurdo. Hay un desplazamiento en la novela, un eje corrido que roza lo fantástico. Me divertí escribiéndola y eso era clave.
Además de escritor, sos guionista. ¿Te guías por imágenes?
Sí. En mi cabeza, la novela es una película que proyecto y describo. Incluso la estructura sigue un montaje: primeros planos, cortes, transiciones.
¿La escritura de guion limita más que la literatura?
El guion es más restrictivo: tiempo, presupuesto, códigos formales. Además, es una obra colectiva, sometida a modificaciones. La literatura, en cambio, es un fin en sí mismo.
Pensás en el lector al escribir.
Soy mi primer lector y el más exigente. Pero quiero que el texto ofrezca placer de lectura. Corrijo mucho para limpiar todo lo que sobre. La primera versión de López López tenía setenta páginas más. Darle el texto a otros también es fundamental. Por ejemplo, en la novela había veinte cartas que se repetían con variaciones. Me parecía una idea brillante, pero mis lectores coincidieron en que no funcionaba. Al final, dejé solo tres.
¿Cómo trabajaste López López?
Escribía un capítulo por día, unas cinco páginas. Me dejaba unas líneas del siguiente capítulo como punto de partida para el día siguiente. Así, en pocos meses tenía el borrador. Luego vino la revisión y las pausas necesarias para volver con otra mirada.
Ping pong de preguntas
¿Cuál es para vos el olor y el sabor de Buenos Aires?
El café y el ajo.
¿Cuál es para vos el olor y el sabor de tu infancia?
Las Chocolinas y el café con leche.
¿Cómo te llevás con vos mismo al escribir?
Los días en que fluye, me amo. Los días que no, me detesto. En realidad, es mucho más alto el porcentaje de los días que no funciona, pero es tan lindo cuando pasa, que le gana al otro.
Si tuvieras que recomendar dos escritores.
Pablo Katchadjian fue una influencia importante para esta novela. “Esperando los bárbaros” de J. M. Coetzee, que también está ahí en el epígrafe. Agota Kristof: “Claus y Lucas” y “La analfabeta”. Y también Hebe Uhart.
Un truco que nos puedas dar como escritor.
Ganas y paciencia.
¿Podemos decir que no hay escritura sin lectura?
Totalmente.
Quería reconfirmar.
En mi caso es mucho de lectura y mucho de ver cine también.